Ventana por la que, cuenta la leyenda, sacaron a Felipe II para ser bautizado en San PabloInfo Valladolid / Pablo Requejo

Felipe II, el niño que nació para reinar y la treta para celebrar un bautizo que no podía ser humilde

Cada 21 de mayo, Valladolid celebra el nacimiento de Felipe II, envuelto para siempre en una de las leyendas más singulares del patrimonio vallisoletano

Valladolid volvió a celebrar un año más una conmemoración histórica. Cada 21 de mayo, la ciudad recuerda que en una de sus esquinas más nobles –la del Palacio de Pimentel, frente a la plaza de San Pablo– vino al mundo en 1527 quien sería uno de los monarcas más influyentes de la Europa moderna: Felipe II, hijo del emperador Carlos V y de Isabel de Portugal. Un nacimiento acaecido hace ahora casi cinco siglos y que, lejos de ser un simple episodio cortesano, ha quedado envuelto en una de las leyendas más singulares del patrimonio vallisoletano.

El 21 de mayo de 1527, en una estancia del Palacio de Pimentel, la reina Isabel dio a luz al heredero de la Monarquía Hispánica. El edificio, propiedad de los condes de Ribadavia, se encontraba entonces en pleno corazón del poder político y religioso de la ciudad. A escasos metros se alzaba, y aún se alza, la imponente iglesia de San Pablo, templo predilecto de la nobleza y escenario de grandes ceremonias.

Sin embargo, la jurisdicción parroquial del palacio no correspondía a San Pablo, sino a la modesta iglesia de San Martín, situada unas calles más abajo. Y aquí comienza la historia que Valladolid ha transmitido durante casi cinco siglos.

Iglesia de San Martín, en ValladolidInfo Valladolid

Según la tradición popular, la corte consideró impropio que el futuro Rey de un imperio fuese bautizado en una parroquia menor. El lugar adecuado, por dignidad y simbolismo, debía ser la majestuosa iglesia de San Pablo.

Pero había un problema: el recién nacido pertenecía, por derecho, a la feligresía de San Martín. La única forma de bautizarlo en San Pablo era que el niño «perteneciera» físicamente a su jurisdicción.

La solución, tan ingeniosa como pintoresca, ha pasado a la historia local como una de sus anécdotas más queridas, quién sabe si leyenda o realidad. Ésta cuenta que los cortesanos ordenaron cortar los barrotes de una reja del palacio, y que el pequeño Felipe fue sacado por una ventana que daba a la calle perteneciente a la parroquia de San Pablo. De este modo, simbólicamente, el heredero quedaba adscrito a la feligresía deseada.

Iglesia de San Pablo, en ValladolidInfo Valladolid

El gesto, mezcla de protocolo y astucia, permitió que el bautizo se celebrara en el templo dominico, donde el niño recibió el nombre de Felipe en honor a su abuelo, Felipe el Hermoso.

Hoy, esa ventana sigue siendo uno de los rincones más fotografiados de Valladolid. Una placa recuerda el episodio y la ciudad lo ha convertido en parte esencial de su relato histórico.

Cada año, el aniversario del nacimiento de Felipe II sirve para reivindicar el papel de Valladolid como escenario de grandes acontecimientos de la historia de España. La ciudad fue capital de la corte en varias etapas, cuna de reyes y lugar de decisiones que marcaron el rumbo del imperio.

En torno al Palacio de Pimentel y la iglesia de San Pablo, los visitantes pueden recorrer un auténtico corredor monumental: el Colegio de San Gregorio, la antigua cárcel de la Inquisición, el Palacio Real o la plaza de San Pablo, donde Carlos V y Felipe II dejaron su huella.

Aunque los historiadores no han podido confirmar documentalmente el episodio de los barrotes, la tradición se ha mantenido viva porque encarna a la perfección el espíritu de la época: una corte obsesionada con el ceremonial, una ciudad que era centro político del reino y una familia real que veía en cada gesto un acto de representación.

Valladolid celebra cada 21 de mayo no solo el nacimiento de un Rey, sino también la persistencia de esta historia.