Alfonso Díez Ausín, mayordomo de la Cofradía de Ntra. Sra. de la Soledad y de Santiago, realizando los últimos retoques en las ropas de la Virgen

Alfonso Díez Ausín, mayordomo de la Cofradía de Ntra. Sra. de la Soledad y de Santiago, realizando los últimos retoques en las ropas de la VirgenJon Quintano / Cedida por Alfonso Díez Ausín

La Soledad de Burgos y el trabajo discreto pero fundamental del mayordomo que cuida cada detalle

La Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad y de Santiago se sostiene también sobre la labor constante de su mayordomo, encargado de coordinar y preservar su patrimonio

La Semana Santa de Burgos se distingue por la riqueza de sus imágenes y por el cuidado con el que se preparan cada una de sus procesiones. En este contexto, la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad y de Santiago de Burgos mantiene una tradición centenaria en la que el trabajo silencioso resulta fundamental. Alfonso Díez Ausín, mayordomo de la cofradía, es uno de los responsables de que todo esté dispuesto para el Sábado Santo.

Esta cofradía, vinculada al entorno de Santa Águeda, procesiona una imagen realizada por el taller de Ildefonso Serra hace ahora 125 años, que supuso una renovación respecto a los modelos anteriores. «Crea una imagen totalmente distinta. Los autores, la Casa Serra, hacen esta Virgen maravillosa, con la mirada al Cielo, sujetando la Corona de Espinas fuertemente sobre el pecho, con esa fuerza en la mirada, la boca entreabierta… rompió un poco con los modelos que había hasta esa época».

El trabajo en la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad y de Santiago no se limita al momento de la procesión. A lo largo de los días previos, la preparación es intensa y requiere coordinación. «Preparar la ropa, junto con las camareras, y vestir la imagen. Además, con los costaleros, como también soy el capataz de andas, tenerlo todo coordinado para los ensayos, preparar los ajuares que tienen que salir en la procesión… y luego, dirigir la procesión junto con el maestro de ceremonias».

Desde su experiencia como técnico en patrimonio y especialista en etnografía, Alfonso subraya el valor cultural de esta labor dentro de la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad y de Santiago. «Creo que la religiosidad popular es una parte muy importante del patrimonio inmaterial y hay que ponerla mucho en valor». En este sentido, cuidar cada elemento no es solo una cuestión organizativa, sino también una forma de preservar una tradición viva.

Su implicación nace de una devoción arraigada desde la infancia. «Lo hago por devoción. Para mí, la imagen de Nuestra Señora de la Soledad es muy importante… Los que somos del barrio de Santa Águeda tenemos metida en nuestro ADN a la Cofradía». Una dedicación que explica el esfuerzo de estos días y que contribuye a mantener viva una de las expresiones más significativas de la Semana Santa burgalesa.

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