Miniatura del Libro de los juegos de Alfonso X

Los sabios de Toledo que tradujeron la ciencia árabe y cambiaron Europa para siempre

Traductores judíos, latinistas cristianos y estudiosos llegados de otros países convirtieron la ciudad en el gran puente medieval entre Oriente y Occidente

Mucho antes de que existieran internet, las universidades modernas o las grandes bibliotecas europeas, Toledo ya se había convertido en uno de los principales centros de transmisión del conocimiento. Entre sus murallas, un grupo heterogéneo de sabios consiguió que tratados escritos en árabe llegaran al latín y al romance y comenzaran a circular por todo el continente.

Cada 26 de septiembre se celebra el Día Europeo de las Lenguas, promovido por el Consejo de Europa desde 2001. La conmemoración permite volver la mirada hacia una de las grandes aportaciones culturales nacidas en Castilla-La Mancha: la llamada Escuela de Traductores de Toledo.

Su trabajo permitió recuperar y difundir obras de astronomía, matemáticas, medicina, geometría, filosofía y alquimia que habían sido conservadas, estudiadas y ampliadas por los autores árabes. Toledo se convirtió así en un extraordinario puente entre Oriente y Occidente.

La «escuela» que nunca tuvo aulas

Pese a su nombre, la Escuela de Traductores de Toledo no fue una academia formal, con edificio, profesores y alumnos. Los investigadores emplean esa denominación para referirse al conjunto de prácticas de traducción desarrolladas durante los siglos XII y XIII, especialmente en Toledo, aunque también en otros lugares de la Península.

La existencia de una importante comunidad judía y la continuidad del árabe como lengua de uso cotidiano crearon unas condiciones excepcionales.

Un sabio judío podía interpretar oralmente un texto árabe y trasladarlo al romance. Después, un latinista cristiano convertía aquella versión en una obra escrita en latín, la lengua internacional del conocimiento y de las universidades europeas.

No se trataba siempre de traducciones literales. Los especialistas podían ampliar, resumir o adaptar los originales. El resultado era una auténtica transformación intelectual mediante la cual conocimientos procedentes del mundo griego, persa y árabe conseguían entrar en los círculos científicos occidentales.

El traductor más fecundo de Toledo

Entre las grandes figuras de aquel movimiento destacó Gerardo de Cremona, considerado el traductor más prolífico del siglo XII. Llegado desde Italia en busca de nuevos conocimientos, trabajó con diferentes colaboradores para trasladar al latín tratados de astronomía, filosofía, geometría, medicina y alquimia.

Toledo atrajo también a estudiosos procedentes de distintos puntos de Europa. Hombres como Domingo Gundisalvo, Marcos de Toledo, Hermann el Alemán o Miguel Escoto participaron en aquella formidable circulación de ideas que ayudó a transformar la cultura medieval.

Durante el siglo XIII, la llegada al trono de Alfonso X el Sabio dio un nuevo impulso a las traducciones. El romance adquirió mayor protagonismo frente al latín y los trabajos pasaron a estar relacionados directamente con los intereses científicos y culturales del monarca.

Traductores judíos como Yehudá ben Mosé e Isaac ben Sid colaboraron en obras de enorme importancia, entre ellas el Lapidario, el Libro de la ochava esfera y las célebres tablas astronómicas alfonsíes. También se realizaron versiones en latín y francés.

La actividad desarrollada en Toledo no fue simplemente un episodio local. Aquellos traductores hicieron posible que textos científicos y filosóficos desconocidos o difícilmente accesibles en buena parte de Europa comenzaran a estudiarse mucho más allá de la ciudad.

Ocho siglos después, Toledo conserva el legado de aquellos sabios que lograron algo extraordinario: derribar las barreras entre las lenguas y convertir la traducción en una de las grandes herramientas para cambiar el mundo.