Panteón de Francisco Cuesta

Panteón de Francisco CuestaEuropa Press

Guadalajara suma el Panteón de Francisco Cuesta a su patrimonio: una joya que recuerda al cementerio de Milán

El impresionante museo al aire libre presente en el camposanto de Guadalajara recibe el compromiso del Ayuntamiento para la conservación de una de sus joyas patrimoniales

La muerte acompaña al ser humano desde su nacimiento, desde la primera piedra que construyó aquello que entendemos por humanidad. Buscar respuestas a su alrededor ha llevado a innumerables interpretaciones que conforman las diferentes culturas repartidas por el mundo.

Los enterramientos de la antigüedad exponen grandes pistas sobre la convivencia de aquellos primeros humanos con la muerte. En España, aparecen tumbas como las de Carcelén en Albacete, que muestran la visión de la muerte hace más de 4.400 años. Estas tumbas presentan restos en tumbas forradas de cerámica y acompañados de joyas exponen un ritual de acompañamiento de ajuares en los restos de la vida que se ha marchado.

Con el paso de la historia, filosofía y religión han construido un relato con el fin de dar respuestas que siguen sin llegar. El gran misterio sigue sin resolverse, pero resulta de un interés ineludible contemplar los enterramientos que el humano ha depositado por el planeta en función de diferentes ritos, culturas y religiones.

Si bien existen culturas que alejan la muerte de su vida y tratan de convivir con ella lo menos posible, hay otras que la acogen como motivo de celebración e incluso como exponente artístico, entre muchas otras interpretaciones. En el caso del cementerio monumental de Milán, acercarse a la muerte sirve para pasear por un auténtico museo al aire libre de esculturas, así como pequeños templos imperdibles para cualquier amante del arte. En Guadalajara, el Panteón de Francisco Cuesta recuerda a ese caminar entre joyas escultóricas.

La Muerte les guía al umbral

Entre tumbas como cualquier otra dentro del camposanto de Guadalajara, una escultura llama la atención. Tres figuras se presentan ante una puerta entreabierta. El mármol blanco da forma a sus figuras, tres de ellas se adentran en el umbral de la puerta guiadas por la Muerte.

La ejecución de la obra se debe disfrutar desde sus diferentes ángulos para apreciar los detalles de esta alegoría clásica de composición exenta y tridimensional. Por su calidad artística y su singularidad, el conjunto está considerado una de las piezas más evocadoras y románticas del Cementerio Municipal, hasta el punto de recibir anualmente visitas de colegios profesionales de arquitectura interesados en su factura y su composición.

La obra destaca por el dominio del escorzo y por el empleo de la técnica del paño mojado, un recurso heredado de la tradición escultórica clásica y barroca que permite que los pliegues del tejido se ciñan al cuerpo y revelen la anatomía con un naturalismo extraordinario, según ha informado el Ayuntamiento en nota de prensa.

Figura indispensable de Guadalajara

Panteón de la Duquesa de Sevillano

(Foto de archivo de otra joya funeraria de Guadalajara) Panteón de la Duquesa de SevillanoSanti Rodríguez Muela

El Panteón de Francisco Cuesta expone un alarde de arte escultórico inspirado en la herencia clásica y barroca. El proyecto encuentra su confección en 1912 y fue ejecutado un año después. Durante años, la autoría fue dada a Manuel Garnelo, pero la documentación hallada en los últimos años apunta al escultor José Garnelo y Alda.

El nombre que da título al panteón corresponde a Francisco Cuesta, uno de los principales maestros de obras y contratistas de la Guadalajara de finales del siglo XIX y comienzos del XX.

Frente a la imagen del arquitecto, Cuesta fue el constructor y promotor que materializó sobre el terreno numerosos proyectos firmados por arquitectos de prestigio provincial, como el propio Ramón Cura, Velázquez Bosco o Antonio Vázquez de Figueroa, y su actividad resultó decisiva en la transformación urbana del ensanche de la ciudad entre 1890 y 1925, con la construcción de viviendas burguesas y edificios civiles.

Descrito por las crónicas como una persona retraída, tímida y de escasa proyección social y política, Cuesta tuvo poca relevancia pública en vida, pero a su muerte dejó en testamento una parte sustancial de su patrimonio para dotar de estructuras de beneficencia a la ciudad de Guadalajara, un gesto que explica que hoy una calle del casco urbano lleve su nombre.

Ahora, el Ayuntamiento de Guadalajara recupera la plena disponibilidad jurídica sobre el enterramiento para destinar todos los esfuerzos a su conservación y protección, como exige su declaración como Bien de Interés Patrimonial.

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