Observación de aves en la Laguna de Villafáfila con muchas de ellas en el agua
Las Lagunas de Villafáfila: un humedal singular que vive al margen de las estaciones
Su paisaje estepario se transforma sin obedecer del todo al calendario y la vida avanza al ritmo del agua, la sal y la migración de miles de aves
Las Lagunas de Villafáfila, en el noreste de Zamora, son uno de los humedales más singulares de la Península Ibérica: un paisaje estepario que se transforma sin obedecer del todo al calendario y donde la vida avanza al ritmo del agua, la sal y la migración de miles de aves. Su valor ecológico es tan excepcional que cuenta con una doble figura de protección: Reserva Natural y Reserva Nacional de Caza, ambas otorgadas por la Junta de Castilla y León.
Villafáfila es un destino para quienes buscan silencio, horizontes infinitos y fauna en libertad. Entre sus principales atractivos está el Centro de Interpretación «La Casa del Parque», donde se explica la formación de las lagunas, su biodiversidad y las rutas recomendadas.
Además, existen observatorios de aves estratégicamente situados para contemplar ánsares, avutardas, cigüeñuelas, avocetas, azulones, limícolas y rapaces y cuenta con senderos señalizados que permiten recorrer la pseudoestepa cerealista y los bordes lagunares sin interferir en las zonas de nidificación.
Además, las Lagunas ofrecen una fotografía de naturaleza, especialmente en invierno y primavera, cuando la concentración de aves es espectacular.
Todo el espacio, sin embargo, está pensado para un turismo respetuoso, con accesos controlados, paneles informativos y zonas de observación que minimizan el impacto sobre la fauna.
Aves emprenden el vuelo en las Lagunas de Villafáfila
Las Lagunas de Villafáfila son un ejemplo de cómo la naturaleza puede ser a la vez frágil y resistente. Su protección legal garantiza que este humedal, uno de los últimos grandes ecosistemas salinos de la antigua Tierra de Campos, siga siendo un refugio para miles de aves y un lugar donde el visitante puede sentir el pulso de la vida en estado puro.
De hecho, están protegidas por dos normas clave, la de creación de la Reserva Nacional de Caza, que reconoce la importancia de este ecosistema salino y estepario como refugio de aves migratorias, especialmente los ánsares comunes y campestres, y como uno de los territorios con mayor densidad mundial de avutardas.
Y la otra es la que declara el espacio como Reserva Natural, destacando su carácter salino, estacional y su relevancia internacional como hábitat de anátidas y aves esteparias.
Ambas leyes subrayan la necesidad de conservar un ecosistema único, donde la interacción histórica entre agricultura tradicional y humedal ha generado un paisaje irrepetible.
Aunque las lagunas son estacionales, dependen de las lluvias y del nivel freático, la vida nunca desaparece. Cada estación ofrece un espectáculo distinto.
Cada estación, un espectáculo
Entre diciembre y febrero, Villafáfila se convierte en uno de los mayores dormideros de ánsares comunes de la Península. Miles de ejemplares llegan desde el norte de Europa y ocupan las lagunas principales. Es también época de rapaces como el milano real y el aguilucho pálido.
Con el deshielo y las lluvias, sin embargo, las lagunas recuperan volumen. Es el mejor momento para observar avutardas en pleno ritual de 'la rueda', uno de los cortejos más espectaculares del mundo; limícolas como avocetas, cigüeñuelas y chorlitejos y anátidas en época de cría.
Numerosas aves en las Lagunas de Villafáfila, en la provincia de Zamora
La vegetación esteparia florece y el paisaje adquiere tonos verdes y ocres. En verano, el agua retrocede y muchas lagunas se secan parcialmente, dejando ver el carácter salino del terreno.
Es la estación ideal para observar aves esteparias como sisones, alcaravanes, calandrias. Además, se pueden recorrer senderos sin barro y disfrutar de la arquitectura tradicional de adobe y palomares. El humedal parece dormido, pero la vida continúa en la pseudoestepa cerealista.
En otoño, las primeras lluvias devuelven el brillo a las lagunas y llegan las grullas, que utilizan la zona como punto de descanso. También bandadas de ánsares que anuncian el invierno y numerosos paseriformes en paso migratorio. Es una estación de transición, con luz suave y paisajes especialmente fotogénicos.