La mujer pecadora ungiendo los pies de Jesús en casa de Sión (Sacristía de la Catedral de San Juan Bautista)
El secreto mejor guardado de la Catedral de Albacete: unas grisallas murales manieristas del siglo XVI
Cinco grisallas marienistas del Renacimiento tardío se oscurecían ocultas en la sacristía de la catedral hasta una restauración que vuelve a dar la imagen merecida a la obra
España es un país de arte en que se destacan grandes edificios presentes en la memoria colectiva, de los cuales, gran parte responden a construcciones de índole religiosa. El triunfo de la Reconquista cristiana con la definitiva toma de Granada en 1492, a manos de los Reyes Católicos, logró asentar no solo a la religión (que llevaba presente siglos), si no al poso cultural que va ligado a lo cristiano de manera ineludible.
Las primeras grandes iglesias y catedrales comienzan a tomar forma, con el pertinente impulso de una sociedad recién instaurada en la cumbre del poder mundial, con la apertura de puertas al Nuevo Mundo. No todos los proyectos destacan por obras de gran escala, en Albacete, la catedral nunca pudo ver realizado su esplendor proyectado sobre el papel.
Siglos de modificaciones en el proyecto, cambios de plan y estilos dan lugar a una de las catedral más atípicas, pero en su interior guarda obras artísticas que merecen su visita. Durante el siglo XVI, Albacete encontró un proyecto favorable en el cual basó su dinámica de prosperidad. Una nueva sacristía se erigía acompañada de unas grisallas murales manieristas de gran calidad pictórica.
Esta técnica se destaca por el uso escaso de colores, que dan lugar a pinturas a base de mezclas de blanco y negro, por lo que el gris es el tono predominante. Muchas veces se usaba como base para más tarde aplicar el óleo, pero también con pinceladas más concretas y técnica monocroma. La sacristía de Albacete es BIC desde 1982 y sus cinco grisallas lucen como nunca tras un ambicioso proyecto de restauración.
Cinco joyas renacentistas
Calvario (1580) Sacristía de la Catedral de San Juan Bautista. Albacete
Estas pinturas de tonos grises fueran bien consideradas para decorar la sacristía de la catedral. Un total de cinco escenas decoran el espacio declarado Bien de Interés Cultural. Las cinco escenas van acompañadas de sus cinco pertinentes inscripciones.
Los momentos bíblicos responden al Calvario (Padre en tus manos encomiendo mi espíritu), la predicación de Juan Bautista (Yo soy la voz del que clama en el desierto), la entrega de las llaves a San Pedro (Y a ti te daré las llaves del Reino de los Cielos), la conversión de San Pablo (Absurda cosa es dar coces contra el aguijón) y Magdalena ungiendo los pies de Jesús (Se le perdonan sus muchos pecados, porque fue muy grande su amor).
El estilo renacentista presente en la arquitectura de la catedral también forma parte de las pinturas de estilo manierista del Renacimiento tardío. Este modo de entender la pintura destaca por la búsqueda de las expresiones, así como el refinamiento y la exageración en los gestos.
Las obras que todo albaceteño con suerte ha podido disfrutar, parecen otras tras su restauración. El tiempo oscureció las pinturas que han protagonizado un estallido de luz tras cuatro meses de delicado trabajo.
Cuatro meses de trabajo
Carmen Teresa Olmedo, viceconsejera de Cultura y Deportes, en visita a las labores de restauración
El Gobierno de Castilla-La Mancha destinó 100.000 euros a restaurar las grisallas de la sacristía de la Catedral de Albacete, donde se quiso impregnar un espíritu de meditación a través de algunos de los momentos de mayor importancia en la construcción de la cristiandad.
Las actuaciones han pasado por labores de limpieza con eliminación de barnices y repintes; la consolidación de los estratos intermedios y la protección temporal, así como la eliminación de materiales ajenos además del relleno con mortero. En la foto presentada en el apartado, puede comprobarse la diferencia de colores en las partes ya restauradas y aquellas que no han recibido actuación.
Tras cuatro meses de restauración se ha completado con la reintegración pictórica y el barnizado final para volver a traer el esplendor a unas pinturas que poca gente conoce por su ubicación en la zona presumiblemente reservada a los sacerdotes. Ahora su luz vuelve a protagonizar las escenas y a llenar de arte la sacristía de la catedral, con una calidad pictórica que sorprendió a los propios restauradores.
Un tesoro escondido, pero presente en una catedral que muchas veces pasa desapercibida en las rutas turísticas de la ciudad. Trabajos e investigaciones como la de Luis Guillermo García-Saúco Beléndez, permiten divulgar su existencia, dotando del valor merecido a las joyas del Renacimeinto presentes en Albacete, con sus trazos manieristas.