Kike Collada, alcalde de El Recuenco (Guadalajara)
El joven alcalde que trabaja gratis y acaba de ser elegido ‘Político del Año’
Desde un rincón casi vacío del Alto Tajo, Kike Collada ha hecho historia al convertirse en el primer español elegido ‘Político del Año’ por la comunidad global One Young World
Es el primer español en recibir el reconocimiento internacional Político del Año 2025 por la comunidad global One Young World. Pero él sigue definiéndose como «el alcalde de un pueblo pequeñito que hace lo que puede en su tiempo libre». Se llama Kike Collada, tiene 28 años y gobierna El Recuenco, una localidad de Guadalajara con menos de 100 habitantes.
Desde allí, entre montes y silencio, ha demostrado que el liderazgo también puede venir desde lo diminuto.
«El premio es para mi pueblo, no para mí»
La noticia le llegó una noche, por correo electrónico. «Lo primero que hice fue ponerlo en el grupo de WhatsApp de mi familia», cuenta entre risas. «Mis padres alucinaron cuando buscaron información sobre el premio».
Ser el primer español en recibir el galardón Politician of the Year lo llena de orgullo, pero él no se coloca en el centro: «Lo siento mucho más como una gran noticia para mi pueblo. Lo que es bueno para mi pueblo también es bueno para mí. Esto nos pone en el mapa, nos hace visibles y, quién sabe, puede que incluso nos traiga oportunidades».
Kike recogerá el premio en Múnich, aunque insiste en que su mirada está puesta en casa. «Quizás un día, tomando un café con alguien allí, surja una inversión o un proyecto que beneficie a El Recuenco. Nunca se sabe. Por eso hay que estar en estos foros, con una visión clara de lo que quieres para tu pueblo».
«Me metí en política por amor»
Cuando se le pregunta por qué un joven de veintitantos se mete a alcalde de un pueblo casi vacío, la respuesta llega sin rodeos: por amor.
«El amor por mi pueblo, por todo lo que me ha dado. Por la libertad de mi infancia, por los veranos con mi abuelo en el huerto, por las gymkanas que organizábamos. Todo viene de ahí».
Su historia empezó en la sociedad civil, fundando la asociación Rumbo Rural, con la que un grupo de jóvenes decidió tomar las riendas de su futuro. Cuando los anteriores miembros del Ayuntamiento quisieron retirarse, Kike sintió que era su turno. «Fue en un momento de inconsciencia, desde luego —ríe—, pero alguien tenía que hacerlo».
El Recuenco no es su lugar de residencia habitual, sino su raíz. «Iba los fines de semana y los veranos, y lo recuerdo como una vida paralela. Sin horarios, con la bici, en el monte. Me encantaría que más niños pudieran tener una infancia así. Por eso lucho por que los pueblos sigan vivos.»
El alcalde sin sueldo que vive entre cables y caminos
Collada compagina su trabajo como ingeniero informático y de telecomunicaciones con su labor de alcalde. «No hay un día normal en mi vida», reconoce. «Soy autónomo y eso me da flexibilidad, pero el 80 % de mi jornada la dedico al Ayuntamiento, del que no cobro un duro… o más bien, donde me dejo dinero».
El Recuenco tiene menos de 100 vecinos censados, pero más de 7.000 hectáreas de monte y «cientos de ciervos, jabalíes, cabras montesas». «Las necesidades son infinitas», explica. «Hay que cumplir con la misma normativa que una gran ciudad, pero con cero personal. A veces gestionar una obra es buscar alojamiento a los trabajadores porque si no, se queda desierta la licitación».
Entre risas y anécdotas, cuenta que una de las cosas más bonitas que ha vivido ha sido casar a su primo: «Oficiar bodas no entraba entre mis planes». Pero también hay historias duras. Como la de aquella mujer embarazada que no tenía cómo llegar al hospital de Guadalajara: «No es que no se pueda tener hijos en El Recuenco. Es que el Estado no lo permite.»
«O nos transformamos o desaparecemos»
Cuando habla de despoblación, Kike lo hace con la serenidad del que ya ha pensado mucho sobre el tema. «El problema es que seguimos pensando en las siguientes elecciones, no en las siguientes generaciones. Hay que aplicar a la política la misma lógica que al campo: primero se siembra, luego se cuida y, con suerte, se cosecha».
Para él, frenar la despoblación exige tres cosas: garantizar servicios públicos mínimos, dotar de talento técnico a los Ayuntamientos y entender que la despoblación no es un problema de los pueblos, sino de toda la sociedad. «El éxodo rural genera también superpoblación urbana. Todo está conectado.»
