Bloque de pisos, en Valladolid, donde la hija de unos inquiokupas ha okupado la casa de la que fueron desahuciados sus padres

Bloque de pisos, en Valladolid, donde la hija de unos inquiokupas ha okupado la casa de la que fueron desahuciados sus padresGoogle Maps

Una mujer okupa el piso del que fueron desahuciados sus padres, inquiokupas, hacía tres meses en Valladolid

Tras año y medio de calvario judicial, solo la rápida denuncia del afectado a la Policía ha permitido evitar que se alargue su pesadilla

Una mujer, de 30 años, ha okupado el piso de donde habían sido desahuciados sus padres, inquiokupas, hacía solo tres meses tras dejar de pagar el alquiler. Después de año y medio de calvario judicial, el afectado, propietario de un inmueble en el número 23 de la calle del Dr. Sánchez Villares, en el barrio de Arturo Eyries de Valladolid, veía cómo la hija de los morosos había usurpado la misma vivienda.

Según ha informado El Norte de Castilla, la historia, sin embargo, ha acabado con final feliz para el dueño, ya que, al percatarse rápidamente de lo que había sucedido y dar aviso a la Policía, los agentes pudieron sacar rápidamente a la mujer de la casa. No obstante, el miedo a que se puede producir un episodio similar lo perturba, hasta el punto de que acude todos los días al inmueble para comprobar que no hay nadie.

Asimismo, ha tenido que poner dos cerraduras e instalar un sistema de videovigilancia. Unas precauciones que corren por su cuenta en un país donde cada vez se hace más difícil ejercer el derecho a la propiedad privada y donde el problema del acceso a la vivienda en muchos casos lo tienen que pagar ciudadanos de a pie.

Según el citado diario vallisoletano, el pasado 1 de julio, el juzgado autorizaba el desahucio después de cinco meses sin pagar la renta, que era barata para la zona, de 650 euros. Los inquilinos lo abandonaron de forma pacífica, aunque «se llevaron todo» y desde la denuncia hasta el lanzamiento la deuda asciende a unos 20.000 euros, según lamenta el hombre.

El 30 de septiembre, intentó abrir la cerradura y la llave no cerraba. Además, comprobó que había se veían luces y se escuchaban ruidos en el interior, por lo que llamó a la Policía Municipal, que envió una patrulla. Los agentes llamaron a la puerta y abrió un hombre, quien, aseguró, había apalabrado un alquiler con otro hombre.

El inquilino en 'negro' invitó a los policías al interior del piso, donde comprobaron que estaba completamente vacío, a excepción de un rúter de una compañía telefónica con la que había contratado la hija de los inquiokupas, como descubrió el propietario de la vivienda. Los agentes intentaron contactar con el otro hombre que supuestamente le había alquilado la casa, pero éste declaro que desconocía de qué le estaban hablando.

El dueño no quería pasar por otro largo proceso judicial y a la mañana siguiente decidió dar «guerra» junto con una veintena de familiares en el bloque de pisos para impedir que el inquilino y la okupa se quedaran en su casa. Todo ello mientras pasaba información a la Policía para poder justificar que era su vivienda y dar contexto a todo lo que estaba pasando. Solo así, gracias a que se dio cuenta desde el primer momento, y a que acudió con premura a la Policía, pudo recuperar su vivienda sin tener que ir nuevamente ante la Justicia.

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