Pintura del siglo XIX de Manuel Picolo López, donde refleja el desarrollo de la batalla de Villalar

Historia

¿Por qué se celebra el Día de Castilla y León el 23 de abril?

Este año se cumple medio siglo de la primera concentración, que se llevó a cabo con 400 personas convocadas por el Instituto Regional Castellano–Leonés

El 23 de abril de 1521 se disputó en Villalar (Valladolid) la batalla que decidió la suerte de la revuelta de las comunidades contra el gobierno del rey Carlos I iniciada un año antes, una derrota que prácticamente puso fin a la rebelión y convirtió esa jornada en el Día de Castilla y León.

Tras tomar la plaza de Torrelobatón (Valladolid) en febrero de 1521, las fuerzas comuneras, con Juan de Padilla al frente, se habían hecho fuertes en ella, resguardadas en su castillo. Por su parte, el ejército realista, comandado por el condestable Íñigo Fernández de Velasco, se acantonó en la cercana Peñaflor de Hornija, con las huestes del almirante Fadrique Enríquez y otros señores nobiliarios.

Aunque las primeras medidas de Carlos I y sus consejeros flamencos generaron descontento entre la nobleza castellana, más aún tras la marcha del monarca a Alemania para convertirse en emperador germánico, este estamento optó mayoritariamente por la causa realista frente a las comunidades a medida que avanzó el conflicto civil, según recoge Europa Press.

El cuadro 'Los comuneros, Padilla, Bravo y Maldonado en el patíbulo' de 1860, de Antonio Gisbert PérezEuropa Press

En la madrugada del 23 de abril, el ejército comunero abandonó sus posiciones en Torrelobatón camino de Toro (Zamora), ciudad fiel a su causa. El día en que habría de disputarse la batalla definitiva de la contienda, la lluvia hizo su aparición para complicar la marcha de Padilla y sus hombres, que avanzaban según el curso del río Hornija. Tras pasar Villasexmir, San Salvador y Gallegos, las tropas de la Santa Junta se vieron alcanzadas por los realistas a la altura de Vega de Valdetronco (Valladolid).

Ante ello, Padilla ordenó que se dispusieran sus fuerzas para afrontar el combate, pero la complicadas condiciones meteorológicas complicaron la comunicación entre las unidades del capitán comunero, de modo que su vanguardia pasó de largo por esta localidad y obligó al resto del contingente a avanzar hasta Villalar, donde finalmente tuvo lugar el combate.

La batalla

Dada su inferioridad numérica, el ejército de las comunidades buscó refugio en el interior de Villalar, donde su trama urbana podía mitigar este lastre, y colocó las piezas de artillería en las calles, aunque muchos de los combatientes optaron por retirarse a sus lugares de origen o pueblos cercanos en lugar de pelear.

Antes de que Padilla y los suyos pudieran distribuir completamente sus fuerzas, la caballería al servicio del rey Carlos I lanzó un rápido ataque que acabó con la resistencia comunera antes de que llegara en apoyo de los jinetes la caballería del condestable Fernández de Velasco.

De este modo, los cabecillas de la revuelta comunera, Juan de Padilla, Juan Bravo y Francisco Maldonado, fueron capturados durante la batalla y condenados a muerte, sentencia que se ejecutó al día siguiente. Decapitados en la plaza de Villalar, sus cabezas quedaron expuestas en picotas como advertencia a los enemigos del rey Carlos I.

La huida

Por su parte, los soldados comuneros que huyeron se dirigieron mayoritariamente hacia a Toro, perseguidos por las mesnadas del conde de Haro. Una parte de estos supervivientes se exiliaron a Portugal por la frontera de Fermoselle (Zamora), mientras que el resto del ejército de la Santa Junta se reunió con el entonces obispo de Zamora, Antonio de Acuña, y María Pacheco, esposa de Padilla, en Toledo, donde reforzaron la resistencia de la ciudad varios meses más, hasta su capitulación en febrero de 1522.

La batalla se saldó finalmente con la muerte de entre 500 y 1.000 soldados comuneros y la captura de otros 6.000 prisioneros. En recuerdo de aquella derrota, la localidad que la albergó se llama en la actualidad Villalar de los Comuneros y, además, cada 23 de abril se celebra el Día de Castilla y León en conmemoración de este hecho con distintos actos.

Medio siglo de la primera concentración

Desde los años de la Transición, Villalar de los Comuneros recibe miles de visitantes que recuerdan la batalla acontecida y viven su espíritu para darle un toque reivindicativo que se une al carácter festivo y folclórico de la efeméride. De hecho, este 2026 se cumple medio siglo de la primera concentración clandestina, que se llevó a cabo con 400 personas convocadas por el Instituto Regional Castellano-Leonés.

Aquella primera concentración que había sido prohibida por orden gubernativa fue disuelta por la Guardia Civil cuando los congregados colgaron en un árbol una bandera morada como símbolo del pendón castellano, lo que hizo intuir a las fuerzas de seguridad del Estado que el acto podría degenerar sobre lo previsto.

Algunos testigos aseguraron que fueron disueltos a sablazos, por lo que se llegó a comparar aquella carga de hace medio siglo con los hechos del 23 de abril de 1521, cuando los comuneros cayeron a manos de las fuerzas imperiales, hasta el punto de hablarse de la segunda derrota de Villalar.

No obstante, aunque los concentrados no pudieron celebrar la fiesta que habían previsto en Villalar, la cita de 1976 supuso el germen de las sucesivas concentraciones de espíritu regionalista con el éxito de 1977 cuando, según las crónicas, se dieron cita en la localidad vallisoletana unas 15.000 o 20.000 personas en un 'Día de Castilla y León' que sí fue autorizado y contó con el impulso también de la Alianza Regional de Castilla y León.

Celebración de Villalar 2025Miriam Chacón

El Instituto Regional Castellano-Leonés (IRC-L) fue una asociación anónima creada a comienzos de 1976 tras sendas reuniones en Lerma (Burgos) y en Paredes de Nava (Palencia) e impulsada por un grupo de intelectuales, profesores universitarios, periodistas, ecologistas y políticos en favor de la autonomía de las nueve provincias de la cuenca del Duero y en contra del centralismo.