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El tesoro dulce de Castilla-La Mancha: 3.200 toneladas de miel y una lluvia de 4,3 millones

La región produce alrededor del 11 % de la miel española y se consolida como la cuarta potencia apícola del país

Castilla-La Mancha ha convertido la miel en uno de los grandes tesoros de su medio rural. La comunidad produce alrededor de 3.200 toneladas anuales, concentra cerca del 11 % de toda la producción nacional y ocupa ya el cuarto puesto entre las regiones españolas con mayor peso en este sector.

Para respaldar a los apicultores y reforzar la comercialización de sus productos, el Gobierno regional destinará durante 2026 un total de 4,3 millones de euros en ayudas.

La mayor parte del presupuesto, concretamente tres millones de euros, corresponde a la línea de Apicultura para la Mejora de la Biodiversidad. Se trata de una partida que fue ampliada el pasado año con el propósito de que «ningún profesional quede excluido», según ha explicado Martínez Guijarro.

Hasta el momento, 429 beneficiarios han recibido ya los pagos correspondientes a esta convocatoria.

Impulso a la venta de miel

El Ejecutivo autonómico también ha habilitado otra línea de ayudas dotada con 1,3 millones de euros para impulsar la promoción y la comercialización directa de la miel producida en Castilla-La Mancha.

Estas subvenciones se canalizan a través de las asociaciones apícolas y de aquellos productores que cuentan con un volumen elevado de producción. El objetivo es facilitar que la miel regional llegue al consumidor y gane presencia en el mercado.

Las cifras reflejan la importancia que ha alcanzado esta actividad en Castilla-La Mancha. Además de ser la cuarta comunidad productora de España, la región ocupa también el cuarto puesto por número de explotaciones apícolas y el sexto por cantidad de colmenas.

Martínez Guijarro ha subrayado que la apicultura no solo genera actividad económica y empleo en numerosos municipios, sino que también desempeña una función decisiva para el conjunto de la agricultura y la conservación de los ecosistemas.

La labor polinizadora de las abejas resulta fundamental para mantener la biodiversidad y favorecer el desarrollo de numerosos cultivos y especies vegetales. Por este motivo, las ayudas incluyen una línea específica destinada a reconocer esa contribución ambiental.