Escuela Infantil Gloria Fuertes, Toledo
La Casita de Chocolate rompe su silencio y acusa al Ayuntamiento de Toledo de «faltar a la verdad»
La empresa niega haber paralizado por sí sola la licitación, asegura que alertó del problema el 16 de junio y afirma que se ofreció a gestionar las escuelas durante todo el curso
La batalla por las escuelas infantiles municipales de Toledo ha entrado en una nueva y tensa fase. La Casita de Chocolate ha roto su silencio para responder con dureza al Ayuntamiento y acusarlo de ofrecer un relato que «no se corresponde con la realidad documental de lo sucedido» y que, a su juicio, falta a la verdad.
La empresa, que cuenta con 25 años de trayectoria educativa y lleva 15 años al frente de las escuelas infantiles municipales, rechaza que se la responsabilice de la incertidumbre creada ante el comienzo del próximo curso. Lo hace mediante un extenso comunicado en el que reconstruye las actuaciones realizadas durante los últimos meses y sostiene que trató de advertir y solucionar los problemas antes de acudir a los tribunales administrativos.
«Nuestra prudencia no puede interpretarse como aceptación», advierte La Casita de Chocolate, que asegura haber guardado silencio durante meses para no alimentar una situación ya especialmente compleja.
El Tribunal suspendió la licitación de oficio
Uno de los principales puntos de fricción está en la suspensión de la nueva licitación. La empresa recalca que presentó un recurso especial contra los pliegos y el estudio económico del contrato, pero no contra una adjudicación, y niega que el procedimiento quedara automáticamente paralizado por esta actuación.
Según explica, fue el Tribunal Administrativo Central de Recursos Contractuales el que, después de analizar los argumentos y dar audiencia al propio Ayuntamiento, decidió suspender cautelarmente la licitación de oficio.
El Tribunal habría considerado que los perjuicios derivados de continuar con el procedimiento podían ser superiores a los provocados por su suspensión hasta resolver el recurso. Por este motivo, La Casita de Chocolate considera «injusto» que se traslade a los vecinos que fue la empresa la que paralizó por sí sola el proceso.
Un aviso registrado el 16 de junio
La concesionaria asegura también que el recurso no fue su primera actuación. Antes de presentarlo, trasladó al Ayuntamiento diferentes deficiencias que, en su opinión, debían corregirse para garantizar la viabilidad del contrato.
Entre ellas se encontraba la aplicación de las tablas salariales de las trabajadoras. La empresa sostiene que el Consistorio terminó modificando esa partida y aplicando las tablas salariales A, tal y como había solicitado previamente.
Sin embargo, continuaban abiertas otras cuestiones relacionadas con el absentismo laboral y las condiciones económicas del servicio. La Casita de Chocolate insiste en que su intención no era detener la licitación, sino advertir de los problemas que podían surgir durante su ejecución.
La empresa afirma, además, que el 16 de junio registró un informe en el Ayuntamiento avisando de que la orden de continuidad terminaba el 31 de agosto y de que existía una posibilidad real de que la nueva adjudicación no estuviera resuelta antes del inicio del curso.
Aquel documento, según el comunicado, advertía de las consecuencias laborales, organizativas y operativas que podían sufrir las familias, las trabajadoras y las escuelas. La alerta se produjo con más de dos meses de antelación.
«No nos hemos negado a continuar»
La Casita de Chocolate niega tajantemente haberse desentendido de las escuelas. Asegura que, cuando recibió la propuesta municipal para prolongar temporalmente el servicio, la estudió, presentó documentación y planteó objeciones relacionadas con su duración y sus condiciones económicas.
La empresa sostiene que manifestó formalmente su disposición a gestionar los centros durante todo el curso escolar, siempre que se encontrara una fórmula jurídica y económicamente viable.
Lo que rechazó fue asumir una continuidad provisional que pudiera terminar en cualquier momento si el Tribunal resolvía el recurso y se reanudaba la licitación. Según argumenta, una solución de este tipo podría obligar a las familias a afrontar un cambio de empresa en septiembre y otro pocos meses después.
«Gestionar una escuela infantil requiere estabilidad», defiende la compañía, que recuerda la necesidad de organizar los equipos, recibir a los niños, contratar proveedores, preparar el comedor, gestionar los cobros y cumplir todas las obligaciones propias de un curso completo.
«Hasta el último día»
La empresa asegura que durante estos meses ha mantenido el funcionamiento ordinario de los centros, gestionando las matrículas, atendiendo a las familias y colaborando con los técnicos municipales. También anuncia que continuará prestando el servicio hasta el 31 de agosto y facilitará la transición que legalmente corresponda.
La Casita de Chocolate termina reclamando al Ayuntamiento el mismo respeto que, asegura, ha mantenido hacia la institución. «No entraremos en descalificaciones personales ni políticas», afirma antes de anunciar que defenderá su versión mediante «fechas, documentos, expedientes y resoluciones oficiales».
«Esa ha sido nuestra responsabilidad durante estos quince años. Y seguirá siéndolo hasta el último día», concluye la empresa.