Un momento del juicio que se sigue en la Audiencia Provincial, por el asesinato a cuchilladas de un hombre en octubre de 2024 en Aranda de Duero (Burgos), suegro del acusado, para el que el Ministerio Fiscal pide casi 30 años de prisiónSanti Otero / EFE

«Mantuvo la calma necesaria»: el acusado de matar a su suegro en Burgos era consciente de sus actos pese a su brote psicótico

La víctima falleció por por un mecanismo mixto de shock hipovolémico y asfixia y no se pudo defender

El juicio con jurado por el asesinato de un hombre a manos de su yerno en octubre de 2024 ha girado este jueves en torno al estado mental del acusado en el momento de los hechos. Si bien los informes médicos recogen que el procesado -sin historial psiquiátrico previo- sufrió un brote psicótico con ideas delirantes y alucinaciones, los peritos han matizado su grado de consciencia y capacidad cognitiva durante las valoraciones.

Al respecto, los expertos han señalado que el encartado mostraba una conducta plenamente orientada en tiempo, espacio y situación cuando fue atendido en Psiquiatría. Durante el interrogatorio, el acusado colaboró «de forma abierta y sin reticencias» y mantuvo un discurso coherente y de estructura sólida, construido con sujeto, predicado y verbo.

No obstante, los profesionales han apuntado que sus contestaciones adoptaban un tono «peculiar, cercano a una dinámica escolar». Asimismo, ofrecía respuestas densas y excesivamente elaboradas que se prolongaban más de lo habitual, aunque sin llegar a aportar datos «sustanciales».

El análisis pericial contrasta así con los antecedentes del acusado, quien dos meses antes de los hechos ya había manifestado cambios extraños de comportamiento y signos externos de alerta que motivaron su ingreso en el Hospital Universitario de Burgos (HUBU) por ideación suicida.

Abundando en los hechos, los forenses han descartado la confusión mental del acusado tras el crimen por su capacidad para huir, conducir horas y formatear el móvil. Así, la defensa de la inimputabilidad choca con «los pasos que dio el procesado tras cometer los hechos».

Según han detallado los expertos, las acciones posteriores requerían un «grado de planificación y serenidad» incompatible con un brote de desconexión mental o anulación de la conciencia. Tras agredir mortalmente a la víctima, el acusado mantuvo «la calma necesaria» y conducir durante horas «sin sufrir ningún accidente», recoge el análisis forense sobre la huida.

A esto se sumaron «maniobras posteriores» dirigidas a borrar el rastro del delito, como formatear su teléfono móvil. Para los especialistas, resulta evidente que semejante conducta respondía a un fin concreto y exigía una atención detallada que descartaría por completo un estado de confusión o enajenación transitoria.

Los hechos

Por otro lado, los forenses que han prestado declaración en el juicio con jurado han confirmado en la vista que se sigue contra el presunto autor de la muerte, J.L.H, que la muerte se produjo por n mecanismo mixto de shock hipovolémico y asfixia.

Las heridas por arma blanca que presentaba la víctima provocaron lesiones pulmonares «severas» que derivaron en una hemorragia interna masiva. Según han precisado los expertos, en la cavidad torácica se halló aproximadamente medio litro de sangre, una acumulación a la que se sumó la presencia de líquido hemático tanto en los hematomas y los órganos como en el exterior del cuerpo debido al sangrado de las propias lesiones.

Esta pérdida rápida y cuantiosa de sangre desencadenó un cuadro crítico. Al quedar los pulmones y el paso de aire gravemente afectados, la sangre penetró en las vías aéreas superiores, bloqueando los bronquios y dificultando de forma drástica la respiración.

La interpretación más lógica, apuntada por una de las peritos forenses, es que en primer lugar, se habrían producido «heridas de tanteo», lesiones de menor relevancia que no llegan a penetrar en la cavidad torácica, localizadas en la parte anterior del tórax.

Tras ese primer ataque frontal, el fallecido cayó al suelo. Fue en esa posición donde se le habrían infligido «el resto de las lesiones», catalogadas ya como graves y de carácter mortal, culminando con las puñaladas recibidas por la espalda al ser girado. Además ha apuntado que el fallecido no se pudo defender porque no aparecen signos de haberse rebelado.