Ofertorio de Ánimas
Este pueblo de Ciudad Real nunca dejó de celebrar el Carnaval … ni siquiera cuando estaba prohibido
Herencia salvó su Carnaval disfrazándolo de Fiesta de Ánimas: así regresa su tradición más antigua
En Herencia hay un martes que no se parece a ningún otro. Cuando llega el Carnaval, el pueblo entero parece escuchar un eco antiguo que atraviesa generaciones y vuelve a hacerse presente en las calles. Ese día se llama Ofertorio de Ánimas, y no es solo un desfile ni un acto festivo: es la memoria viva de una localidad que aprendió a guardar su identidad en un gesto humilde.
Este año, la Comisión del Carnaval y el área de Festejos del Ayuntamiento han pedido a peñas, comparsas y charangas que recuperen el sentido original de «entrar a ofrecer», una tradición que durante siglos definió el corazón de la fiesta. No importa el objeto entregado ni su valor material. Lo esencial es el gesto, ese pequeño acto simbólico que recuerda que el carnaval de Herencia nació como un pacto entre la fe, la historia y la alegría popular.
El carnaval que sobrevivió disfrazándose de fiesta religiosa
La historia del Carnaval de Herencia es también una historia de resistencia. Mientras en otros lugares las prohibiciones del siglo XX apagaban las máscaras y silenciaban las comparsas, en este pueblo manchego el carnaval encontró refugio bajo el nombre de Fiestas de Ánimas. Don Carnal se ocultó tras la devoción para seguir caminando.
En aquellos años, el Ofertorio era el día en que el pueblo entero salía a ofrecer donativos por las ánimas benditas del purgatorio. Las familias llevaban alimentos o dinero que luego se pujaban frente a la iglesia para sufragar misas y gastos comunes. Era una tradición religiosa, pero también un acto social que unía al pueblo en torno a su fiesta.
Hoy ya no se entregan gallinas ni ristras de ajos, pero sí símbolos que evocan ese pasado: banderines, máscaras, recuerdos de cada grupo. La intención no es copiar el pasado, sino mantener su significado.
El martes que explica quién es Herencia
La jornada comienza con el funeral de las ánimas y continúa con el tradicional «Puñao», cuando el Ayuntamiento reparte cacahuetes en la plaza mientras vecinos y visitantes conversan sin prisas, como si el tiempo se detuviera en mitad de la Mancha. Después llega el desfile, con comparsas de toda la región, el Perlé abriendo paso, gigantes y cabezudos saludando desde lo alto y las jinetas portando ofrendas que simbolizan a los gremios de la localidad. Y entonces el pueblo entra a ofrecer.
El Perlé
Ese gesto sencillo explica la singularidad de un carnaval que se remonta al siglo XVI y que hoy está reconocido como uno de los patrimonios culturales más valiosos de Castilla-La Mancha. No solo por su antigüedad, sino porque nunca dejó de celebrarse. Porque supo reinventarse para sobrevivir.
La herencia que se entrega de generación en generación
El Ofertorio no es nostalgia ni una escena folclórica para turistas. Es un hilo invisible que conecta a los abuelos con los nietos, a los antiguos mayordomos con las comparsas actuales, a las calles de hoy con las de hace siglos.
La UNESCO recuerda que el patrimonio cultural no son solo piedras ni monumentos, sino también tradiciones vivas transmitidas de generación en generación. En Herencia, ese patrimonio se hace visible cada martes de Carnaval cuando el pueblo entero se reúne para ofrecer, para recordar, para celebrar. Porque hay fiestas que se disfrutan y otras que se heredan. Y en Herencia, el Ofertorio de Ánimas es ambas cosas.