Plano de Aranda de Duero, en Burgos, de 1503Ayuntamiento de Aranda de Duero

La disputa vecinal en una antigua judería que propició la creación del primer plano urbano de España

En tiempos de los Reyes Católicos, una localidad de Burgos fue retratada desde un plano casi cenital solo un año después de que Leonardo Da Vinci hiciera lo mismo con la ciudad italiana de Imola

Al sur de la provincia de Burgos, a medio camino entre la capital burgalesa, la vallisoletana y la soriana, se erige Aranda de Duero; una localidad de más de 30.000 habitantes que hoy en día resuena en el imaginario colectivo español por albergar el festival de música Sonorama Ribera, pero que cuenta con una importancia histórica y patrimonial fuera de toda duda. Para muestra, un botón: entre otros, puede presumir de contar con el primer plano urbano de una ciudad española y por una concatenación de circunstancias protagonizadas por personajes como los Reyes Católicos o el genio Leonardo Da Vinci.

Corría el año 1503 y los mapas de ciudades eran apenas anecdóticos a nivel mundial. En 1487 se había esbozado el de Jerusalén, en 1493, el de Cracovia, y en 1500, el de Venecia. En 1502 se produjo un hito en la cartografía internacional: el autor de La Gioconda, que igual que te pintaba La Última Cena te diseñaba un prototanque renacentista, dibujó por primera vez un plano iconográfico urbano, el de la ciudad italiana de Imola, en 1502. Apenas un año después, con similares características y con una perspectiva casi cenital, el municipio burgalés contaba con el suyo.

El mapa, que forma parte de la Memoria del Mundo de la UNESCO y se guarda con celo en el Archivo General de Simancas, en Valladolid –constituyendo su documento cartográfico más antiguo–, fue en el que se basaron después para trazar las ciudades de la Corona de Castilla en la recién descubierta América. Medio milenio después, y como descarta el portal de Turismo de la Junta de Castilla y León, Aranda de Duero es la capital burgalesa de la Ribera del Duero. No en vano, en «sus entrañas descansa uno de los mayores conjuntos de bodegas subterráneas de la región, una ciudad bajo tierra recuerdo de la actividad vinícola de la villa que hoy continúa desarrollándose».

Actualmente se conservan 135 de esas bodegas, como en la que se asienta el Centro de Interpretación del Vino CIAVIN, situado en un edificio del siglo XVII, en la Plaza Mayor, donde se puede ver en el suelo una placa de aquel plano.

Un grupo internacional de periodistas contempla una placa con el plano de Aranda de DueroDaniel Martín

En otra de esas bodegas centenarias, en la antigua judería, fue donde se originó la disputa que acabó impulsando esta joya cartográfica. Según señala el Consorcio Ruta del Vino Ribera del Duero, «el pleito se originó porque una parte de los vecinos de la villa propusieron tirar unas viviendas que impedían el acceso directo a la iglesia de Santa María –uno de los principales atractivos turísticos de la localidad arandina– desde la calle Barrionuevo». Su ubicación viene marcada con tinta roja en la fotografía principal de este artículo.

Portada de la Iglesia de Santa María de Aranda de DueroDaniel Martín

Los arandinos que pedían derruir las viviendas argumentaban que aunque «la dicha calle se a noblesçido e aumentado porque donde moravan los dichos judíos, agora moran cristianos muy honrrados» y que «la dicha syn[ag]oga está hecha casa e buena», el lugar se había convertido en un lugar poco recomendable, con suciedad, perros y gatos muertos y la presencia de maleantes y prostitutas. Por ello, al abrir la calle del Pozo se daría acceso directo desde la calle Barrio Nuevo a la plaza de Santa María, el espacio de mayor valor político para las élites locales.

Unas bodegas amenazadas

«Los dueños de aquellas casas, a la sazón Alonso de Moradillo y Gonzalo Sánchez de Calahorra, lógicamente, estaban en desacuerdo, oponiéndose a su demolición, argumentando que en el subsuelo de los inmuebles poseían una bodega con varias cubas donde estaban elaborando vino y, derribadas las casas para convertir el solar en calle, se producirían vibraciones causadas por caballerías y carretas, originando daños irreparables. Alegaron, además, un bajo justiprecio por la expropiación», repasan desde el Consorcio Ruta del Vino Ribera del Duero.

Aranda de Duero era un importante núcleo urbano. En 1473 se celebró el Concilio de Aranda, con la presencia de la entonces princesa Isabel I de Castilla y era una villa realenga, por lo que se decidió trazar el plano y enviarlo a la Corte de los Reyes Católicos para que, junto con los miembros del Consejo Real, decidiesen si los inmuebles debían ser derruidos, como así sucedió finalmente.

Una guía del CIAVIN muestra la localización de las bodegas de Aranda de Duero (en rojo)Daniel Martín

Una ojeada a este documento cartográfico de incalculable valor muestra cómo Aranda era entonces una villa cerrada y protegida con forma semicircular, en contraposición a los trazados rurales de su entorno. «La aparente unidad del plano, se opone al continuo crecimiento urbano a través de barrios extramuros y arrabales, tan solo anunciados por las pequeñas casas junto al río, habiéndose evitado la representación del barrio de Allendeduero, en la orilla meridional, y el de San Francisco al este», detallan desde el consorcio articulado a través de la Denominación de Origen Ribera del Duero.

Estos indican que varios elementos del plano anuncian la llegada del Renacimiento, «como el deseo de dotar a la localidad de personalidad propia, articular el espacio interior de forma clara o integrar el río como elemento de disfrute urbano». Otro mapa del CIAVIN, asimismo, muestra cómo se diferenciaba claramente la judería del resto de la ciudad a través de la localización de las bodegas subterráneas que, como explica una de sus guías, no se veían al norte del casco histórico, donde vivían los sefardíes antes de su expulsión, apenas 11 años antes de realizarse el primer mapa urbano realizado en la Península Ibérica.