Cuando se le pregunta si los grandes partidos escuchan a la España vaciada, duda un segundo: «Hay personas dentro de todos los partidos que se dejan la piel por su tierra. Pero la legislación se hace como si España fuera un todo uniforme. Y eso es un error. Gobernar desde un despacho sin pisar el territorio es legislar a ciegas».
«Necesitamos emprendedores políticos, no parásitos»
Su discurso sobre la política es tan sincero como afilado. «Necesitamos buenas personas, que no estén obsesionadas con vivir de la política. Gente con ideas, con talento, con pasión. Emprendedores políticos que quieran desafiar un sistema anquilosado. No hay tiempo que perder ni dinero que malgastar».
Defiende una política más humana, sin artificio: «Ser uno mismo es fundamental. La gente nota cuándo eres auténtico y cuándo no. Lo simbólico puede tener su sentido, pero todos queremos que nos solucionen los problemas».
Su experiencia local le ha enseñado una gran lección: «La política de los pueblos no te deja alejarte de la realidad. Puedes tener todas las ideas del mundo, pero luego sales a la calle y te encuentras con tu vecino contándote su problema».
El alcalde de TikTok
Kike también se ha convertido en un fenómeno en redes. Su cuenta de TikTok, donde muestra el día a día de un alcalde rural, acumula miles de visualizaciones.
«La idea surgió con una amiga, por diversión. Es una forma eficaz de explicar lo que hacemos y de llegar a la gente. A falta de embajador de El Recuenco, tenemos el algoritmo de TikTok», bromea.
Sus vídeos comienzan con ganchos como «¿Cómo se vive siendo alcalde veinteañero de un pueblo de menos de 100 habitantes?» y se convierten en cápsulas de divulgación política. «Intento mostrar lo extraordinario que hay en lo cotidiano».
Lo mejor, dice, es ver el orgullo de sus vecinos. «Cuando alguien comparte un vídeo del alcalde de su pueblo, eso une mucho.» Lo peor: «Tanta gente que insulta o busca hacer daño. Es alucinante la cantidad de odio que hay. Pobrecillos, pero te pueden arruinar el día».
«El monte me enseña a ir despacio»
El Recuenco vive rodeado de bosque. Y ese monte es su metáfora. «El monte me pone en mi sitio. Me enseña lo pequeños que somos y lo lento que hay que cocinar los cambios.»
Sobre los incendios forestales, no se muerde la lengua: «Tenemos lo que nos merecemos. Hemos abandonado la gestión y demonizado la que hacían nuestros abuelos. Pensamos que si aprobamos una ley, ya hemos solucionado el problema, pero no dotamos de recursos ni de personal. Si fuera tan fácil, aprobaríamos la ley de desaparición de incendios.»
Su sueño es que vuelva la ganadería extensiva y que el monte se gestione con responsabilidad. «Queremos emprender con nuestros recursos naturales, comercializar lo que producimos y poner en valor nuestros ecosistemas. Somos los verdaderamente ricos, aunque vivamos en la indigencia política».
Una voz rural con proyección global
Pronto viajará a Alemania para recibir su premio y compartir escenario con líderes internacionales. «Lo que más me apetece es que me saquen de mi pequeño mundo. Ver qué hacen en otros países y aprender. Todo lo que sea conectar y crecer, suma».
No se considera profesional de la política, sino «un voluntario político». «Veo una Europa que retrocede, que coquetea con los nacionalismos, y me da miedo. Tenemos muchos retos que solo resolveremos si trabajamos unidos. No por buenismo, sino por inteligencia».
«Mi abuela Luci me reconecta con lo mejor del ser humano»
Después de tanto trabajo, ¿Qué lo hace feliz? La respuesta es inmediata: «Ir a ver a mi abuela Luci. La adoro. Me reconecta con lo mejor del ser humano». Habla de ella con ternura, como quien nombra un refugio.
Su miedo, dice, es que la política lo aleje de las personas que quiere. Y su sueño, antes de los 40, es sencillo: «Seguir como ahora. Haciendo lo que me gusta, con buena salud y rodeado de gente buena».
Su legado
«Sé que no todos estarán contentos con lo que he hecho, pero ojalá digan que inicié un camino para reconquistar el futuro. Que el pueblo volvió a creer en sí mismo».
Y si tuviera que resumir su manera de entender la política en una frase, lo tiene claro: «Amor, inteligencia y pasión para hacer mejor la vida de todos». Así sea.