Desde hace más de 500 años, pobladores de ambos hemisferios, de un lado y del otro del «charco hispano», han fluido y siguen fluyendo en la actualidad; hispanos transatlánticos y de la península e islas, van y vienen buscando oportunidades de mejora. Ya en el siglo XVI la Casa de Contratación de Sevilla establecía estrictos requisitos para ir a las Indias.

Hoy les voy a hablar de Jesús David Villa Pérez, un buen amigo, abogado y empresario vallisoletano. David es MBA por la Universidad de Deusto, además de haber realizado un máster en dirección de negocios inmobiliarios por la Universidad Pontificia de Comillas Su trayectoria vital podríamos titularla como «desde la sencillez y la discreción hacia el bien común». Ha sido empresario de la hostelería con conocidos establecimientos en Valladolid, hoy ya desinvertidos por David, con vocación internacional: cocina francesa en Le Bistró, desde abril de 2010 habiendo recibido, por ese establecimiento, en el año 2016 el premio nacional de hostelería como empresa comprometida con la responsabilidad social y el restaurante norteamericano New York Hell’s. En la actualidad su actividad principal es la promoción inmobiliaria, desarrollada a ambos lados del Atlántico.

Su familia desciende de la localidad vallisoletana de Montemayor de Pililla, de tradición emprendedora. Su bisabuelo murió joven y su bisabuela se hizo cargo de seis hijos. Ella tuvo que venir a la ciudad al tener la desgracia de que se quemase la carpintería familiar. Esto obligó a su abuelo Antonio y a los hermanos de éste a buscar trabajo en la construcción como peones, a una edad laboralmente prohibida en la actualidad: 14 años. Había que sobrevivir trabajando 12 horas diarias.

Con el capital de la venta de las tierras de su abuelo montó su propia empresa de construcción. Esto le permitió prosperar rápidamente, por la gran necesidad que hubo de viviendas en Valladolid con la llegada de la fábrica Renault (FASA) en los años cincuenta del siglo pasado. El capital se lo proporcionaba la reciente Caja de Ahorros Popular de Valladolid, creada por aquel entonces por un jesuita amigo de su abuelo, el padre Manuel Marín Triana (1899-1981), consiliario de la Casa Social Católica de Valladolid, dedicada a obras sociales y benéficas, así como a labores de evangelización y pastoral católica.

Algunos años más tarde se incorporó su padre, Jesús, y siguieron construyendo muchos edificios en Valladolid con la firma Construcciones Jesús Villa Sanz SL. Con ella trabajaron también para Renfe, Correos y otras empresas y, sobre todo, para muchos conventos e iglesias. Su abuelo se jactaba de ser el único que sabía montar los hornos refractarios de las iglesias para la calefacción. Dicha técnica se la había enseñado un sacerdote de Segovia. Todavía David guarda una maqueta con diversas piezas de barro cocido que servía como guía para el montaje de aquellos gigantescos hornos que daban calor a las iglesias.

Ese sistema de calefacción respondía a la tradición milenaria de los llamados calefactorium, que eran las salas caldeadas de los monasterios medievales. Dicho sistema coloquialmente se denominaba «gloria»: una especie de suelo radiante en muchas casas construidas en el medio rural de Castilla y León, cuyo diseño también se remontaba a los hipocaustos romanos.

David, desde su época de estudiante de Derecho, trabajaba en las obras con su padre y, al terminar la carrera, muy atraído por el voluntariado, aprovechó una actividad organizada por los jesuitas y viajó a Perú. Por las mañanas trabajó en un prestigioso despacho de abogados (Estudio Avendaño y asociados) y por las tardes hacía el voluntariado en Lima, en el colegio de la Inmaculada de los jesuitas, con los más necesitados.

Generosidad, profesionalidad y esfuerzo. Virtudes que forjan y definen su interés por el bien común y el trabajo profesional. La experiencia de ultramar, tanto por la labor asistencial como por la oportunidad de negocio que vio en aquel país, le dejó fascinado. Dejó muchos amigos y contactos, aunque tuvo que regresar a España pues su madre estaba mal de salud y la empresa familiar no atravesaba un buen momento económico.

Compaginó durante un tiempo el despacho de abogado y las obras pendientes de su padre y entre tanto llegó el boom inmobiliario del 1998. Junto con su cuñado Fernando, hicieron multitud de obras y promociones con la sociedad Obras y servicios Villa Pérez SL, prosperando mucho en pocos años hasta que llegó la gran crisis del 2008.

No se amilanó y, con los contactos que mantenía en Perú, construyó en aquella época varios edificios en Lima con la promotora Promoduero SL. Como el terreno de allí es arenoso y sísmico, edificaron con gran cantidad de hormigón y hierro que llevan las estructuras en la cimentación cruzada. Abrió también la puerta a muchos españoles del sector que, animados por su experiencia, se lanzaron a emprender en el país hispanoamericano.

En la actualidad es vicepresidente de ASPRICYL (Asociación de promotores de Castilla y León). Con la misma generosidad, ejerce su compromiso con los más necesitados mediante su labor social, como delegado de la ONGD Harambee en Castilla y León, una entidad nacida en el 2002 que apoya proyectos de educación, salud y promoción de la mujer en el África subsahariana y que otorga becas de formación profesional.

David, ha luchado para fomentar la riqueza a través de su actividad empresarial y aportar al bien común desde Valladolid como tantos otros, por ello hoy se hace merecedor de estas líneas como reconocimiento.

  • Antonio-José Sastre Peláez es abogado, mediador familiar y empresario.