Abridor de pistachos Maná
El invento de tres euros que nació en el campo de Albacete y está en miles de casas
Es un abridor de pistachos patentado, creado por un agricultor albaceteño para abrir incluso los más cerrados sin dañarse las uñas
En Villarrobledo, corazón agrícola de Albacete, una pequeña empresa familiar demuestra que la innovación no siempre nace en un laboratorio ni en una gran ciudad. A veces surge entre tierras de cultivo, manos curtidas y problemas cotidianos. Así es la historia de Maná Pistachos, un proyecto ecológico fundado en 2016 que hoy vuelve a llamar la atención no solo por la calidad de su producto, sino por una idea tan sencilla como eficaz: un abridor de pistachos patentado que cuesta solo tres euros y promete acabar con las uñas rotas.
Al frente está Nacho Navarro –@nachopistachooo–, joven agricultor y heredero de varias generaciones ligadas al campo, que decidió apostar por un modelo poco habitual cuando empezó: pistacho ecológico, producción cuidada y control absoluto de todo el proceso. Desde la plantación hasta la venta directa, todo se queda en casa. Literalmente.
Tradición, sostenibilidad y paciencia
Maná Pistachos fue una de las primeras empresas en apostar por el cultivo ecológico del pistacho en la provincia de Albacete, cuando aún era una alternativa minoritaria. Aquella decisión marcó el rumbo del proyecto. La familia Navarro entendió que el valor no estaba solo en producir más, sino en producir mejor.
Ese cuidado se aprecia especialmente en el proceso de secado, una de las fases clave del pistacho. En sus instalaciones se realiza durante 48 horas a baja temperatura, alrededor de 38 grados, un método que permite conservar intactas las propiedades nutricionales del fruto y evitar la oxidación de los ácidos grasos esenciales. Un detalle técnico que explica por qué su producto tiene un sabor más limpio, más natural y una textura muy reconocible.
No es casualidad que el pistacho sea uno de los frutos secos más valorados desde el punto de vista nutricional. Aporta antioxidantes, fibra, aminoácidos esenciales, minerales como hierro y potasio y vitaminas como la A o la tiamina. Por eso es habitual en dietas de deportistas y en personas que buscan cuidar su salud cardiovascular o controlar el colesterol.
Un problema pequeño, una gran idea
Después de consolidar el proyecto agrícola, Nacho se enfrentó a algo mucho más doméstico: la dificultad de abrir los pistachos que vienen casi cerrados. Un gesto cotidiano que termina, demasiadas veces, en uñas dañadas o directamente en pistachos abandonados en el cuenco.
De ahí nació su último invento: un abridor de pistachos diseñado para abrir incluso los más cerrados sin esfuerzo y sin dañar las uñas. Un objeto pequeño, funcional y pensado para durar. El producto ya está patentado y se vende por tres euros tanto en la web de la empresa.
El funcionamiento es tan sencillo como su planteamiento. Basta con introducir las puntas del abridor por el lateral del pistacho y presionar ligeramente. El fruto se abre sin resistencia. El propio Nacho lo explica en un vídeo tutorial publicado en Instagram, con la naturalidad de quien ha creado algo porque lo necesitaba.
«Recomendado 100 %»
Las valoraciones de los usuarios no dejan lugar a dudas. Quienes lo han probado lo califican como imprescindible en casa. Hay quien reconoce que antes evitaba comer pistachos para no estropearse las uñas y ahora no puede dejar de usarlos. Otros resumen la experiencia con un mensaje directo y claro: «Recomendado 100 %».
No hay grandes campañas detrás ni estrategias sofisticadas. Solo boca a boca, utilidad real y un precio accesible que ha permitido que el invento empiece a colarse en cocinas de toda España.
Innovación rural con sello albaceteño
La historia de Nacho Navarro es la de muchos jóvenes que han decidido quedarse en el campo, pero también reinventarlo. Desde un municipio de Albacete ha conseguido unir agricultura ecológica, emprendimiento rural e innovación práctica, demostrando que el medio rural no es solo pasado, sino también presente y futuro.
A veces las grandes ideas no buscan cambiar el mundo. Solo hacerlo un poco más cómodo. Incluso algo tan simple –y tan cotidiano– como abrir un pistacho.