Villahermosa recupera su histórico Monumento PascualAYUNTAMIENTO

El tesoro barroco de Ciudad Real que vuelve a la luz tras 47 años y esconde un eclipse pintado hace siglos

El Monumento Pascual de Villahermosa, una gigantesca escenografía religiosa de 14 metros, volverá a mostrarse desde este sábado tras la restauración de sus primeros lienzos

Un eclipse pintado hace más de tres siglos reaparecerá en Villahermosa apenas cuatro días antes de que el cielo vuelva a oscurecerse sobre España. El detalle se encuentra en la parte superior de La Flagelación, uno de los tres grandes lienzos restaurados del Monumento Pascual, el colosal conjunto barroco que regresa a la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción después de 47 años sin montarse.

La apertura al público tendrá lugar este sábado 8 de agosto y coincidirá con el último concierto del V Ciclo de Conciertos de Órgano. Será el comienzo de una programación especial que se prolongará hasta el próximo 31 de agosto, con visitas y actividades destinadas a divulgar una obra prácticamente desconocida fuera del Campo de Montiel.

No se trata de una escultura ni de un retablo convencional. El Monumento Pascual era una gigantesca tramoya formada por lienzos y bastidores de madera que transformaba por completo el altar mayor durante el Jueves y el Viernes Santo. Sus arquitecturas pintadas engañaban a la vista y hacían creer al espectador que el interior de la iglesia se prolongaba hacia un templo mucho más profundo.

El conjunto original alcanzaba unas dimensiones extraordinarias: 10,30 metros de anchura, 14 metros de altura y entre dos y tres metros de profundidad. Una construcción efímera, levantada dentro del propio templo, que convertía los oficios religiosos en una experiencia visual de enorme impacto.

Un templo pintado dentro de la iglesia

El Monumento Pascual está datado entre finales del siglo XVII y comienzos del XVIII, aunque algunos elementos iconográficos han llevado a los especialistas a rastrear influencias anteriores. Su función era custodiar el Santísimo Sacramento desde el Jueves Santo, ya que durante los oficios del Viernes Santo no se celebra misa ni se consagra.

La arqueta eucarística se situaba al fondo de la composición. Hacia ella convergían todas las líneas de fuga de los lienzos, colocados en planos sucesivos y cada vez más pequeños. Este recurso generaba una perspectiva acelerada que multiplicaba visualmente la profundidad del altar.

El primer plano se levantaba como un gran arco de triunfo, con columnas de capiteles corintios, mármoles fingidos, molduras, guirnaldas y racimos de frutas. La estructura se organizaba como un retablo monumental, con diferentes cuerpos y escenas de la Pasión de Cristo.

Detrás aparecían nuevos arcos, columnas, bóvedas y una cúpula pintada. El resultado era una suerte de escenario teatral religioso. De hecho, un estudio firmado por Santiago Bellón considera que el conjunto debe relacionarse más con el «arte de las tramoyas» o las arquitecturas fingidas que con una obra efímera propiamente dicha, ya que no se destruía después de cada celebración, sino que se desmontaba y volvía a levantarse cada Semana Santa.

254 ángeles y un eclipse escondido

La magnitud del conjunto no se mide únicamente en metros. El estudio de Bellón contabiliza ocho representaciones de Jesús, 34 figuras, cinco animales y nada menos que 254 ángeles distribuidos por los diferentes planos.

Las pinturas recorren algunos de los episodios fundamentales de la Pasión: la Última Cena, el Lavatorio, el Prendimiento, la Coronación de espinas, el Despojo de las vestiduras, la Flagelación, la presentación de Cristo ante el pueblo y la Oración en el Huerto.

También aparecen numerosos símbolos: los clavos, la corona de espinas, la lanza de Longinos, la escalera del Descendimiento, la espada de San Pedro, el gallo de las negaciones, los dados con los que los soldados se repartieron las vestiduras de Jesús y la bolsa con los treinta denarios de Judas.

Uno de los detalles más llamativos se encuentra precisamente en las escenas inferiores. Judas aparece con la bolsa de monedas mientras un pequeño demonio con forma de dragón le susurra al oído, una representación heredada de la iconografía medieval.

Pero la coincidencia más sorprendente está en La Flagelación. Sobre la escena aparecen el sol y la luna con rasgos humanos. El sol presenta un gesto grave y se muestra parcialmente oscurecido por un eclipse. Una imagen pintada hace siglos que vuelve a contemplarse justo en vísperas del fenómeno astronómico del próximo 12 de agosto.

Tres lienzos recuperados

Esta primera fase permitirá exhibir La Flagelación, El Despojo de las Vestiduras y El Lavatorio. La restauración ha sido realizada por Oppida y Baucis Restaura, bajo la dirección técnica de M. Caridad Nieto Díaz y Ana López Fernández.

La intervención ha incluido la documentación de las obras, la limpieza físico-química, la consolidación de los soportes, la retirada de antiguas restauraciones inadecuadas, la reintegración cromática y la aplicación de un barniz protector con filtro ultravioleta.

El montaje comenzó el pasado 3 de agosto después de varios meses de planificación. La estructura ha sido diseñada para soportar los lienzos sin poner en riesgo unas piezas extremadamente delicadas.

La recuperación todavía no ha terminado. El proyecto contempla una segunda fase para intervenir en el resto del conjunto y establecer un plan de conservación preventiva. Sin embargo, la reapertura anunciada por el Ayuntamiento devuelve ya a Villahermosa una de las obras religiosas más singulares de Castilla-La Mancha.

Después de 47 años desmontado, el gigantesco escenario barroco vuelve a ocupar la iglesia para la que fue concebido. Y lo hace mostrando de nuevo aquel eclipse que un artista anónimo dejó atrapado en sus lienzos hace más de tres siglos.