Alarcos
El gran enigma de Alarcos: cien tumbas y 20 cráneos aspiran al descubrimiento del año
National Geographic sitúa el entramado funerario del yacimiento de Ciudad Real entre los cinco candidatos al Mejor Descubrimiento de España
Durante siglos, el nombre de Alarcos estuvo unido a una de las derrotas más dolorosas de la historia medieval de Castilla. Ahora, sin embargo, es su pasado íbero el que ha devuelto este cerro de Ciudad Real a la primera línea nacional. Bajo su tierra apareció una extraordinaria ciudad de los muertos: cerca de un centenar de enterramientos, ajuares llegados del Mediterráneo y restos humanos que desafían lo que se sabía sobre los rituales funerarios de aquella cultura.
El entramado funerario del Parque Arqueológico de Alarcos ha sido seleccionado por National Geographic Historia como candidato a Mejor Descubrimiento. Una nominación que coloca al yacimiento ciudadrealeño entre los cinco grandes hallazgos arqueológicos que compiten por este reconocimiento.
Alarcos se enfrenta al pecio romano de Ses Fontanelles, hallado en Mallorca; una colección epigráfica romana localizada en Cádiz; el santuario romano de la Cova de les Dones, en Valencia, y el ajuar de un enterramiento prehistórico descubierto en Sevilla. El ganador será decidido mediante una votación popular que ya se encuentra abierta.
Un cementerio que rompe las reglas
El principal motivo que hace excepcional a Alarcos se encuentra en la denominada Necrópolis Ibérica III, situada frente a la ladera sur del cerro y vinculada al antiguo oppidum o ciudad fortificada que dominaba este territorio.
Las excavaciones iniciadas en este sector en 2021 han permitido documentar cerca de un centenar de tumbas de diferentes tipos. Hay enterramientos en hoyos sencillos, pequeñas cajas construidas con piedra y estructuras funerarias de carácter monumental.
Pero lo que verdaderamente sorprendió a los investigadores fue la aparición de varias inhumaciones. Los íberos acostumbraban a quemar a sus muertos y depositar las cenizas en urnas, por lo que encontrar cuerpos sin incinerar constituye una práctica poco habitual y abre numerosas preguntas sobre la identidad y el significado de estos individuos.
En una de las sepulturas aparecieron además 20 cráneos sin sus correspondientes cuerpos, fechados en el siglo III antes de Cristo. El hallazgo provocó un auténtico rompecabezas para los arqueólogos: podrían corresponder a enemigos convertidos en trofeos, a miembros de la propia comunidad o a algún ritual todavía desconocido.
Junto a los restos humanos se han recuperado armas, adornos y valiosos ajuares. Uno de los conjuntos más espectaculares está formado por 49 piezas de cerámica ática, ocho ungüentarios de pasta vítrea, una cuenta azul y varias placas de hueso, posiblemente pertenecientes a una pequeña caja. Los investigadores sitúan estos objetos entre los años 380 y 370 antes de Cristo.
Las huellas de combustión, los recipientes utilizados para beber y la ausencia de alimentos apuntan a ceremonias en las que pudieron realizarse libaciones y destruirse deliberadamente algunos objetos como ofrenda a los fallecidos. También demuestran que aquella comunidad del interior peninsular mantenía contactos comerciales con territorios alejados del Mediterráneo.
Más de tres mil años bajo un mismo cerro
El valor de Alarcos va mucho más allá de su necrópolis. Situado junto al Guadiana, a unos ocho kilómetros de Ciudad Real, el enclave conserva una secuencia histórica que se extiende desde la Edad del Bronce hasta la Edad Media.
Las excavaciones comenzaron en 1984 y han sacado a la luz viviendas íberas, murallas, restos de un castillo y numerosas piezas vinculadas a las distintas culturas que ocuparon el cerro. Su superficie intramuros alcanza unas 22 hectáreas, lo que lo convierte en uno de los conjuntos arqueológicos más extensos de Castilla-La Mancha.
Siglos después de la etapa íbera, Alarcos volvió a convertirse en escenario de la historia. Allí se enfrentaron en 1195 las tropas de Alfonso VIII y el ejército almohade de Almansur. La derrota cristiana frenó la construcción de la ciudad medieval y marcó el destino del lugar. Tras fracasar los posteriores intentos de repoblación, Alfonso X fundó Villa Real en 1255, origen de la actual Ciudad Real.
Ahora son sus tumbas, y no aquella batalla, las que pueden dar a Alarcos un nuevo lugar en la historia. El Ayuntamiento ha pedido la movilización ciudadana para apoyar la candidatura en la votación de National Geographic Historia. Bajo este cerro manchego todavía quedan preguntas sin respuesta, pero su extraordinaria ciudad de los muertos ya se encuentra entre los grandes descubrimientos arqueológicos de España.