Clara Inés Alcolado
La niña que siempre preguntaba «por qué» y hoy explica la ciencia desde un laboratorio
Clara Inés Alcolado, investigadora y divulgadora, ha convertido la curiosidad en vocación y la química en un lenguaje cercano para miles de jóvenes
No hubo un día concreto. Ni una revelación repentina. En la historia de Clara Inés Alcolado, la ciencia no llegó como un fogonazo, sino como una pregunta constante. Un por qué repetido desde la infancia que fue creciendo con ella hasta convertirse en una vocación firme, serena y profundamente consciente.
Desde pequeña le fascinaba entender de qué estaban hechas las cosas. Hoy, esa curiosidad infantil se traduce en una bata blanca, horas de laboratorio, una tesis doctoral en su recta final y más de 150.000 personas siguiendo sus vídeos de divulgación científica en redes sociales. Un equilibrio poco común entre rigor académico y cercanía, entre química física y lenguaje cotidiano.
De la bata blanca al mundo real
Cuando Clara imaginaba a una científica siendo niña, la veía en un laboratorio lleno de matraces de colores, concentrada, casi aislada del mundo. Algo de eso sigue ahí —la bata continúa siendo uniforme—, pero su visión ha cambiado radicalmente.
«La ciencia no es estar aislada», explica. «Es conectar con el mundo y contar lo que haces». Y eso es precisamente lo que ha convertido su trayectoria en algo diferente: la capacidad de abrir las puertas del laboratorio y dejar que otros miren dentro.
Una vocación sin duda, pero no sin esfuerzo
A diferencia de muchos relatos marcados por la incertidumbre, Clara nunca pensó en abandonar. Ni siquiera en los momentos más exigentes de la carrera investigadora, cuando la falta de estabilidad o financiación pone a prueba la paciencia de quienes aman la ciencia.
Ahora, inmersa en la escritura final de su tesis doctoral en el Departamento de Química Física de la Universidad de Castilla-La Mancha, sus días empiezan a las siete de la mañana. Experimentos, análisis de datos, cálculos, tutorías de trabajos fin de grado y largas horas frente al ordenador se suceden hasta bien entrada la tarde.
Es un trabajo invisible para muchos. Intenso, meticuloso y sostenido en el tiempo.
Explicar lo invisible
La química física suele sonar lejana, casi inaccesible. Clara la traduce de otra manera. Si tuviera que explicársela a una niña de diez años, lo haría así: como un baile de piezas invisibles. Moléculas que se mueven, se dan la mano, intercambian energía y siguen unas reglas precisas para no dejar de bailar.
Esa capacidad de transformar conceptos complejos en imágenes comprensibles es la base de su éxito divulgativo.
Cuando la ciencia se hizo viral
Su salto a las redes no fue estratégico. Fue casi accidental. Grababa vídeos para su familia, mostrando su día a día, hasta que decidió subir uno a TikTok. Al sexto vídeo, una valoración ácido-base alcanzó seis millones de visualizaciones.
Ahí entendió algo clave: la gente tiene sed de ciencia. Solo necesita que se la cuenten bien.
A quienes dicen que «la ciencia no es para TikTok», Clara responde con datos y convicción. Si se habla con rigor, pasión y el lenguaje adecuado, el conocimiento puede competir con cualquier tendencia viral. La ciencia también puede ser tendencia.
Ser referente sin ser perfecta
Cada día recibe mensajes. Madres que le cuentan que sus hijas quieren estudiar química después de verla. Jóvenes que están decidiendo su futuro académico. No hay uno solo que no la marque.
Por eso huye de la perfección impostada. Su objetivo no es parecer inalcanzable, sino real. Una chica normal que trabaja duro, se equivoca, aprende y disfruta haciendo ciencia.
Romper estereotipos desde dentro
Cuando era pequeña, los nombres que llenaban los libros de ciencia eran casi siempre masculinos. Hoy, entre sus referentes destaca Rachel Carson, por su valentía al unir investigación científica y defensa del medio ambiente.
A Clara le gustaría borrar un estereotipo de raíz: la idea de que las científicas viven al margen de la sociedad. «Somos personas normales», insiste. Con aficiones, redes sociales, vida cotidiana y cercanía. La ciencia no te aparta del mundo; te ayuda a entenderlo.
El precio que no se ve
La investigación también exige renuncias. Tiempo, incertidumbre y, a veces, distancia. Como cuando tuvo que marcharse a Lyon para una estancia predoctoral. O como la inestabilidad que llega tras defender una tesis doctoral.
En España, cree, se valora el resultado científico, pero no siempre el proceso ni a quienes lo sostienen. El talento necesita apoyo para no emigrar por obligación, sino por elección.
Un mensaje para las que dudan
Si pudiera hablar con la Clara niña, le diría que no dejara nunca de preguntar por qué. Que esa curiosidad la llevaría lejos y ayudaría a otros a entender el mundo.
A las niñas que hoy dudan, les lanza un mensaje claro: la inteligencia no es fija, se entrena. La ciencia no es solo para genios, sino para personas curiosas y constantes. Si te apasiona, eres capaz.
Que algún día no haga falta celebrarlo
Las redes han sacado la ciencia de los laboratorios y la han llevado a los móviles. Clara imagina su futuro con un pie en la investigación y otro en la divulgación, de vuelta a su tierra y a la UCLM, sin soltar nunca la cámara.
Y cuando piensa en el Día de la Mujer y la Niña en la Ciencia, desea algo muy concreto: que deje de ser necesario. Que la presencia femenina esté tan normalizada que ninguna niña tenga que preguntarse si puede ser científica, sino simplemente qué rama de la ciencia le gusta más.