Los jugadores del Albacete agradecen el ánimo de la afición

Los jugadores del Albacete agradecen el ánimo de la aficiónAlbacete Balompié

Albacete firma una Copa para la historia en un Carlos Belmonte que no fue suficiente para tumbar al Barça

Los de Alberto González tuvieron que remar durante todo el partido para poner contra las cuerdas al Fútbol Club Barcelona con una ocasión en el descuento, que casi manda la eliminatoria a la prórroga en un día para el recuerdo de toda la ciudad

El fútbol está lleno de tópicos y sin duda es caprichoso. La actual temporada del Albacete Balompié arrastraba dudas, tras un primer tramo descafeinado, pero inesperadamente, la Copa del Rey, que suele pasar de largo para los equipos de Segunda División, ha resultado ser el elixir de la vida para el 'albacetismo'.

A la memoria colectiva han regresado las noches mágicas de un Queso Mecánico que enamoró a la élite del fútbol español. Hace más de dos décadas que Albacete no luchaba contra gigantes, pero las historias bonitas se cuecen a fuego lento.

Durante estos veinte años han sido innumerables idas y venidas, con incluso el peligro de extinción del club, descensos a la ya extinta Segunda División B, también a la actual Primera RFEF, de las que se regresó al terreno profesional con ascensos inolvidables que trajeron de vuelta al Alba donde merece. Todo este 'calvario' marca la experiencia vital de los nuevos 'albacetistas', obligados a convivir con el sufrimiento, pero también la de aquellos que vivieron las grandes noches que dieron por perdidas en la nostalgia del pasado.

El camino de la Copa empezó en las Islas Canarias batiendo al San Fernando y el primer gran reto llevó a los de Alberto González a una nueva eliminatoria a domicilio. Lograron superar en Leganés y desde entonces turno para un Alonso Quijano disfrazado de Albacete Balompié. En el siglo XVII, Miguel de Cervantes escribió el mayor relato de identidad española jamás narrado. Un Quijote soñador, valiente y aventurero, que no temía a los grandes retos superando. La Mancha fue su escenario y si un equipo puede personificarse en tal obra, ese es el Albacete Balompié.

En mitad del camino, gigantes. Desde Galicia un Celta que cayó gracias al gol de Jesús Vallejo para forzar la tanda de penaltis que traería al Real Madrid al Carlos Belmonte. Aquel día, el coraje de una ciudad imprimido en el alma de sus jugadores tumbó a un Madrid herido con dos zarpazos de Jefté Betancor, que ocupará por siempre una de las páginas doradas del Albacete Balompié.

Cuartos de final de la Copa del Rey y el destino quiso que el Fútbol Club Barcelona fuera el siguiente, pero volviendo al Quijote y como relata uno de sus pasajes más recordados: «Bien parece -respondió don Quijote- que no estás cursado en esto de las aventuras; ellos son gigantes; y si tienes miedo quítate de ahí, y ponte en oración en el espacio que yo voy a entrar con ellos en fiera y desigual batalla».

Un Albacete-Barça

Agus Medina trata de robar el balón a Lamine Yamal

Agus Medina trata de robar el balón a Lamine YamalAlbacete Balompié

Son diversos los momentos que unen a Barça y Albacete. Un primer gol de Lionel Messi como profesional, la primera vez del Albacete derrotando a los culés con el gol de Bjelica en el Camp Nou, el croata que por cierto entrenó a Dani Olmo en el Dinamo de Zabreg.

La figura de Andrés Iniesta, que desde Fuentealbilla partió a Barcelona para conquistar los corazones blaugranas y más tarde los de toda España. También fue un día para el reencuentro de Alberto González con Fermín, la perla que pulió con sus propias manos en Linares y que ahora triunfa en Barcelona.

Este relato ha marcado la previa de un histórico partido de cuartos de final de Copa del Rey para el Albacete. Tras el éxtasis de la victoria ante el Real Madrid, recibir al Barça ha vestido de orgullo, ilusión y coraje a una ciudad que supo unirse para plantar cara a un rival, a priori, inasumible. En cambio, el Alba creyó desde el primer minuto.

