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«Sin vecinos no hay futuro»: Castilla-La Mancha alerta del impacto de Airbnb en el medio rural

La red de desarrollo rural alerta de que priorizar el uso turístico frente al residencial pone en riesgo la repoblación y los servicios básicos

La Red Castellano-Manchega de Desarrollo Rural (Recamder) ha alzado la voz ante una iniciativa que, lejos de ser una solución, podría agravar uno de los mayores problemas del campo: la despoblación. El planteamiento impulsado por Airbnb para rehabilitar viviendas en desuso y convertirlas en alojamientos turísticos ha encendido todas las alarmas en Castilla-La Mancha.

El motivo es claro. Donde algunos ven una oportunidad económica, el mundo rural ve un riesgo estructural.

Más turismo, menos vecinos: el equilibrio que puede romperse

El presidente de Recamder, Jesús Ortega, lo resume sin rodeos: apostar por el uso turístico de la vivienda puede reducir la oferta disponible para quienes quieren vivir y trabajar en los pueblos. Y eso, advierte, generaría el efecto contrario al deseado.

Durante años, administraciones y colectivos rurales han trabajado para atraer población, especialmente jóvenes y familias. Sin embargo, si las viviendas rehabilitadas acaban destinadas a estancias de corta duración, ese esfuerzo corre el riesgo de diluirse.

La experiencia en ciudades y zonas turísticas refuerza esta preocupación. Allí donde se ha priorizado el alquiler vacacional, el acceso a la vivienda se ha complicado y los precios han subido, expulsando a residentes. Ahora, ese mismo modelo podría trasladarse al medio rural.

El riesgo de convertir los pueblos en escenarios vacíos

«Un pueblo necesita vecinos, vida durante todo el año y servicios abiertos», insiste Ortega. No es solo una cuestión de vivienda, sino de identidad.

La advertencia apunta a un escenario inquietante: pueblos convertidos en decorados, con casas ocupadas solo en periodos vacacionales y calles vacías el resto del año. Sin población estable, servicios esenciales como escuelas, centros de salud o comercios quedan en peligro.

Además, la falta de vivienda dificultaría la llegada de profesionales clave —médicos, profesores o funcionarios—, necesarios para sostener la vida diaria en estos territorios.

Competencia directa y pérdida de empleo

El impacto no se limitaría al ámbito residencial. Recamder también alerta de que este modelo podría afectar directamente al tejido turístico ya existente.

Las casas rurales y pequeños alojamientos, que forman parte de la economía local y generan empleo estable, se verían obligados a competir con un sistema que podría saturar la oferta y provocar cierres.

El resultado sería paradójico: una iniciativa planteada como motor económico podría terminar destruyendo empleo y debilitando el tejido empresarial rural.

Una oportunidad que no puede perderse

En un momento en el que llegan inversiones para rehabilitar viviendas, la clave —subraya Recamder— está en decidir para qué se utilizan.

«Si invertimos millones y esas viviendas no sirven para fijar población, estaríamos perdiendo una oportunidad histórica», advierte Ortega.

Por ello, la organización pide a instituciones, promotores y particulares que reflexionen antes de sumarse a proyectos como ‘Compromiso Rural’. La prioridad, insisten, debe ser garantizar el derecho a vivir en los pueblos.

El futuro del campo, en juego

La conclusión es contundente: el medio rural necesita iniciativas que refuercen la economía local más allá del turismo y que aseguren población estable. Porque, como resume el propio mensaje que lleva tiempo sonando en Castilla-La Mancha, sin vecinos no hay futuro.