Depósito de agua de la Fiesta del Árbol
La Fiesta del Árbol de Albacete y la metamorfosis del depósito de agua más alto de España
Fue la mayor inversión destinada al agua potable de la época, pero nunca llegó a cumplir su fin hasta que recientemente se estrenó su nueva utilidad
La moderna expansión de Albacete hasta situarse como ciudad, a partir del siglo XIX, le permitió ampliar sus calles con conceptos modernistas. La inclusión de parques importantes y zonas verdes como el Parque Abelardo Sánchez y la Fiesta del Árbol. El segundo de los mencionados vio la luz en 1906 por promoción del catedrático en agricultura, Rafael López.
El lugar ha sufrido diversas ampliaciones con zonas de chopos, amplios pinares que acompañan a un numeroso crisol de árboles y zonas lúdicas. Todo ello, queda opacado por la presencia ineludible de la que es hasta el momento la construcción de mayor altura de toda Castilla-La Mancha con 70 metros.
Caprichos de destino, superados todos los obstáculos para su construcción, nunca llegó a ejercer y marchó a la deriva como un mamotreto visible como un faro en el horizonte. Las carencias de la presencia de agua en la ciudad lo presentaron como un proyecto vital, que resultó por ser todo lo contrario, pero que años después ha demostrado que corregir a tiempo es una virtud.
Desde 2021, su fin es puramente cultural y lo que solo era un símbolo del ‘brutalismo’ constructor, terminó por encontrar su destino y además, ha protagonizado un récord Guiness acorde a lo evidente de sus características. La metamorfosis del monstruo de hormigón que ha dado vida a sus entrañas.
Nace el depósito de agua más elevado de España
Llegaba el siglo XX y Albacete crecía a un ritmo difícil de sostener en cuanto a bienes básicos se refiere, sobre todo en lo que atiende a la llegada de niveles de agua suficientes como para nutrir a todo el grueso de una población que no dejó de crecer.
Con esta disposición, Albacete se sitúa a mediados de la década de los treinta, con la imperiosa necesidad de un proyecto referente al agua. En noviembre del año 1935, el Ayuntamiento de Albacete aprobó la licitación pertinente para elevar un depósito de agua sin precedentes que permitiera la llegada veloz del agua por la ciudad.
José Luis Escario recibiría el encargo de edificar un depósito con bomba de agua, acompañado del inferior que pertenece a una construcción antigua, por lo que se puede afirmar la presencia de dos depósitos en la Fiesta del Árbol. La fecha de ideación no pudo ser más oportuna, un año después estalló la Guerra Civil y el depósito tuvo que esperar hasta 1940.
Las consecuencias de los hasta diez bombardeos que acontecieron en Albacete, impregno mayor urgencia a la obra, pues el abastecimiento de agua empeoró más si cabe. En 1944, se culminó el depósito capaz de servir hasta 235 litros de agua al día por cada habitante. A los depósitos de agua por fin construidos, nunca se sumó una red de distribución de agua, por lo que desde su nacimiento han quedado instaurados como fieles testigos del paso del tiempo sin actividad.
La metamorfosis
Un presupuesto de 5.580.398 pesetas quedó resultante en la nada y existe la creencia en la ciudad de que fue una rotura en las tuberías lo que terminó por paralizar el proyecto, que décadas más tarde ha encontrado su propósito.
En 2009 el depósito resucitó con el anuncio de la Conferencia Hidrográfica del Júcar de un nuevo proyecto de rehabilitación de sus espacios. Ocho millones de euros financiaron la obra y el ‘faro’ de Albacete encontró un nuevo destino. No fue fácil, desde 2009 no terminó de adjudicarse la obra, hasta que finalmente en 2018 finalizando la renovación en 2021, cuando se inauguró al público.
Ahora es posible su ascensión para disfrutar de las vistas de un mirador único, desde la mayor altura edificada de toda Castilla-La Mancha. Desde el 1 de junio de 2021, los visitantes, además del observatorio, pueden adentrarse en el centro de interpretación del ciclo del agua. También se le dotó de espacios de estudio y biblioteca. 360 escalones son el reto hasta su altura para aquel que quiera responder a la experiencia de su ascensión, pero no se preocupen, también hay ascensor.
Veinticinco plantas constituyen sus setenta metros de altura y en sus entrañas se ubica un auditorio para cien espectadores. Un ejemplo de renovación, de no dejar pasar lo que pudo ser y no fue. El depósito del agua nació de la urgencia de abastecer a una población creciente, pero su fracaso lo marcó durante décadas. Su reciente transformación lo erige como ejemplo y lo cataloga, por fin con sentido, como uno de los grandes símbolos de la ciudad, que da la bienvenida a sus visitantes y habitantes desde la lejanía.