La Chata y el Carlos Belmonte

Los dos colosos que Albacete estrenó un 9 de septiembre

La plaza de toros abrió sus puertas en 1917 con Gaona, Joselito y Saleri II; décadas después, el Carlos Belmonte se inauguró con un partido entre el Alba y el Sevilla

Albacete levantó dos de sus grandes símbolos en épocas muy distintas, para públicos diferentes y con 43 años de distancia. Sin embargo, ambos comparten una coincidencia histórica: los dos fueron inaugurados un 9 de septiembre, en plena Feria.

Primero llegó la plaza de toros, estrenada en 1917 con un cartel encabezado por algunas de las mayores figuras de la época. Después lo hizo el estadio Carlos Belmonte, que abrió sus puertas en 1960 con un amistoso entre el Albacete Balompié y el Sevilla.

Dos colosos destinados a concentrar las pasiones de miles de albacetenses y que quedaron unidos para siempre por una misma fecha.

Una tarde histórica en «La Chata»

La actual plaza de toros de Albacete fue inaugurada el 9 de septiembre de 1917. El edificio, proyectado por los arquitectos Julio Carrilero Prat y Vicente Sainz de Vicuña, nació con una marcada inspiración neomudéjar y capacidad para alrededor de 12.000 espectadores.

La ChataCultura de Castilla-La Mancha

El proyecto inicial era todavía más ambicioso, pues contemplaba una planta adicional que finalmente tuvo que descartarse por motivos económicos. Pese a esa modificación, el resultado fue uno de los edificios más reconocibles de la ciudad, con un ruedo de 48 metros de diámetro.

La corrida inaugural reunió a una terna histórica formada por el mexicano Rodolfo Gaona, José Gómez Ortega «Joselito» y Julián Sainz Martínez «Saleri II». Los toros pertenecían a la ganadería del poeta y criador sevillano Fernando Villalón.

El primer animal que salió por los chiqueros se llamaba Vengativo, un ejemplar negro zaíno que correspondió a Gaona. El primer gran triunfo del nuevo coso lo protagonizó Joselito al cortar las dos orejas de Bordador.

La ChataCultura de Castilla-La Mancha

Comenzaba así la historia de la plaza conocida popularmente como «La Chata», convertida con el paso del tiempo en escenario principal de la Feria Taurina de Albacete y en uno de los grandes emblemas arquitectónicos y sentimentales de la capital.

El sueño de un alcalde y arquitecto

Exactamente 43 años después, Albacete volvió a estrenar un gran recinto el mismo día del calendario. El 9 de septiembre de 1960, la ciudad inauguró el estadio Carlos Belmonte.

A finales de los años cincuenta, el Albacete Balompié necesitaba abandonar las deficientes instalaciones del Parque de los Mártires. El impulsor del nuevo estadio fue el entonces alcalde, Carlos Belmonte González, quien además era arquitecto y se encargó de diseñar el proyecto.

Carlos BelmonteAlbacete Balompié

Su idea iba más allá de construir un campo para el Alba. El complejo debía disponer también de pistas de atletismo y de instalaciones polideportivas anexas para que los vecinos contaran con un gran espacio dedicado al deporte. El estadio fue bautizado con el nombre de su precursor y diseñador.

Miles de personas acudieron a la inauguración, celebrada en plena Feria. La Banda Municipal puso música a una jornada en la que también desfilaron alrededor de 200 atletas.

El acontecimiento central fue un partido amistoso entre el Albacete Balompié y el Sevilla FC. El Alba estrenaba de este modo una casa que pronto quedaría asociada a uno de sus primeros grandes éxitos: en aquella temporada, el equipo consiguió el ascenso a Segunda División.

Dos pasiones unidas por la Feria

Desde sus respectivas inauguraciones, los dos edificios han acompañado la transformación de Albacete. Por el ruedo de la plaza han pasado las mayores figuras del toreo, mientras que el Carlos Belmonte ha visto al Alba competir en Primera División y ha acogido partidos de la selección española.

Los separan más de cuatro décadas, estilos arquitectónicos diferentes y dos mundos con liturgias propias. Pero los une la pasión de una ciudad y una fecha marcada por su celebración más importante. Cada 9 de septiembre, Albacete puede festejar el nacimiento de sus dos grandes colosos: uno con albero y otro con césped.