Toledo

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La plaza imposible de Isabel la Católica para unir Zocodover y el Alcázar sobre un muro de 23 metros

Una Real Cédula de 1502 autorizó un proyecto con soportales, mercado, almacén de trigo y carnicería que habría transformado para siempre el corazón de Toledo

Toledo pudo haber tenido una plaza gigantesca extendida desde Zocodover hasta el Alcázar, levantada sobre un muro comparable a un edificio de ocho plantas. El sorprendente proyecto no pertenece a una leyenda: fue autorizado por Isabel la Católica mediante una Real Cédula firmada el 7 de septiembre de 1502.

Han transcurrido 524 años desde aquella decisión que, de haberse ejecutado, habría modificado por completo la imagen y el funcionamiento del centro histórico toledano. La obra pretendía resolver dos problemas: Zocodover se había quedado pequeño y el Alcázar carecía de una plaza adecuada ante su fachada principal.

La iniciativa partió del propio Ayuntamiento de Toledo. La reina autorizó al corregidor, los alcaldes, alguaciles, regidores, caballeros, escuderos, jurados y demás representantes de la ciudad a emprender una actuación que el historiador Julio Porres Martín-Cleto calificó siglos después como «titánica».

Una plaza al mismo nivel que Zocodover

La intención no consistía únicamente en ensanchar Zocodover. El documento permitía construir una nueva plaza delante del Alcázar, levantar los muros necesarios y prolongar el espacio alrededor del palacio hasta alcanzar el postigo de San Miguel.

El propósito aparece expresado con claridad en la documentación: la plaza situada ante el Alcázar debía quedar igualada con Zocodover. La Real Cédula original, firmada por Isabel la Católica y su secretario, se conserva en el Archivo Municipal de Toledo, dentro del cajón cuarto, legajo primero, número 13.

No se trataba de una explanada vacía. La Corona llegó a determinar cómo debían construirse las casas situadas en sus laterales, incluyendo sus alturas y la obligación de levantar soportales. La nueva plaza habría estado rodeada de edificios destinados a viviendas, servicios y actividades comerciales.

El proyecto contemplaba una puerta hacia el barrio de San Miguel y otra en dirección a la puerta de Doce Cantos. En este segundo acceso se construiría una escalera «ancha y llana» para comunicar la zona baja con la enorme plataforma.

Mercado, trigo, carbón y una carnicería

La plaza estaba concebida como un nuevo centro comercial para Toledo. En sus edificios debían instalarse la alhóndiga o depósito municipal de trigo, el mesón de la fruta y el carbón y una carnicería explotada por el Ayuntamiento en régimen de monopolio.

También se preveía trasladar hasta allí el llamado «martes», el mercado franco concedido anteriormente a Toledo por Enrique IV y celebrado entonces en Zocodover. Una calle exterior de 140 pies de anchura completaría la actuación.

De haberse materializado, el centro cotidiano de la ciudad se habría desplazado hacia el Alcázar. Comerciantes, compradores, transportistas y vecinos habrían ocupado una plaza porticada de dimensiones excepcionales, construida en el punto más elevado del casco toledano.

Un muro tan alto como una casa de ocho pisos

El gran problema estaba bajo los pies. La explanada situada ante la fachada principal del Alcázar se encuentra aproximadamente a 548 metros de altitud, mientras que Zocodover está a unos 525. Entre ambos puntos existe, por tanto, una diferencia de 23 metros.

Para igualarlos habría sido necesario levantar un muro de contención de esa altura, comparable a una casa de ocho pisos, y rellenar después el enorme espacio resultante. La otra posibilidad consistía en rebajar la explanada superior, pero para ello habría sido preciso excavar el cerro en roca viva con los medios disponibles a comienzos del siglo XVI, mucho antes de la aparición de la dinamita.

La documentación conservada no recoge una orden formal de cancelación ni explica por qué se abandonó la empresa. Sin embargo, las dificultades técnicas y la magnitud de la intervención ayudan a comprender que nunca pasara del papel.

Isabel la Católica conocía bien Toledo y había visitado la ciudad en numerosas ocasiones. Porres Martín-Cleto mostró su sorpresa ante el hecho de que tanto las autoridades locales como la propia reina aprobaran una obra tan difícil de ejecutar.

El plano que desapareció

Del ambicioso proyecto únicamente se conserva el acuerdo y la Real Cédula que autorizaba su realización. El plano que debió prepararse para presentarlo ante la reina no ha llegado hasta nuestros días. Por eso resulta imposible saber con exactitud su superficie, configuración completa o aspecto arquitectónico.

Las vistas del Alcázar realizadas durante el siglo XVIII todavía muestran ante su fachada norte un elevado talud, probablemente rocoso, y un camino que rodeaba el edificio. El paisaje permite imaginar el gigantesco desafío que habría supuesto elevar toda aquella zona hasta formar una plaza uniforme.

Más de un siglo después, en 1616, Toledo acometió otro ensanche de Zocodover mucho más modesto y viable. En esa ocasión se derribaron varias casas que avanzaban sobre la plaza entre las calles Sillería y Comercio. Esa intervención sí se llevó a cabo y contribuyó a configurar el espacio que ha llegado hasta la actualidad.

El proyecto de 1502, en cambio, quedó como una de las transformaciones urbanas más desmesuradas jamás planteadas para Toledo: una plaza monumental que habría prolongado Zocodover hasta el Alcázar sobre una estructura de 23 metros y cambiado para siempre una de las imágenes más reconocibles de la ciudad.

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