Ana MilánIG Ana Milán

El refugio manchego de Ana Milán existe y está en Albacete: un pueblo medieval con historia de película

Entre castillos, llanura y recuerdos de niña, Ana Milán vuelve a Almansa, el rincón de Castilla-La Mancha donde empezó todo

Entre castillos que se recortan sobre la llanura manchega y calles que guardan ecos de otras épocas, hay un lugar que la actriz y escritora Ana Milán guarda como un tesoro íntimo.

Ese lugar es Almansa, en la provincia de Albacete, el pueblo donde pasó parte de su infancia y al que sigue llamando «su refugio manchego».

Lo ha contado en varias ocasiones, y recientemente volvió a recordarlo en una entrevista en la revista Lecturas, donde habló con emoción de los recuerdos que aún la atan a ese rincón de Castilla-La Mancha.

El recuerdo de una infancia entre la amistad y la soledad

Aunque nació en Alicante, las raíces familiares de la actriz se hunden en Almansa. Allí vivió hasta los ocho años, compartiendo juegos con su amiga Rosana y descubriendo la vida en un pueblo que todavía parecía detenido en el tiempo.

En su entrevista con Lecturas, Milán evocaba aquel periodo con honestidad:

«Yo viví hasta los ocho años en Almansa, y ahí tenía a mi amiga Rosana. Pero de ahí pasé a la soledad más absoluta».

En sus palabras conviven la nostalgia y la dureza de una etapa marcada también por el bullying escolar. Sin embargo, el recuerdo de la amistad, de la nieve, de las travesuras infantiles, termina imponiéndose.

Porque hay lugares que se quedan en la memoria como una promesa de calma. Para Ana Milán, Almansa es ese lugar.

Almansa, un castillo sobre la llanura

Quien llega a Almansa entiende enseguida por qué una niña pudo sentir allí el peso de la historia.

El protagonista absoluto es el Castillo de Almansa, una fortaleza almohade del siglo XIII que se alza sobre el cerro del Águila, dominando la ciudad y la llanura. Desde sus murallas se ve La Mancha extendida como un mar de tierra dorada. Pero el encanto no termina ahí.

Las callejuelas que rodean la roca del castillo, la Iglesia de la Asunción con su mezcla de estilos renacentistas y barrocos, o el antiguo palacio de los Condes de Cirat —hoy ayuntamiento— convierten el paseo en un viaje lento por los siglos. Almansa no es solo un pueblo: es una postal medieval viva.

El eco de una batalla que cambió Europa

Pocas localidades pueden presumir de haber marcado la historia de España. Almansa sí.

En sus campos tuvo lugar la decisiva Batalla de Almansa en 1707, durante la Guerra de Sucesión. Aquella victoria borbónica cambió el rumbo político de la península y de Europa. Hoy, cada calle, cada rincón del casco antiguo parece guardar la memoria de aquel momento.

Quizá por eso Almansa transmite esa sensación de misterio, de paraíso escondido que aparece de pronto en mitad de la llanura manchega.

Un refugio que sigue vivo

Para Ana Milán, Almansa no es solo el escenario de su infancia. Es el lugar donde aprendió a observar, a recordar, a reconstruir su propia historia.

Allí siguen las fiestas de Moros y Cristianos que llenan mayo de color, el aroma del pisto y el gazpacho manchego, las tardes junto al Pantano de Almansa, y ese silencio que solo existe en los pueblos que han visto pasar los siglos.

Quizá por eso, cuando la actriz habla de ese rincón en entrevistas o programas, lo hace con una mezcla de ternura y respeto. Porque hay lugares que no se visitan: se vuelven parte de uno mismo.

Almansa, el viaje que empieza en la memoria

Hoy, quien pasea por Almansa puede imaginar a una niña corriendo por sus calles empedradas, mirando el castillo al caer la tarde. Puede imaginar las risas con Rosana, las confidencias, la nostalgia. Y entender por qué ese pueblo manchego, entre historia y viñas, sigue siendo para Ana Milán su refugio secreto. Un lugar donde la memoria encuentra hogar.