David Burgos, psicólogo de la Asociación Burgalesa de Rehabilitados del Juego (ABAJ)

David Burgos, psicólogo de la Asociación Burgalesa de Rehabilitados del Juego (ABAJ)Ricardo Ordóñez

La adicción al juego, la pandemia silenciosa que ahora nace en el bolsillo y se combate desde Burgos

ABAJ cumple 38 años atendiendo a jugadores y familias mientras expertos alertan de que el perfil del jugador se rejuvenece y los casos se aceleran en todo el país

Raúl recuerda bien cómo empezó todo, aunque durante mucho tiempo intentó enterrarlo. Las noches frente al móvil, las apuestas rápidas, la falsa sensación de control que se va deshaciendo poco a poco, casi sin que uno se dé cuenta. «Tener una esperanza de salir de este infierno ya es un avance», explica ahora, ya recuperado.

Su historia no es una excepción. En Burgos, la Asociación Burgalesa para la Rehabilitación del Juego Patológico (ABAJ) lleva casi cuatro décadas acompañando a personas que han pasado por ese mismo lugar; el de perderse sin saber exactamente cuándo ocurrió. Lo que ha cambiado, aseguran, no es la adicción, sino la forma en la que llega.

«La ludopatía es una adicción sin sustancia y ahora mismo puede considerarse una nueva pandemia», explica a Ical David Burgos, psicólogo de la asociación. En los últimos años, señala, el crecimiento del juego online ha modificado por completo el escenario: acceso permanente, anonimato y ausencia de límites físicos. «Antes el juego terminaba cuando cerraba el local. Ahora no termina nunca».

David Burgos, quien atiende a personas adictas al juego en Burgos

David Burgos, quien atiende a personas adictas al juego en BurgosRicardo Ordóñez

Ese cambio ha transformado también el perfil de quienes llegan a tratamiento. Según explica, cada vez acuden personas más jóvenes y con procesos de adicción mucho más rápidos. «Nos encontramos con casos que en muy poco tiempo han generado deudas importantes y un deterioro personal muy grave», señala. En algunos casos, añade, la gravedad va más allá del dinero: «Hay personas que llegan completamente rotas, con un impacto emocional muy fuerte».

El problema, insiste, no es solo lo fácil que es entrar, sino lo difícil que resulta salir sin ayuda. «Si no hay tratamiento, la recaída es lo más habitual», advierte.

Pero el impacto no se queda en quien juega. María lo vivió desde el otro lado, desde el lugar donde también se sufre en silencio. «Llegas destrozada, pensando que algo has hecho mal», explica. Durante mucho tiempo creyó que era una cuestión de voluntad, no una enfermedad. «No entendía lo que estaba pasando», reconoce. Esa idea, añaden desde la asociación, sigue muy presente fuera, donde todavía cuesta mirar esto como lo que es.

Cuando el problema se hace visible, casi siempre ya ha dejado huella. Aislamiento, deudas, desgaste emocional, relaciones que se rompen poco a poco. «Es una enfermedad que te arrastra en todos los aspectos: familiar, social y laboral», resume Raúl.

No siempre hubo lugares a los que acudir. Julián, uno de los fundadores de la asociación, recuerda un tiempo en el que ni siquiera se sabía poner nombre a lo que ocurría. «Era muy complicado. La gente no sabía que esto era una enfermedad», explica. ABAJ nació precisamente ahí, en la necesidad más básica; la de no hundirse solo.

David Burgos, psicólogo de ABAJ

David Burgos, psicólogo de ABAJRicardo Ordóñez

Casi 40 años después, el modelo se mantiene con un enfoque que va más allá de la terapia, acompañamiento constante y trabajo con las familias. «Es importantísimo que los familiares se impliquen», subraya Julián. Porque muchas veces son ellos quienes sostienen cuando el jugador ya no puede.

Sin embargo, quienes están en primera línea coinciden en que la respuesta institucional sigue sin estar a la altura del problema. Falta control, especialmente en el entorno digital, y faltan recursos. También sobran contradicciones. María recuerda cómo, después de intentar reconstruir su vida y protegerse, recibieron una oferta de crédito bancario. «No tiene sentido que a una persona en esa situación se le facilite seguir endeudándose», lamenta.

Desde la perspectiva profesional, David insiste en la urgencia de actuar antes de que todo estalle. «El primer contacto con el juego se produce cada vez antes, muchas veces a través del móvil», explica. Y eso cambia las reglas. «Si no hay una conciencia social clara, el problema va a seguir creciendo».

Mientras tanto, asociaciones como ABAJ sostienen una parte esencial de esa respuesta, muchas veces en silencio, con recursos limitados y apoyadas en el compromiso de quienes han pasado por lo mismo. A pesar de todo, quienes han estado ahí coinciden en algo. Se puede salir. Pero no es rápido, ni fácil, ni limpio. «Si se quiere, se puede, pero con ayuda», resume Julián.

Porque ahora el juego ya no necesita un lugar. Está en el bolsillo, en la rutina, en el silencio. Y mientras no se entienda como lo que es, una enfermedad, seguirá creciendo sin hacer ruido.

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