Los bomberos de Valladolid, en el incendio declarado en el colegio Francisco de Quevedo
Piden 17 años de cárcel para el joven que incendió la casa que alquilaba con el propietario dentro
El fuego causó graves lesiones al casero y puso en grave la vida de los vecinos del edificio
La Audiencia de Valladolid sienta este jueves en el banquillo al joven que provocó un incendio intencionado en el rellano del piso que ocupaba en régimen de alquiler, junto a otras personas. El suceso, ocurrido en julio de 2024, causó graves lesiones a su casero, que antes del incendio sacó los enseres del inquilino a la calle.
El presunto autor del incendio se expone a una condena global de 17 años de cárcel, de ellos 15 por un delito de incendio con peligro para la vida e integridad física de las personas, otros dos años más por un delito de lesiones graves y una multa de 1.080 euros por otro delito de lesiones leves, junto con las preceptivas medidas de seguridad en cuanto a prohibición de acercamiento y comunicación con la víctima y el pago, en concepto de responsabilidad civil, de un conjunto de indemnizaciones por 29.000 euros.
De tal cuantía, 23.743 euros corresponderían al lesionado por las secuelas y perjuicio estético, otros 2.141 por los daños en su vivienda, 1.318 más para otra vecina del segundo que también sufrió desperfectos en su piso y otros 822 a la comunidad de propietarios para reparar los efectos del humo y el hollín en las paredes de la segunda planta, según informaron a Europa Press fuentes jurídicas.
El incidente guarda relación con la decisión del propietario del segundo izquierda ubicado en el número 4 de la calle Cerámica, en el barrio de La Circular, de echar al acusado del inmueble que este último compartía en régimen de alquiler junto con otras personas, como consecuencia de las desavenencias entre arrendador y arrendatario debido a las actividades no permitidas, sin especificar, que este último venía realizando en la vivienda.
Sacó los enseres a la calle
El casero comunicó al arrendatario vía whatsApp, con un mes de antelación, que el día 1 de agosto de 2024 tenía que abandonar su habitación en dicho piso. Así, el 30 de julio el propietario de la vivienda se personó en ella, cuando no se encontraba el acusado, y se llevó las llaves que encontró en una silla, mientras que al día siguiente acudió de nuevo para preparar la habitación de David para el siguiente inquilino, por lo que sacó de ella todos sus enseres y los dejó en el rellano de la segunda planta, apilados junto al ascensor. Acto seguido, comunicó al interesado por teléfono que había finalizado el contrato y que había sacado sus pertenencias al rellano.
Ese mismo día, sobre las 17.36 horas, siempre según la tesis de la acusación pública, el expulsado logró entrar en el edificio tras llamar al portero automático y serle franqueada la puerta por una vecina y, una vez en el interior, «por un afán de venganza y consciente del peligro que ello conllevaba», prendió fuego a varios de sus propios enseres que se encontraban apilados en el rellano, apilándolos junto a la puerta del segundo izquierda, y se dio a la fuga.
A esa hora se encontraba dentro del piso el propietario, quien al percatarse de la entrada de humo a través de la puerta, salió al rellano y se encontró con el fuego. Intentó sofocarlo con una manta y un balde de agua, al tiempo que otra vecina del segundo derecha, alertada también del incendio por los gritos de su convecino, abrió la puerta de su casa pero se encontró ante una fuerte ráfaga de aire caliente que avanzaba hacia ella, por lo que, sin poder abandonar su inmueble, se valió de una toalla húmeda y de una olla llena de agua para tratar de extinguir las llamas, a la par que dio la voz de alarma a través del 112.
El fuego, como así sostiene la acusación pública para justificar la dura condena pedida, no sólo causó graves lesiones al casero, que sufrió quemaduras en cabeza, cuello y extremidades superiores e inferiores (en el 35 % de su superficie corporal), y menos leves a la vecina del otro piso, sino que puso en grave peligro la vida de los vecinos del edificio ya que las llamas impedían que los de los pisos superiores abandonaran el inmueble de cinco alturas puesto que el humo se propagó de forma ascendente por el hueco de la escalera.