Puente de Baebio Publio Venusto, Granátula de Calatrava, Ciudad RealMancha Ignota

CIUDAD REAL

El puente fantasma de Ciudad Real que solo se deja ver cuando baja el embalse

La construcción, situada en Granátula de Calatrava, conserva diez arcos y una calzada empedrada de unos 135 metros, y acaba de ser declarada Bien de Interés Cultural

Hay monumentos que se descubren al levantar la vista y otros que aparecen cuando el agua se retira. En Granátula de Calatrava, en pleno Campo de Calatrava, existe un puente que durante décadas ha vivido entre la historia y el silencio, oculto bajo el embalse Vega del Jabalón y visible solo cuando baja el nivel del agua. Una larga estructura de piedra, con diez arcos y una calzada empedrada de unos 135 metros, que acaba de recibir la máxima protección patrimonial.

El Consejo de Ministros ha declarado Bien de Interés Cultural, en la categoría de monumento, el puente de Oreto, también conocido como puente de Oretum o de Baebio Publio Venusto, ubicado en el término municipal de Granátula de Calatrava, en Ciudad Real. La declaración se ha aprobado a propuesta del ministro de Cultura, Ernest Urtasun, después de que el Ministerio iniciara en mayo de 2025 el expediente a petición del Gobierno de Castilla-La Mancha.

La protección reconoce el valor de una infraestructura singular levantada sobre el río Jabalón, a su paso por la actual Área Arqueológica de Oreto-Zuqueca. Este entorno ya fue declarado Bien de Interés Cultural por la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha el 1 de agosto de 2024, lo que refuerza la importancia de un enclave donde se superponen siglos de historia.

Un puente que emerge del embalse

La imagen del puente de Oreto tiene algo de aparición. No siempre ha estado a la vista. La construcción del embalse Vega del Jabalón, entre los años 1989 y 1991, dejó toda la estructura dentro de su vaso. Desde entonces, el puente quedó sometido al pulso del agua: en épocas de mayor llenado desaparecía bajo la superficie; cuando el embalse descendía, volvía a emerger.

Desde 2017, el embalse no se ha llenado por completo, por lo que el puente ha permanecido visible hasta la actualidad. De hecho, puede accederse a pie por el antiguo camino que permitía cruzar la vega y el cauce del río Jabalón desde la ribera norte.

Esa condición ha convertido al puente en uno de los monumentos más singulares de la provincia. No solo por su antigüedad o por su relación con Oreto-Zuqueca, sino también por esa manera casi fantasmal de aparecer y desaparecer según el nivel del embalse. Su presencia recuerda que la historia, a veces, no está escondida bajo tierra, sino bajo el agua.

Diez arcos y una calzada de piedra

El puente conserva diez arcos distribuidos en dos tramos, separados por una lengua de tierra o isla central. Sobre ellos se mantiene una calzada empedrada de unos 135 metros de longitud, una de las imágenes más llamativas del conjunto.

La estructura actualmente visible presenta una fábrica de mampostería irregular trabada con mortero. Sus características constructivas tienen paralelos en obras medievales e incluso modernas, aunque algunos elementos de sillería localizados en la base de varias pilas permiten plantear la posibilidad de que se asiente sobre una cimentación de época romana.

Esa mezcla de materiales, reparaciones y etapas históricas convierte al puente en una pieza especialmente valiosa. No es únicamente un resto arqueológico asociado a un momento concreto, sino una construcción viva, transformada a lo largo de los siglos y vinculada a las comunicaciones históricas del sur de la Meseta.

El legado de Oreto-Zuqueca

El puente de Oreto no puede entenderse sin el enclave en el que se encuentra. La actual Área Arqueológica de Oreto-Zuqueca conserva los restos de un lugar habitado y reutilizado a lo largo del tiempo, con una fuerte carga histórica, arqueológica y simbólica.

En este entorno se sitúa tradicionalmente la antigua Oretum, vinculada a la Oretania, y también la ermita de Nuestra Señora de Oreto-Zuqueca, que añade una dimensión religiosa y patrimonial al conjunto. La zona fue un punto clave de paso y comunicación, especialmente por su posición junto al río Jabalón.

Durante siglos, cruzar un río no era un gesto menor. Los puentes ordenaban caminos, facilitaban el comercio, conectaban poblaciones y aseguraban el tránsito en un territorio donde las comunicaciones eran esenciales. Por eso, la importancia del puente de Oreto va más allá de sus piedras: habla de viajes, de mercancías, de poder, de poblamiento y de continuidad histórica.

El puente de Baebio Publio Venusto

El monumento también es conocido como puente de Baebio Publio Venusto por su tradicional vinculación con una inscripción romana conservada en el Ayuntamiento de Almagro. Esa lápida menciona la construcción de un puente financiado por Baebio Publio Venusto con 80.000 sestercios y dedicado con juegos circenses.

Esa referencia ha alimentado durante décadas la identificación del puente con una infraestructura de origen romano. Sin embargo, los estudios actuales matizan esa atribución. La obra visible hoy presenta rasgos que apuntan a transformaciones posteriores, de época medieval o moderna, aunque no se descarta que su base o parte de su cimentación puedan proceder de una estructura romana anterior.

Precisamente ahí reside parte de su atractivo: en esa superposición de tiempos. El puente de Oreto no pertenece a una sola época de manera simple y cerrada. Es el resultado de siglos de uso, reparaciones y memoria acumulada sobre un mismo paso del Jabalón.

Una protección necesaria

La declaración como Bien de Interés Cultural llega después de años de preocupación por su estado de conservación. La permanencia bajo el agua durante décadas, combinada con los periodos en los que la estructura ha quedado emergida, ha provocado un deterioro progresivo.

La exposición a los cambios de humedad, la erosión, la pérdida de material y los efectos del tiempo han hecho necesaria una mayor protección. El puente ya figuraba en la Lista Roja de Hispania Nostra, donde se advertía de su situación de vulnerabilidad y de la necesidad de actuar para evitar una degradación mayor.

Con la declaración BIC, el monumento queda amparado por la máxima categoría de protección que establece la Ley 16/1985, de 25 de junio, del Patrimonio Histórico Español. Esta figura reconoce sus valores históricos, arquitectónicos, arqueológicos y paisajísticos, y refuerza la obligación de conservarlo.

Un nuevo símbolo patrimonial para Granátula de Calatrava

El reconocimiento del puente de Oreto como Bien de Interés Cultural suma un nuevo hito al patrimonio de Granátula de Calatrava y de la provincia de Ciudad Real. Su singularidad no está solo en sus diez arcos o en su calzada empedrada, sino en la forma en que el paisaje lo ha transformado en un monumento intermitente, visible cuando el embalse baja y oculto cuando el agua vuelve a cubrirlo.

Es un puente, pero también una metáfora. Une orillas, épocas y relatos. Conecta la memoria romana con las transformaciones medievales y modernas, el antiguo camino del Jabalón con el presente de un embalse que lo escondió durante décadas.

Ahora, con la máxima protección patrimonial, el llamado puente fantasma de Ciudad Real deja de ser solo una aparición entre las aguas para convertirse en un monumento reconocido oficialmente. Una joya de piedra que ha resistido al tiempo, al agua y al olvido, y que vuelve a reclamar su lugar en la historia de Castilla-La Mancha.