La Torre del Reloj de Toro, una imagen icónica de la ciudad
La torre del reloj de Toro: la leyenda del vino que sostuvo uno de los símbolos de la ciudad
La abundancia del vino en la ciudad durante el siglo XVIII hizo que fuera más fácil y económico conseguirlo que el agua y se usó para la construcción
La ciudad de Toro es conocida por varios de sus símbolos, como el verraco celtibérico de piedra o su insigne Colegiata de Santa María la Mayor, pero otro de los más reconocibles es la Torre del Reloj, levantada en el siglo XVIII sobre la antigua Puerta del Mercado, una de as principales entradas al recinto amurallado de la ciudad.
Pero más allá de su arquitectura esbelta y de su función como vigía urbano, la torre guarda una de las leyendas más queridas por los toresanos, la historia de que fue construida usando vino como argamasa.
La versión más extendida del relato sitúa la obra en un momento de prosperidad vitivinícola. Toro era entonces, como sigue siendo hoy, tierra de bodegas, de tintos recios y de cosechas que marcaban el ritmo económico de la comarca.
Según la tradición oral, cuando se emprendió la construcción de la torre, los maestros de obra se encontraron con un problema: la cal y la arena disponibles no ofrecían la consistencia necesaria para levantar un cuerpo tan alto y resistente. La solución, dicen, llegó de la mano de los vecinos, que aportaron cántaros y pellejos de vino para mezclar con la argamasa y reforzarla.
Imagen tomada desde el suelo de la esbelta Torre del Reloj de Toro
La imagen es cuanto menos curiosa, al imaginar a hombres y mujeres subiendo por la calle del Mercado con recipientes de vino, vertiéndolos en grandes cubas donde los albañiles removían la mezcla que daría vida a la torre. El vino, símbolo de identidad y riqueza local, convertido en material de construcción. Una metáfora perfecta de cómo Toro ha levantado su historia sobre la cultura del viñedo.
La explicación de la leyenda
Los historiadores, más prudentes, señalan que la leyenda probablemente exagera un hecho real: el uso ocasional de líquidos como sustitutos del agua cuando esta era escasa o de mala calidad. En zonas donde el vino era abundante, no sería imposible que se empleara en pequeñas cantidades para mejorar la cohesión de la mezcla. Pero la idea de una torre entera levantada «a base de vino» pertenece, sin duda, al territorio de la imaginación popular.
Lo cierto es que la Torre del Reloj, con sus casi 30 metros de altura y su elegante estructura barroca, ha resistido siglos de viento, lluvia y celebraciones. Su reloj, instalado en el siglo XIX, marcó durante generaciones el ritmo de la vida cotidiana. Hoy, sigue siendo punto de referencia para vecinos y visitantes.
La Torre del Reloj en el tradicional mercado medieval de Toro
Lo cierto es que la leyenda del vino, lejos de ser un simple cuento, funciona como un relato identitario. Habla de una comunidad que se une para levantar algo que la representa; de un producto, el vino de Toro, que ha sido motor económico, orgullo cultural y argumento turístico. Y, sobre todo, habla de la capacidad de las ciudades para convertir sus historias en patrimonio emocional.