La directora general de CMM, Carmen Amores, con Ramón García y Gloria Santoro

La directora general de CMM, Carmen Amores, con Ramón García y Gloria SantoroCMM

El programa de televisión que lleva 10 años curando la soledad en Castilla-La Mancha

‘En Compañía’, el espacio de CMM presentado por Ramón García y Gloria Santoro, cumple una década convertido en refugio emocional frente a la soledad no deseada

Hay programas que se ven. Y hay otros que se esperan. Durante diez años, cada tarde, miles de hogares de Castilla-La Mancha han abierto la puerta a una sintonía, a una voz conocida y a una historia que podía ser la de un vecino, la de una madre, la de un abuelo o la de cualquiera que alguna vez haya sentido el peso de una casa demasiado callada. Demasiado vacía.

‘En Compañía’, el programa de Castilla-La Mancha Media presentado por Ramón García y Gloria Santoro, cumple una década en antena convertido en algo que va mucho más allá de la televisión.

Nació para entretener, pero acabó haciendo algo más profundo: acompañar. Escuchar. Tender una mano. Poner nombre y rostro a una realidad que duele y que no siempre se dice en voz alta: la soledad no deseada.

El 30 de mayo de 2016, Ramón García saludaba por primera vez a los espectadores de CMM desde un plató que, con el paso de los años, se ha parecido cada vez más a un salón compartido. Desde entonces han pasado más de 2.500 programas en directo, más de 5.000 personas y cerca de 2.000 parejas formadas gracias al espacio.

Detrás de esas cifras hay tardes menos largas, teléfonos que vuelven a sonar y personas que, después de mucho tiempo, recuperan una palabra sencilla y enorme: compañía.

Una televisión pública que acompaña

La directora general de Castilla-La Mancha Media, Carmen Amores, resume la esencia del formato con una frase que explica buena parte de su permanencia: ‘En Compañía’ es «mucho más que un programa». Es un formato perfecto. Redondo.

Y lo es porque su objetivo no se queda en llenar una franja de la tarde. Este espacio ha convertido la televisión autonómica en una herramienta cercana, útil y humana. Una televisión que no solo informa o entretiene, sino que también ayuda.

Amores defiende que uno de los mayores servicios públicos que puede ofrecer CMM es intentar que la gente no esté sola. Esa idea sostiene el corazón del programa: mirar a los pueblos, a las ciudades, a los mayores y a las familias para recordar que la soledad no siempre se combate con grandes discursos, sino con una silla libre, una conversación y una oportunidad.

En estos diez años, ‘En Compañía’ ha sido testigo de 18 matrimonios nacidos gracias al programa y de otras cinco bodas previstas para este verano. También han nacido tres niños fruto de historias de amor que comenzaron en el plató.

Ramón García y el corazón como guion

Ramón García reconoce que ponerse al frente de ‘En Compañía’ fue un reto. Venía de otros formatos, de otros registros y de otra manera de mirar a cámara. Pero este programa pedía algo distinto. No bastaba con presentar bien. Había que escuchar bien.

El comunicador explica que para conducir este espacio es fundamental hacerlo «con corazón». Quizá ahí esté una de las claves de su éxito. Quien se sienta en ese plató no llega solo a pasar una tarde. Llega con una vida encima.

Llegan duelos, separaciones, pérdidas, miedos, vergüenzas y muchas ganas de volver a empezar. Llegan personas que se atreven a decir ante toda Castilla-La Mancha algo que cuesta mucho pronunciar: «Estoy solo».

Por eso, cada entrevista exige delicadeza. Ramón García habla de equilibrar las tristezas con humor, con sonrisas y con naturalidad. De sostener historias duras sin convertirlas en espectáculo. De hacer televisión en directo, sí, pero también una forma de cuidado.

En estos diez años han pasado por el programa historias capaces de hacer reír y llorar en la misma tarde. Personas que llegaron rotas a un sillón individual y terminaron compartiendo sofá. Hombres y mujeres que volvieron a arreglarse para una cita, a esperar una llamada o a imaginar un futuro acompañado.

El trabajo invisible antes de cada historia

Gloria Santoro ponía palabras a otra parte esencial del programa: el trabajo humano que ocurre antes de que se enciendan los focos.

Detrás de cada invitado hay llamadas, conversaciones, paciencia y una sensibilidad enorme para tratar historias personales que no pueden abordarse con prisa. La copresentadora lo explica con una imagen muy clara: en la redacción hay personas que hablan con los invitados como si fueran sus abuelos.

Esa cercanía es la que permite que tantas personas confíen en el formato. Nadie se sienta en un plató a contar su vida si no siente respeto. Nadie habla de su soledad si percibe burla, distancia o impostura.

La grandeza de ‘En Compañía’ está precisamente ahí: en haber conseguido que sus protagonistas se sientan cuidados.

Santoro defiende que el programa transmite una ayuda real. Que su labor consiste en recordar a muchas personas que aún tienen oportunidades por delante. Porque a cierta edad —aunque no solo a cierta edad— la sociedad tiende a hablar de lo que ya pasó. ‘En Compañía’ habla de lo que todavía puede pasar.

Diez años después, sigue latiendo

Uno de los grandes logros de ‘En Compañía’ ha sido ayudar a normalizar que una persona mayor quiera rehacer su vida, buscar pareja o abrirse a una nueva ilusión.

Durante mucho tiempo, muchas familias miraban estas decisiones con extrañeza. Como si el deseo de estar acompañado tuviera fecha de caducidad. Como si el amor, la ternura o las ganas de tener a alguien al lado fuera solo cosa de jóvenes.

El programa ha demostrado lo contrario. Que una madre viuda puede querer volver a salir. Que un padre solo puede necesitar una mano. Que una persona de 70, 80 o incluso 90 años no tiene por qué resignarse a mirar la vida desde la ventana.

‘En Compañía’ ha cumplido diez años como líder de la sobremesa en Castilla-La Mancha, pero su verdadero éxito no se mide solo en audiencias. Se mide en llamadas, en cartas, en bodas, en niños, en personas que vuelven al programa para contar que ya no están solas.

Diez años después, sigue siendo una de esas rarezas hermosas -y muy necesarias- de la televisión: un programa que no presume de cambiar el mundo, pero que ha cambiado muchas tardes. Y, a veces, cambiar una tarde basta para empezar a cambiar una vida desde este programa de la vida.

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