Beato Julián Pozo Ruíz de Samaniego, sacerdote y mártir
El sacerdote al que cosieron a balazos mientras rezaba de rodillas en una carretera de Cuenca
Este 9 de agosto se cumplen 90 años del asesinato del beato Julián Pozo, ejecutado junto al sacerdote Crisóstomo Escribano en el kilómetro 8 de la carretera de Tragacete
Un crucifijo en una mano, el rosario en la otra y las rodillas apoyadas en el suelo. Así sitúan las crónicas religiosas los últimos instantes del sacerdote redentorista Julián Pozo Ruiz de Samaniego, asesinado a tiros a las afueras de Cuenca cuando apenas tenía 33 años.
Este 9 de agosto se cumplen exactamente 90 años de aquella muerte. Pozo fue sacado del Seminario de Cuenca junto al presbítero Crisóstomo Escribano, secretario del Obispado, y conducido hasta el kilómetro 8 de la carretera de Cuenca a Tragacete. Allí fueron asesinados durante las primeras semanas de la Guerra Civil.
Para la Iglesia católica, aquella ejecución fue un martirio motivado por el odio a la fe. Julián Pozo fue beatificado en Tarragona el 13 de octubre de 2013 junto a otros cinco redentoristas vinculados a Cuenca.
Una vocación marcada por la enfermedad
Julián Pozo nació el 7 de enero de 1903 en Payueta, una pequeña localidad de Álava. Con diez años ingresó en el seminario menor redentorista de El Espino, en Burgos. Profesó como religioso en 1920 y recibió la ordenación sacerdotal el 27 de septiembre de 1925.
Su vida estuvo condicionada por la tuberculosis que padecía desde 1921. La enfermedad le impidió dedicarse con normalidad a la predicación y las misiones populares, pero no puso fin a su labor religiosa. Se concentró en la oración, la atención a los enfermos, las confesiones y la dirección espiritual.
En 1928 fue destinado a la comunidad redentorista de Cuenca donde era especialmente buscado por los fieles como confesor y consejero.
«A ver si somos los primeros mártires»
La situación se volvió insostenible tras el estallido de la Guerra Civil. El 20 de julio de 1936, Pozo abandonó el convento de San Felipe y encontró refugio, junto al hermano Victoriano Calvo, en la vivienda de las hermanas Eugenia y Joaquina Muñoz.
Las mujeres les preguntaron qué responderían si alguien acudía a buscarlos. La contestación atribuida al sacerdote anticipó trágicamente lo que sucedería días después: «Presentarnos como lo que somos: religiosos y redentoristas. Nosotros no tenemos mártires; a ver si vamos a ser los primeros».
El 25 de julio se trasladaron al Seminario de Cuenca. Para entonces, la persecución contra sacerdotes y religiosos ya había provocado las primeras muertes entre los miembros de la comunidad redentorista de la ciudad.
El kilómetro 8 de la carretera de Tragacete
El 9 de agosto, Julián Pozo fue sacado del Seminario junto a Crisóstomo Escribano. Ambos fueron conducidos por la carretera de Tragacete y asesinados a tiros.
La inscripción del Registro Civil que sitúa la aparición de los cadáveres en el segundo hectómetro del kilómetro 8. Las fuentes religiosas sostienen que Pozo murió rezando, de rodillas y sosteniendo un crucifijo y un rosario.
Benedicto XVI reconoció oficialmente su martirio en diciembre de 2012. Menos de un año después fue elevado a los altares con sus cinco compañeros redentoristas de Cuenca. Nueve décadas después de su asesinato, aquella carretera sigue siendo el escenario del episodio más estremecedor de su historia.