Francisquete
«¡Que viene el Tío Camuñas!»: la sangrienta historia del guerrillero que aterrorizó al ejército de Napoleón
Camuñas revive este fin de semana la leyenda de Francisquete, el toledano que juró vengar la muerte de su hermano y acabó convertido en un personaje para asustar a generaciones de niños
Antes de convertirse en el personaje con el que durante generaciones se asustó a los niños, el Tío Camuñas tuvo rostro, familia y una historia marcada por la sangre. Su verdadero nombre era Francisco Sánchez Fernández, nació en la localidad toledana de Camuñas y llegó a convertirse en uno de los guerrilleros más temidos por las tropas de Napoleón durante la Guerra de la Independencia.
Más de dos siglos después de su muerte, su pueblo vuelve a levantar campamentos, desempolvar trabucos y llenar sus calles de soldados franceses. Camuñas celebrará desde este viernes 31 de julio hasta el domingo 2 de agosto la XIX edición de «Francisquete: Viaje al siglo XIX», una recreación histórica que devuelve la vida al hombre que se esconde detrás del célebre grito: «¡Que viene el Tío Camuñas!».
De correo a azote de los franceses
Francisco Sánchez Fernández nació en Camuñas el 11 de septiembre de 1762. Se cree que trabajó como correo, un oficio que le habría permitido adquirir una extraordinaria destreza a caballo y conocer al detalle los caminos de La Mancha. Aquellas habilidades terminarían resultando decisivas cuando España fue ocupada por el Ejército napoleónico.
Su transformación en guerrillero estuvo precedida por una sucesión de tragedias. En mayo de 1809, los franceses asaltaron la vivienda que compartía con su hermano Juan Pedro. Francisquete consiguió escapar saltando las tapias, pero su hermano fue alcanzado, capturado y ejecutado. Su cuerpo terminó colgado de una de las aspas del antiguo Molino Viejo, conocido actualmente como Molino de la Unión.
Pocas semanas después murió también Francisco, uno de los hijos de Francisquete, con apenas diez años. La violencia de la ocupación, el asesinato de su hermano y la pérdida del pequeño empujaron al camuñero a recorrer las localidades cercanas en busca de hombres dispuestos a combatir.
Logró reunir una partida de una treintena de jinetes, buenos tiradores y profundos conocedores del terreno. Así comenzó una lucha feroz contra los franceses que convertiría el camino real entre Madridejos y Despeñaperros en uno de sus principales territorios de actuación.
El grito que sobrevivió a Napoleón
Francisquete y sus hombres atacaban por sorpresa, interceptaban correos, se apoderaban de convoyes y desaparecían antes de que las tropas imperiales pudieran reaccionar. Entre las acciones que se le atribuyen figuran ataques contra destacamentos en La Guardia y Puerto Lápice, la rendición de más de un centenar de soldados franceses en Lillo y la captura de carros cargados de munición y suministros.
La fama de aquella partida creció hasta convertir a su jefe en una figura temida. La tradición sostiene que, cuando los soldados franceses advertían su presencia, daban la voz de alarma con una frase que terminaría atravesando los siglos: «¡Que viene el Tío Camuñas!».
El apodo procedía de su localidad natal, pero acabó adquiriendo vida propia. Con el paso del tiempo, aquel aviso de guerra abandonó los caminos manchegos y entró en las casas como una amenaza para conseguir que los niños obedecieran. En distintos lugares de España, el Tío Camuñas llegó a ser presentado como una criatura que vivía en tejados o desvanes y que podía llevarse a los pequeños.
El guerrillero real fue desapareciendo bajo la leyenda. Para los franceses había sido un bandolero sanguinario; para Camuñas, un héroe de la resistencia frente al invasor.
Capturado y fusilado en Belmonte
Su guerra terminó en noviembre de 1811. Francisquete fue sorprendido en Belmonte por varios destacamentos franceses, resultó herido y cayó prisionero junto a los pocos hombres que todavía lo acompañaban.
Fue fusilado el 13 de noviembre junto a las murallas de la localidad conquense. Tenía 49 años y llevaba cerca de tres combatiendo a las tropas napoleónicas. Por orden del general francés, recibió sepultura en la Colegiata de Belmonte. Moría Francisco Sánchez Fernández, pero comenzaba la leyenda del Tío Camuñas.
Un pueblo entero regresa al siglo XIX
Camuñas recuperará este fin de semana aquella historia mediante desfiles de tropas napoleónicas, campamentos militares, representaciones teatrales, mercado de época, muestra de artesanía, talleres infantiles y visitas guiadas al Molino de la Unión, escenario estrechamente vinculado a la tragedia familiar de Francisquete.
El momento central será el Juramento del Guerrillero, una representación que recrea la decisión de Francisco Sánchez de levantarse contra los franceses tras la muerte de su hermano. El programa se completará con homenajes, salvas de armas de avancarga y un alegato por la paz.
Durante tres días, todo un pueblo viajará hasta los años más convulsos del siglo XIX para recuperar al hombre que la tradición convirtió en monstruo infantil. Porque el Tío Camuñas no vivía en los tejados ni se llevaba a los niños: cabalgaba por los caminos de La Mancha y quienes realmente temblaban al escuchar su nombre eran los soldados de Napoleón.