Detalle de la escultura del Cristo en actitud orantePalencia Turismo

El 'Cristo Redentor' castellano que se alzó antes que el de Río de Janeiro y es solo ocho metros más bajo

Con casi 30 metros de altura, este Cristo tiene una historia marcada por la devoción, la pobreza y la identidad local

En la entrada norte de Palencia, erguido sobre una loma árida, una figura colosal de hormigón observa la ciudad con los brazos en posición de oración. Es el Cristo del Otero, una de las esculturas religiosas más altas de Europa y un icono que, pese a su monumentalidad, todavía lucha por ser plenamente reconocido fuera de Castilla y León.

Con sus 21 metros de escultura —y casi 30 si se incluye la base—, la obra del escultor palentino Victorio Macho se ha convertido en uno de los símbolos más peculiares de la religiosidad artística española del siglo XX. Su silueta vertical, estilizada y con formas casi hieráticas, rompe con la representación clásica del Cristo crucificado o del Redentor de brazos abiertos. El de Palencia no abraza, reza. Y esa diferencia estilística, lejos de restarle fuerza, le confiere una espiritualidad singular que se mimetiza con la sobriedad castellana.

Construido entre 1930 y 1931, en un contexto de precariedad económica, su ejecución no fue sencilla. El propio Macho quiso dejar su huella en su tierra natal con una escultura que trascendiera el ámbito religioso y se integrara en el paisaje. Sin embargo, el proyecto inicial, que contemplaba un interior visitable, una cripta artística y una iluminación nocturna, tuvo que ser recortado por falta de fondos. Aun así, el artista consiguió levantar una obra única, cuyo rostro –dicen– está inspirado en el del propio Macho. A pesar de estos impedimentos el Cristo de Otero se inauguró cuatro meses antes que su homónimo de Río de Janeiro y tiene solo ocho metros de altura menos.

Imagen de la monumental esculturaPalencia Turismo

Desde su emplazamiento en el cerro del Otero, el Cristo vigila Palencia desde hace más de 90 años. Y aunque su estampa forma parte inseparable del horizonte palentino, su proyección exterior ha sido más discreta de lo que podría esperarse de una escultura de esas dimensiones. No ha contado con la promoción turística de otras grandes figuras religiosas, pero poco a poco su nombre empieza a sonar más allá de las fronteras regionales.

Uno de los pasos más significativos en ese sentido se dio en 2022 y que durará hasta 2033, según el diario del ABC. Se anunció una colaboración cultural entre el Cristo del Otero y el Cristo Redentor de Río de Janeiro, una de las siete maravillas del mundo moderno. Aunque sus estilos y contextos son muy distintos –el brasileño es un icono del art decó de brazos abiertos y espíritu universalista–, ambos comparten el carácter monumental, la dimensión simbólica y el impacto sobre sus respectivas ciudades.

El hermanamiento simbólico entre las dos figuras busca precisamente poner en valor esas similitudes, pero también dar a conocer el legado de Victorio Macho y el potencial cultural de Palencia. Es un intento de abrir un diálogo entre continentes, entre dos Cristos que miran en direcciones distintas pero comparten vocación espiritual.

El Cristo del Otero, además de escultura, es también panteón. En su interior reposan los restos del propio Macho, que tras su muerte en 1966 fue enterrado en la cripta bajo su obra más personal. Un pequeño museo situado en la base del monumento expone parte de su trayectoria artística, sus bocetos y herramientas, y ayuda a contextualizar el significado de una escultura que fue concebida como obra total: espiritual, artística y vital.

A pesar de los altibajos en su mantenimiento y visibilidad, el Cristo del Otero sigue siendo uno de los monumentos más singulares del país. No solo por su altura o por su peculiar silueta que recuerda a las figuras del arte mesopotámico, sino también por lo que representa: una manifestación de fe moldeada por la escasez, por el orgullo local y por la visión de un artista que soñó con elevar Palencia hacia el cielo.

La imagen del Cristo es también un mirador. Desde allí se puede contemplar toda la ciudad y, en los días claros, buena parte de la llanura castellana. Su entorno ha sido mejorado en los últimos años con nuevas rutas de acceso, iluminación y señalización turística. Aun así, sigue siendo un lugar en el que el silencio se impone, donde la figura del Cristo recorta el cielo con gesto grave, casi ascético.

Vistas que se pueden apreciar a los pies de la figuraPalencia Turismo

Cada año, el domingo más cercano al 16 de abril, Palencia celebra en el Cristo del Otero la tradicional romería de Santo Toribio. La fiesta conmemora el episodio en el que el santo fue apedreado por los palentinos por combatir la herejía priscilianista, y cómo estos buscaron su perdón tras una gran inundación. En recuerdo de aquel gesto, las autoridades lanzan simbólicamente pan y quesillo desde el balcón de la ermita. Esta singular tradición fue declarada Fiesta de Interés Turístico Regional en 2007.

Y es que, en tiempos de ruido e inmediatez, hay algo en ese Cristo del Otero que interpela: su quietud, su verticalidad, su gesto orante. Como si desde lo alto de Palencia no solo se rezara por la ciudad, sino también por no caer en el olvido.