Cueva de la Judía

Cueva de la JudíaMaria del Val Pérez Nevado

La gigantesca sala oculta a 50 metros bajo un pueblo de Cuenca que está prohibido visitar

La Cueva de la Judía alberga la mayor estancia subterránea conocida de la provincia y permanece cerrada para proteger a sus colonias de murciélagos

Sobre la superficie solo se distinguen los campos de secano y los páramos calizos de Las Valeras. Sin embargo, a 50 metros de profundidad se abre una estancia monumental que muy pocos podrán contemplar con sus propios ojos.

Es la gran sala de la Cueva de la Judía, considerada la mayor estancia subterránea conocida de la provincia de Cuenca. Tiene aproximadamente 400 metros cuadrados y forma parte de una compleja red de galerías, estalactitas, estalagmitas y coladas calcáreas modeladas durante miles de años.

La cavidad se encuentra en el término municipal de Las Valeras, dentro de la Sierra Media Conquense y muy cerca de la hoz del río Gritos. El exterior, dominado por encinas, coscojas, sabinas y cultivos, apenas permite imaginar el mundo escondido bajo la roca.

Un refugio imprescindible

La importancia de la cueva no reside únicamente en sus dimensiones. Durante todo el año sirve como refugio para diferentes especies de murciélagos cavernícolas.

Entre ellas aparecen el murciélago ratonero grande, el ratonero mediano, el mediano de herradura y el murciélago de cueva. Algunas utilizan la cavidad durante la reproducción y otras para superar el invierno.

Precisamente esa riqueza natural provocó su declaración como microrreserva. El espacio protegido comprende unas cuatro hectáreas, aunque la zona periférica de protección eleva el conjunto hasta aproximadamente 197 hectáreas.

Entrada prohibida

La espectacularidad de la Cueva de la Judía ha despertado durante siglos el interés de exploradores y espeleólogos. Sin embargo, el aumento de visitas puede provocar graves molestias durante los periodos de cría e hibernación de los murciélagos.

Por ese motivo, el acceso al interior está prohibido para el público general. Además, la cueva se encuentra en terrenos privados, por lo que tampoco debe intentarse llegar hasta su boca sin consultar previamente con el Ayuntamiento.

Este año su historia cobra especial relevancia. El 13 de septiembre se celebrará por primera vez el Día Internacional de las Cuevas y el Karst, proclamado por la UNESCO en 2025 para concienciar sobre la protección de estos ecosistemas.

Cuenca podrá mirar entonces hacia una de sus grandes maravillas naturales, aunque para hacerlo tenga que imaginarla: una sala de 400 metros cuadrados escondida bajo la montaña y protegida de casi todas las miradas.

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