Un manto de duraznillo de agua, en el río Pisuerga a su paso por la localidad de Simancas, en ValladolidDaniel Martín

Una dañina planta acuática invasora muy difícil de erradicar coloniza el Duero y el Pisuerga

La Ludwigia plepoides o duraznillo de agua se ha expandido por control en algunas zonas de la cuenca del Duero y supone un peligro por, entre otros, aumentar el riesgo de avenidas o favorecer la proliferación de mosquitos

Una planta acuática invasora se expande sin control por las orillas de los ríos Pisuerga y Duero. Se trata de la Ludwigia peploides, también conocida como duraznillo de agua, onagraria o flor de laguna, una onagrácea que florece casi todo el año y crece de forma flotante hacia dentro del agua y emergida en las orillas. Dañina y muy difícil de erradicar, ha tomado por completo buena parte del curso del Pisuerga en la localidad de Simancas hasta la desembocadura en el Duero, donde también se ha reproducido.

De hecho, a 100 kilómetros de allí, también se la puede ver, muy cerca de Zamora capital, aunque en mucha menor medida que en la localidad vallisoletana, según ha comprobado este diario. En Simancas, todo el entorno del puente románico está infestado por esta planta, incluidos algunos de los ojos del mismo, por lo que, si no se pone remedio, puede comenzar a taponarlos.

Y es que uno de los grandes problemas de esta planta originaria de América e introducida en España a través de estanques y amantes de la acuariofilia, es que puede favorecer las avenidas de agua, al dificultar la corriente. «Su gran desarrollo puede interferir en la navegación, la pesca, el riego así como dificultar la circulación y drenaje en lagos, estanques y canales, favoreciendo las avenidas», señala al respecto de esta ludwigia el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico.

Mantos de duraznillo de agua, cerca de la urbanización Entrepinos, en ValladolidDaniel Martín

Los problemas no acaban ni mucho menos ahí. Y es que esta planta tiene una gran capacidad de colonización y propagación, generando una gran cantidad de biomasa que puede ocupar extensas áreas y provocar la «alteración física del hábitat», pudiendo causar hipoxia severa y anoxia en verano, perjudicando a peces y cangrejos, a los que pueden desplazar de sus entornos.

Este periódico ha visto in situ, tanto en la provincia de Valladolid como en la de Zamora, que, sin embargo, bajo los tallos y hojas flotantes del duraznillo sí se prodigan numerosos ejemplares de Gambusia holbrooki, el pez de agua dulce más pequeño que se puede encontrar en los ríos españoles (de hasta cuatro centímetros en las hembras) y que es también una especie invasora. En este caso, procedente de Norteamérica e introducida a propósito hace un siglo por las autoridades para combatir la expansión de la malaria, al alimentarse de larvas de mosquito.

Manto de hojas de ludwigia peploides bajo el puente de Simancas, en ValladolidDaniel Martín

La ludwigia peploides se defiende, asimismo, de los herbívoros por su mal sabor, según el Miteco, que la incluye en su Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras. «Promueve el desarrollo de larvas de mosquitos, favoreciendo la proliferación de las enfermedades asociadas, dificultando su control efectivo y excluyendo a los peces que depredan sobre dichas larvas. Pueden provocar una reducción de la calidad del agua para consumo», advierten desde el Ministerio del ramo.

Y es que, además, el duraznillo de agua se reproduce mucho y muy bien, ya que soporta muy distintas condiciones del agua y su crecimiento vegetativo es muy elevado, además de producir muchas semillas. En este sentido, el Miteco apunta a que los organismos de cuenca cuentan con «protocolos de identificación de especies invasoras en sus actuaciones de seguimiento de las masas de agua, pero sería recomendable destinar recursos y esfuerzos a la inspección regular».

La retirada temprana, clave

Una retirada temprana es clave, aunque en el caso de Simancas su alta presencia es conocida, al menos, desde principios de este verano, cuando era mucho menor y la planta no ha dejado de expandirse.

Para acabar con ella, «lo más efectivo es la retirada manual en los momentos iniciales de la invasión», de acuerdo con el Miteco, que apunta a que, a diferencia de lo que hubo que hacer con el jacinto de agua (Eichhornia crassipes) en el Guadiana hace dos décadas, «la retirada mecánica mediante cosechadoras, rotocultivadoras y otros métodos es poco efectiva cuando está extendida, además de suponer un riesgo importante, al generar fragmentos que se pueden dispersar fácilmente», por lo que alienta a evitar este tipo de actuaciones.

Por el contrario, apunta como medidas efectivas al sombreado con cubiertas opacas, aunque ello tiene «importantes efectos sobre el resto del ecosistema». Se están utilizando barreras flotantes para evitar su dispersión en la Comunidad de Madrid, precisan desde el Ministerio, desde donde indican que hay investigaciones que recomiendan usar algunos tipos de escarabajos para combatirla.