El presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE) y arzobispo de Valladolid, Luis Argüello, presenta el Año Jubilar de la Santidad que celebrará en 2026 con motivo del tercer centenario de la canonización de Santo Toribio de Mogrovejo, nacido en MayorgaRubén Cacho

Argüello alerta de un «cambio de época» donde los «poderes no puedan ser controlados»

El presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE) y arzobispo de Valladolid señala que «los fines parecen querer justificar los medios»

El presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE) y arzobispo de Valladolid, monseñor Argüello, aseguró que 2025 ha puesto de manifiesto un «cambio de época», en el que aparece un «fuerte timbre de alarma» por el que los «poderes no quieren ser controlados». No en vano, precisó que «los fines parecen querer justificar los medios».

Unas declaraciones que llegan después de que a mediados de diciembre Argüello planteara afrontar la situación del Gobierno de España con una «cuestión de confianza, moción de censura» o dando «la palabra a los ciudadanos». Ante lo que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, le pidió que «respete el resultado electoral aunque no le guste», porque «el tiempo en el que los obispos interferían en la política acabó con la democracia».

Con motivo de la presentación del Año Jubilar de la Santidad que celebrará en 2026 por el tercer centenario de la canonización de Santo Toribio de Mogrovejo, nacido en Mayorga, Argüello deseó que el cambio de año suponga también un paso adelante en las vidas personales, familiares y sociales y en el desarrollo de las personalidades.

«El año 2026 arranca el 1 de enero cuando los católicos y la Iglesia comienzan el nuevo año del Señor con el Adviento, a primeros de diciembre. En el tiempo, hay un ritmo distinto y nuevo, que es de la historia de la salvación», añadió, según recogió la Agencia Ical.

Por último, el arzobispo de Valladolid apostó por vivir para ayudar al reconocimiento de la dignidad humana y el bien común, de forma humilde. «Colaborando en las cosas, como buenos ciudadanos, y aportando nuestro criterio del sentido de la vida y ético, donde el desarrollo no se mire con criterios de Producto Interior Bruto sino en la Santidad, la vivencia del mandamiento nuevo de amarnos unos a otros como Jesús nos amó», concluyó.