No ha habido nadie ajeno a la conversación de la Copa, aferrados al espíritu luchador que hace ver todo posible. Los aficionados en la previa confesaban que sería difícil, pero que se podía. «Sí se puede». Jamás este cantico se había repetido tanto como en la previa en Albacete. Un prepartido que empezó temprano.

Los bares, restaurantes y calles de la ciudad llenos de alegría, sueños e ilusión durante todo el día en Albacete, con el fútbol demostrando ser el nexo de unión perfecto ante la adversidad. Una ciudad paralizada con su Avenida España cortada y colapsada por los aficionados que inundaban las calles de cánticos, petardos y humo de bengala. Una tarde en la que se recogía el testigo de los más madrugadores y soñadores.

En la mañana de partido, el Albacete Balompié compartía en redes sociales una imagen de alentador futuro. Cientos de niños con las banderas del Alba, cantando el himno, animándolo para una cita histórica y disfrutando con 'Quecete'.

En tiempos en que lo fácil es estar del lado del poderoso, para llenar el espíritu acomplejado de sentirse superior, Albacete, sin ser un gigante, se asegura una generación de niños que entenderán que lo bonito es estar, se gane o si toca perder, pero con los tuyos.

Un amor al equipo de la ciudad símbolo de arraigo en la tierra ligada a unas costumbres, a una manera de ser y de vivir. De la mano de madres, padres, abuelos y abuelas, miles de niños paseaban con su camiseta del Alba, quizá sin entender del todo lo que significaba este día, pero construyendo un recuerdo necesario para el futuro.

«Orgullosos de nuestros jugadores»

Carlos Belmonte

Carlos BelmonteCésar Sánchez Gómez

Con la caída de la tarde y la llegada de la noche, los aledaños del Carlos Belmonte se preparaban para recibir a sus jugadores. Durante la espera, una aficionada confesaba que «la Copa ha traído a la ciudad unos días mágicos que ni el frío ha podido estropear», porque el equipo ha llenado de alegría a los albaceteños y era momento de responder.

Pasadas las siete de la tarde, el autobús del Alba giraba la última esquina camino al estadio para encarar una recta de 'fuego'. Un recibimiento merecido y a la altura, con ojos vidriosos en la mirada de algunos aficionados superados por un sentimiento de pertenencia inexplicable.

Una hora antes del partido no quedaba una butaca por llenar. Casi 17.000 gargantas cantando al unísono durante el calentamiento y con la salida de los jugadores un mosaico espectacular para dar el decoro preciso a la noche copera. Pitada sonora a los de Flick y balón a rodar en un partido aguantado por puro pundonor, porque el Barça se adelantaba con el talento de Lamine Yamal en la primera parte, Araujo parecía poner la puntilla, pero el Albacete no besó la lona en ningún momento.

Albacete ayer dio un ejemplo de amor y pasión verdadera, porque con cada gol encajado, el «sí se puede» volvía a resonar. El empuje llevó al delirio con el tanto anotado por Javi Moreno en el minuto 87. Como golpe de lanza voló en plancha para traspasar la red con un testarazo propinado por todo el 'albacetismo'.

Un gol de puro creer, pero que llegó tarde. Aun así, ni el Alba ni el Carlos Belmonte perdieron la fe y se quedó a centímetros de forzar la prórroga. Fran Gámez lo tuvo en un balón picado que superó a Joan García, pero que salvó sobre la línea Gerard Martín.

Al final, marcador de 1 a 2 para el Barça y adiós a la Copa, pero con una imagen que sirve de ejemplo para todos. Nadie se movió de su asiento, bufandas al viento y gargantas a pleno rendimiento. Si los ajenos al partido no vieran el marcador pensarían que ganó el Alba y en cierta forma lo hizo.

El Albacete ha traspasado fronteras con un mensaje sano, que desde el trabajo y la convicción hace que todo sea posible. El Barça derribó la ilusión por la Copa, pero Albacete ha trascendido mostrando al mundo la unión de su gente, que desde la humildad y la valentía, enseñó que el soñador puede tumbar al gigante.

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