Estatua de Francisco de Vitoria en SalamancaRaúl Hernández González vía Wikipedia

La Universidad de Salamanca otorga el 'honoris causa' a Francisco de Vitoria 480 años después de su muerte

Con esta distinción se reconoce su legado en muchas de las bases del liberalismo clásico, desde la defensa de la dignidad humana hasta la limitación del poder político

El prior de la Orden de los Predicadores, fray Pablo Carlos Sicouly, ha recibido este viernes la distinción honoris causa a título póstumo en nombre de Francisco de Vitoria en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca. En la ceremonia, Sicouly ha resaltado la contribución de Vitoria en el campo de la vida universitaria, y de su servicio al «bien común de la sociedad, la cultura y la comunidad internacional».

Con la concesión del doctorado honoris causa a Francisco de Vitoria, fallecido hace 480 años, la Universidad de Salamanca ha destacado, «con orgullo y con gratitud», el legado de uno de sus profesores más ilustres. El reconocimiento subraya, además, la vigencia del legado de Vitoria y de la Escuela de Salamanca, un movimiento que transformó la filosofía política, el derecho y la economía en un momento de profundas tensiones imperiales, religiosas y sociales. Muchas de las bases del liberalismo clásico, desde la defensa de la dignidad humana hasta la limitación del poder político, encontraron en estos teólogos y juristas su primera formulación sistemática.

El cortejo de doctores vuelve a la Universidad desde la tumba de VitoriaSusana Martín / Ical

Con este reconocimiento, la USAL no solo honra a uno de sus maestros más ilustres, sino que reivindica la vigencia de una tradición intelectual que, desde Salamanca, contribuyó a alumbrar los principios que sostienen las democracias liberales contemporáneas.

El homenaje a Francisco de Vitoria ha comenzado antes del inicio de la ceremonia en el Paraninfo, ya que el cortejo académico se ha desplazado hasta el Convento de San Esteban, para recordar el camino que el fraile dominico realizaba para impartir sus clases en las Escuelas Mayores desde que ganara su cátedra el 7 de septiembre de 1526, cuando se le concede la vacante «con aplauso de estudiantes y de todo el claustro».

Los más de 200 doctores han partido del edificio de las Escuelas Mayores hasta llegar al convento de los Dominicos, donde se ha realizado una ofrenda floral en el llamado 'panteón de los teólogos', donde se encuentra la tumba de Vitoria.

Finalizada la ofrenda, la comunidad de frailes dominicos se ha unido al cortejo en la iglesia de San Esteban para dirigirse al Paraninfo donde fray Pablo Carlos Sicouly ha sido el encargado de recibir el honoris causa en nombre de la Orden de Predicadores.

Los doctores salen de San Esteban tras visitar la tumba de VitoriaSusana Martín / Ical

Tras mostrar su gratitud a la Universidad de Salamanca por esa distinción, ha definido la decisión adoptada por el Claustro de Doctores como «profundamente significativa y oportuna, porque contribuye a destacar el significado y el valor permanente y especialmente actual de la contribución de Vitoria en el campo de la vida universitaria, y de su servicio al bien común de la sociedad, la cultura y la comunidad internacional».

«Francisco de Vitoria contribuyó al reconocimiento de la plena dignidad humana y jurídica de todos los seres humanos, incluidos los pueblos indígenas de América, en un tiempo en que ese encuentro de culturas planteaba múltiples y dramáticos desafíos. Vitoria fue también el primer representante de una reflexión sobre la comunidad internacional mundial: el totus orbis, comprendido como una comunidad de todos los pueblos fundada en el derecho natural universal y no en el uso de la fuerza», ha argumentado el fraile dominico.

Finalmente, ha hecho referencia a las palabras del Papa León XIV en su reciente encíclica Magnifica humanitas, que describe los desafíos de la sociedad actual ante la cultura del poder, la guerra como instrumento de política internacional, de las nuevas tecnologías y la inteligencia artificial y de las reformas del sistema político internacional.

Ante los doctores ha invitado a redescubrir las aportaciones de Francisco de Vitoria, a buscar en ellas «inspiración para ofrecer respuestas a las nuevas realidades, que son a la vez amenazas y posibilidades».

Los doctores por la Plaza de Anaya hacia la tumba de Francisco de VitoriaIsabel de la Calle

Por su parte, el rector de la USAL, Juan Manuel Corchado, ha resaltado la vigencia del legado intelectual de Vitoria y ha aseverado que «empezó cuidando a sus estudiantes y terminó cuidando a la humanidad entera».

«Vitoria y los suyos renovaron la teología, pusieron los cimientos del derecho internacional, formularon las primeras teorías modernas de la economía e incluso hicieron ciencia», ha asegurado Corchado.

Corchado también ha tenido palabras para recordar su faceta docente y la veneración que le profesaban sus discípulos. «Sus lecciones, que él nunca llegó a publicar en vida, viajaron por el mundo en los cuadernos de sus alumnos y se imprimieron una y otra vez en Lyon, en Salamanca, en Ingolstadt, en Venecia, en Colonia. Maestros formados en estas aulas como Domingo de Soto, Melchor Cano, Domingo Báñez, Bartolomé de Medina y, tantos otros, llevaron a las Indias el espíritu que florecía en estas piedras. Por eso este homenaje es también el suyo», apostilló el rector.

El rector de la Universidad de Salamanca, Juan Manuel Corchado, entrega los atributos tradicionales del honoris causa a título póstumo a Francisco de VitoriaSusana Martín / Ical

Precisamente, entre las que se ha confesado discípula «de un hombre que habitó estas mismas aulas hace 500 años para convertirnos en miembros dignos de su actual escuela», ha sido la profesora de Filosofía María Martín Gómez, quien ha ejercido de madrina.

«Vitoria llegó a Salamanca con un desafío impuesto por un profesor de París. Pensar de un nuevo modo un nuevo mundo. Con valentía. Contra quien fuera: contra el tirano, los peruleros o hasta el Emperador cuando fue necesario. Y a nosotros nos toca continuar su estela», ha indicado.

En su Laudatio, Martín Gómez ha ensalzado las dotes extraordinarias que para la enseñanza debió tener Vitoria (la Orden de Santo Domingo, después de su formación en París y su paso por Valladolid, le elige a él para que se presente a las oposiciones cuando queda vacante la Cátedra de prima de Teología de la Universidad de Salamanca) y, sobre todo, la impronta que dejó en sus estudiantes, que fueron los que realmente difundieron su legado, ya que mientras fue profesor en el Estudio no escribió ni un solo libro, hasta ganarse el apodo académico de «El Sócrates hispano».