Ignacio Sánchez Mejías
CIUDAD REAL
El toro que mató a Sánchez Mejías en Manzanares e hizo inmortal el verso más desgarrador de Lorca
El toro Granadino hirió al célebre torero el 11 de agosto de 1934. Murió dos días después en Madrid y Federico García Lorca convirtió la tragedia en una de las elegías más estremecedoras de la literatura española
La tarde del 11 de agosto de 1934 comenzó en Manzanares (Ciudad Real) como una corrida de toros y terminó convertida en historia de la literatura. Ignacio Sánchez Mejías se sentó en el estribo para iniciar la faena de muleta. Frente a él esperaba Granadino. Apenas unos segundos después, el pitón del animal le atravesó el muslo derecho.
Tenía 43 años y había vuelto a los ruedos después de un largo retiro. Aquel sábado toreaba en la plaza ciudadrealeña sustituyendo a Domingo Ortega, accidentado días antes. Compartían cartel el rejoneador Simao da Veiga, Fermín Espinosa Armillita y Alfredo Corrochano.
Granadino, un toro astifino de la ganadería manchega de Ayala, tendía a vencerse hacia dentro. Sánchez Mejías eligió, sin embargo, uno de los comienzos más arriesgados de su repertorio. Cuando trató de dar el pase sentado junto a las tablas del tendido 7, el animal lo atrapó y lo empotró contra la barrera.
La herida era aterradora. El torero fue conducido a una enfermería precaria, provista de muy pocos medios. Se negó a ser intervenido allí y pidió que lo trasladaran a Madrid, una decisión que acabaría resultando fatal. Fue operado en el antiguo Sanatorio de los Doctores Crespo y González, situado en la calle Goya, pero la infección ya avanzaba por su cuerpo.
Acto de inauguración de la placa que recuerda al torero Ignacio Sánchez Mejías
La gangrena terminó imponiéndose. Ignacio Sánchez Mejías murió el 13 de agosto de 1934, dos días después de aquella cornada. Una placa colocada por el Ayuntamiento de Madrid recuerda actualmente el lugar exacto en el que se apagó su vida, convertido entonces en uno de los sanatorios taurinos más conocidos de la capital.
Mucho más que un torero
La noticia conmocionó a España porque Sánchez Mejías no era únicamente una figura de los ruedos. Había sido escritor, dramaturgo, periodista, actor, piloto de avionetas, jugador de polo, presidente del Real Betis y de la Cruz Roja sevillana. Sobre todo, fue amigo, protector y mecenas de algunos de los grandes nombres de la Generación del 27.
Su finca de Pino Montano había reunido a Federico García Lorca, Rafael Alberti, Gerardo Diego, Dámaso Alonso, Jorge Guillén y otros protagonistas de aquella edad dorada de la cultura española. También colaboró en la organización del homenaje a Luis de Góngora celebrado en Sevilla en 1927, considerado uno de los actos fundacionales de aquella generación literaria.
MONUMENTO A IGNACIO SANCHEZ MEJIAS MANZANARES
Sánchez Mejías pertenecía a ese territorio en el que se cruzaban la plaza, los teatros, las tertulias y los libros. Su muerte no podía quedar reducida a una crónica taurina. Federico García Lorca comenzó poco después a escribir el Llanto por Ignacio Sánchez Mejías, publicado en 1935 e ilustrado por José Caballero.
La obra quedó dividida en cuatro partes: La cogida y la muerte, La sangre derramada, Cuerpo presente y Alma ausente. En la primera, Lorca repitió como un martillazo el verso que acabaría atravesando generaciones: «A las cinco de la tarde».
No fue solamente una hora. Fue la forma escogida por el poeta para detener el mundo en el instante de la tragedia. Cada repetición aumentaba la angustia, extendía la sombra de la muerte y convertía aquella plaza manchega en un escenario universal.
Los relojes que nunca avanzaron
Archivo-Museo Sánchez Mejías
Este 11 de agosto se cumplen 92 años de aquella cogida. Granadino terminó con la vida del torero, pero Lorca impidió que el tiempo lo enterrara. Desde entonces, en algún lugar de la memoria española, siempre vuelven a ser las cinco de la tarde.