El agricultor y responsable de patata de COAG, el vallisoletano Alberto Duque.
Un agricultor vallisoletano denuncia que la tortilla de patata deja de ser «española» y la culpa es de Francia
«Lo que el turista no sabe, y el hostelero tampoco siempre, es que la tortilla que sirven tiene más probabilidades de estar hecha con patata francesa de conservación que con patata nueva española de temporada», explica el agricultor Alberto Duque, responsable de patata de COAG
«Hay una paradoja que nadie está contando sobre el verano turístico español. Mientras los hoteles, bares y restaurantes de toda España viven uno de sus mejores junios en años, los agricultores que producen la patata con la que se hacen las tortillas están al borde de la ruina», ha subrayado el responsable de patata de COAG, el vallisoletano Alberto Duque.
El mecanismo es sencillo y demoledor: los grandes operadores y almacenistas que suministran al canal HORECA, (los que abastecen a la hostelería y restauración a gran escala), han encontrado en los excedentes de patata francesa de segunda calidad una oportunidad de margen que no han desaprovechado.
Patata vieja de conservación, almacenada desde la cosecha de 2025, sale de Francia a 15-20 céntimos el kilo. Entra en España, llega a los fogones de miles de establecimientos y arrastra hacia abajo el precio de todo el mercado: también el de la patata nueva española recién recolectada en Murcia (Campo de Cartagena) y Andalucía, que en junio debería tener su momento de máxima demanda y en cambio se acumula sin salida en el campo.
Una tormenta perfecta
El resultado es lo que COAG denomina «la tormenta perfecta para el patatero español»: «Excedentes franceses de segunda calidad a precio de derribo, boom de consumo en hostelería por temporada alta de turismo, y una estrategia coordinada de los grandes operadores que ha dado la espalda al producto nacional justo cuando más se necesitaba».
Los agricultores del Campo de Cartagena y Andalucía cobran entre 25 y 30 céntimos por kilo cuando sus costes, (con el gasóleo agrícola un 50 % más caro que hace un año y los fertilizantes nitrogenados un 40 % al alza por el efecto de la Guerra en Irán) superan los 35-40 céntimos. Cada tonelada vendida es una pérdida neta de entre 100 y 150 euros, denuncian.
«Lo que el turista no sabe, y el hostelero tampoco siempre, es que la tortilla que sirven tiene más probabilidades de estar hecha con patata francesa de conservación (que se oscurece al cocer y se deshace al freír) que con patata nueva española de temporada», ha detallado Duque.
La tendencia que ha llevado a esta situación lleva una década construyéndose: las importaciones de patata francesa han crecido un 33 % en diez años, de 708.000 toneladas en 2016 a 941.000 en 2025. En solo un año, de 2023 a 2024, el salto fue del 23,5 %, hasta las 955.870 toneladas, el máximo histórico de la serie. Hoy, casi tres de cada cuatro kilos de patata importada en España proceden de Francia, el 73,7 %.