Bodegas El Progreso
El vino manchego que se adelantó al 0,0 prepara su próxima revolución tras alcanzar 220.000 botellas
Viña Xétar, buque insignia de la cooperativa El Progreso de Villarrubia de los Ojos, trabaja en una bebida con menos alcohol que mantenga todos los matices del vino
Viña Xétar lleva más de dos décadas señalando el camino por el que ahora avanza buena parte del sector: bebidas más ligeras, afrutadas y con una graduación alcohólica reducida. Convertido en el gran buque insignia de la cooperativa El Progreso de Villarrubia de los Ojos, en Ciudad Real, el producto manchego prepara ahora una nueva transformación para conquistar a los consumidores que buscan beber menos alcohol sin renunciar al sabor del vino.
La cooperativa trabaja en un producto con una graduación intermedia entre el Viña Xétar tradicional y sus variedades 0,0. El proyecto, todavía en fase de desarrollo, irá acompañado previsiblemente de un envase de vidrio más pequeño, adaptado a las nuevas formas de consumo.
«Lo más novedoso ahora mismo es buscar un poquito menos de alcohol y, sin embargo, seguir teniendo esos matices de vino», explica el presidente de El Progreso, Jesús Julián Casanova, quien evita por ahora fijar una fecha para su llegada al mercado.
El desafío no es sencillo. Casanova compara la elaboración de un buen vino sin alcohol con intentar retirar la proteína o la grasa de un chuletón: al eliminar uno de sus elementos esenciales, el resultado corre el riesgo de dejar de ser el mismo. La clave, insiste, está en encontrar el equilibrio para que «la música suene como debe sonar».
De 15.000 a 220.000 botellas al año
Viña Xétar nació durante una vendimia, cuando numerosos visitantes probaban los vinos a medio fermentar, con una graduación de entre seis y siete grados, y quedaban sorprendidos por su dulzor natural y su carácter afrutado.
A partir de aquella experiencia, el enólogo y director técnico de la cooperativa, Juan Nieto, impulsó la elaboración de un mosto parcialmente fermentado. El proceso consiste en detener la fermentación a mitad de camino, estabilizar el producto y conservarlo en frío antes de embotellarlo.
La primera producción fue de apenas 15.000 botellas, pero el éxito obligó a aumentarla progresivamente. Actualmente, El Progreso elabora entre 200.000 y 220.000 botellas anuales, una cifra especialmente significativa por el valor añadido que aporta y por su importancia dentro de una cooperativa que comercializa numerosas referencias.
El Viña Xétar blanco se elabora con uva Airén, mientras que el tinto utiliza Tempranillo, dos variedades estrechamente vinculadas a Castilla-La Mancha. Desde sus comienzos encontró una gran acogida entre los consumidores más jóvenes y las mujeres, hasta convertirse en el producto de mayor valor y mejor comercialización de la cooperativa.
Su nombre también hunde sus raíces en la comarca. Xétar recuerda a Jétar, un antiguo pueblo que existió en el siglo XIX entre Fuente el Fresno y Villarrubia de los Ojos y al que se llegaba por el conocido como camino de los Volanderos o de los Veladores.
Una puerta de entrada al mundo del vino
El éxito no ha impedido que la marca experimente con nuevos formatos. Viña Xétar llegó a comercializar su variedad 0,0 en lata, aunque la propuesta no terminó de encajar entre los consumidores españoles, que todavía asocian ese recipiente con una menor calidad cuando contiene vino.
La misma división existe entre el tapón de rosca y el corcho. Según la cooperativa, el 49 % de sus clientes prefiere la rosca y el 51 % continúa apostando por el corcho, motivo por el que ambos sistemas conviven en sus diferentes variedades.
Actualmente, Viña Xétar se comercializa en blanco y tinto con baja graduación, así como en versiones 0,0 blanca y rosada. Su principal mercado continúa siendo España, donde también ha logrado abrirse paso en la coctelería, aunque cuenta con presencia internacional en Asia, el sur de Estados Unidos e Iberoamérica.
Para El Progreso, la marca funciona como una puerta de entrada a la cultura del vino. Atrae especialmente a quienes comienzan a interesarse por este mundo y buscan sabores más fáciles, frescos y afrutados. Una fórmula que se adelantó a su tiempo y que ahora vuelve a evolucionar en un momento en el que el consumo de alcohol continúa descendiendo y los productos con menor graduación ganan terreno.