Santa María del Campo Rus
La llamada desesperada para rescatar uno de los conventos más olvidados de Cuenca
El histórico convento de Santa María del Campo Rus, en la Lista Roja del patrimonio, necesita una intervención urgente: una campaña de micromecenazgo busca evitar su derrumbe y devolverle la vida tras siglos de historia
En el corazón de la provincia de Cuenca, lejos del ruido y de las rutas turísticas habituales, resiste como puede uno de esos lugares donde la historia parece suspendida en el tiempo. El Convento de Santa María del Campo Rus, fundado en 1564 por los propios vecinos, se apaga lentamente.
Hoy, lo que queda en pie es solo su iglesia. El resto desapareció hace siglos, arrasado por guerras, abandono y el paso implacable del tiempo. Pero incluso ese último vestigio se encuentra ahora en una situación límite.
La cubierta del crucero y la cúpula se derrumbaron en los años setenta. Desde entonces, el edificio ha quedado expuesto a la lluvia, al viento y a la vegetación que crece sin control en su interior, debilitando muros y cimientos. El deterioro avanza en silencio.
Una campaña contrarreloj para salvarlo
Ante este escenario, la asociación Hispania Nostra ha lanzado una campaña de micromecenazgo bajo el lema «Recuperemos el Convento de Santa María del Campo Rus». El objetivo es claro: frenar el deterioro y empezar su recuperación antes de que sea demasiado tarde.
La cifra necesaria no es menor. El proyecto fija un mínimo de 35.000 euros para actuar de urgencia, aunque el objetivo óptimo asciende a 75.000 euros, lo que permitiría una restauración más completa.
Por ahora, el arranque es modesto pero esperanzador: 1.510 euros recaudados gracias a 28 aportantes. Apenas un 4% del objetivo mínimo. Y el tiempo corre: quedan solo 23 días, hasta el 10 de mayo de 2026, para intentar cambiar el destino del edificio.
Un pasado ligado a la corte, la música y Cervantes
Pero este no es un convento cualquiera. Entre sus muros —hoy heridos— se escribió parte de la historia cultural del Siglo de Oro.
Aquí estuvo vinculado Fray Diego Jacinto Galindo, confesor de Mariana de Austria, esposa de Felipe IV, quien donó al templo piezas de gran valor como un Ecce Homo y una reliquia del Lignum Crucis, hoy conservadas en la parroquia del municipio.
También dio sus primeros pasos en este enclave el compositor barroco Carlos Patiño, maestro de la Real Capilla del propio Felipe IV.
Y la historia deja incluso un eco cervantino: el convento estuvo conectado con la orden trinitaria encargada de la redención de cautivos, la misma que participó en el rescate de Miguel de Cervantes en Argel.
Dos siglos de historia que casi han desaparecido
Durante más de dos siglos, la institución trinitaria mantuvo viva la actividad en Santa María del Campo Rus. Sin embargo, la Guerra de la Independencia, las guerras carlistas y la desamortización marcaron el inicio del declive.
El monasterio desapareció casi por completo. Solo sobrevivió la iglesia, que hoy presenta un estado crítico.
En 2025 se realizó un desescombro reciente en la zona del crucero, pero la intervención fue insuficiente para frenar el deterioro. Para poder usar la nave principal, incluso se levantó un muro que la separa de la parte más dañada.
Qué se quiere hacer (y qué está en juego)
El objetivo ahora es ambicioso: devolver al edificio su estabilidad y, en la medida de lo posible, recuperar su estructura original.
Las actuaciones previstas pasan por reconstruir la estructura del crucero y el presbiterio, instalar nuevas cubiertas con aislamiento e impermeabilización, renovar instalaciones básicas como electricidad y agua, y restaurar interiores, suelos, pinturas y carpinterías.
Si se alcanza una financiación mayor, el proyecto aspira también a recuperar elementos artísticos de valor histórico como cornisas, hornacinas o altares. Pero todo depende de una cosa: que lleguen las ayudas.
Una llamada abierta: «todo suma»
La campaña está abierta a cualquier persona. Se puede colaborar con pequeñas donaciones online o mediante transferencia bancaria, en una iniciativa que busca demostrar que la suma de gestos individuales puede salvar un patrimonio colectivo.
Porque lo que está en juego no es solo un edificio. Es una parte de la memoria de Castilla-La Mancha que se desvanece.