El Camino de la Felicidad se encuentra junto a las ruinas del Santuario de Nuestra Señora del Valle
El 'Camino de la Felicidad' que vecinos de Zamora hicieron tras la covid sigue atrayendo las miradas de los visitantes
Junto a las ruinas del santuario de Nuestra Señora del Valle se ha adornado un camino con más de 200 piedras de colores pintadas a mano
San Román del Valle parece uno de esos lugares que el viajero descubre casi por casualidad. Apenas a diez minutos de Benavente y junto al trazado de la antigua Nacional VI, este pequeño municipio zamorano guarda un patrimonio sorprendente para su tamaño. La monumental fachada barroca del antiguo convento de Nuestra Señora del Valle y las evocadoras ruinas de su antigua iglesia parroquial hablan de un pasado más esplendoroso.
Sin embargo, desde hace unos años, quienes llegan hasta aquí encuentran también otro atractivo mucho más reciente: un sendero construido con creatividad y esperanza al que los vecinos bautizaron como el Camino de la Felicidad.
Lo que comenzó como una sencilla forma de combatir el aislamiento durante los meses más duros de la pandemia se ha convertido en una de las estampas más singulares de la comarca. A lo largo de la subida que conduce al convento, cerca de doscientas piedras pintadas acompañan al visitante como si fueran pequeñas cápsulas de optimismo desperdigadas junto al camino. Sus colores vivos destacan entre la vegetación y el paisaje castellano, despertando la curiosidad de quienes recorren este rincón de la provincia de Zamora.
Algunos ejemplos de las piedras decoradas por los vecinos de San Román del Valle
Cada piedra cuenta una historia diferente. Algunas muestran frases inspiradoras; otras recogen refranes populares transmitidos de generación en generación. También aparecen dibujos infantiles, mariquitas, mariposas, flores, personajes de cuentos e incluso mensajes dedicados a familiares que ya no están. Hay versos, símbolos de amistad y palabras de cariño que reflejan las emociones de quienes participaron en la iniciativa.
La idea nació durante la cuarentena de 2020, cuando la vida cotidiana quedó suspendida y el tiempo parecía transcurrir más despacio. En San Román del Valle, un pueblo pequeño acostumbrado a apoyarse en la cercanía de sus vecinos, surgió entonces una propuesta tan sencilla como efectiva: pintar piedras y convertirlas en un gran proyecto colectivo.
El Camino de la Felicidad está lleno de piedras con mensajes que se conservan tras la covid en San Román del Valle
De hecho, lo que empezó como una actividad para ocupar las largas jornadas de confinamiento terminó fortaleciendo aún más los lazos de la comunidad.
Protegidas frente a la lluvia
Con el objetivo de preservar los trabajos frente a la lluvia, el sol y el paso del tiempo, varios vecinos decidieron proteger cada piedra con una capa de laca de uñas. Gracias a ese método artesanal, los colores y los mensajes continúan manteniendo gran parte de su fuerza original. El recurso, tan ingenioso como económico, ha permitido que el camino conserve su esencia años después de su creación y que nuevas generaciones puedan seguir leyendo las palabras plasmadas durante aquellos meses tan difíciles.
Otra imagen del Camino de la Felicidad en San Román del Valle (Zamora)
La iniciativa tuvo además un marcado carácter intergeneracional. Niños, jóvenes, adultos y personas mayores encontraron en las piedras una forma de expresar sentimientos, compartir recuerdos y ocupar las horas de encierro con un objetivo común.
Pero quizá el verdadero valor del Camino de la Felicidad no reside únicamente en su aspecto artístico. Lo que atrae a muchos visitantes es la historia que hay detrás. Cada piedra simboliza el esfuerzo de una comunidad por transformar la incertidumbre en algo bello. Allí donde la pandemia dejó preocupación y distancia social, los habitantes de San Román del Valle sembraron mensajes de optimismo capaces de perdurar en el tiempo.
El cartel colocado al comienzo del Camino de la Felicidad
El recorrido se ha convertido así en una curiosidad turística que complementa el patrimonio histórico de la localidad. Quienes llegan para contemplar la magnífica fachada barroca del convento descubren también este museo al aire libre formado por pequeñas obras anónimas. Muchos se detienen a leer los mensajes, fotografían las piedras y comparten después la experiencia en redes sociales, contribuyendo a difundir un proyecto que nació sin pretensiones y que hoy forma parte de la identidad del pueblo.
El Camino de la Felicidad está lleno de mensajes manuscritos sobre piedras
Este Camino de la Felicidad invita a caminar despacio y dejarse sorprender por las historias que esconden unas simples piedras.
Años después del confinamiento, San Román del Valle sigue demostrando que la felicidad puede encontrarse en los lugares más inesperados. Basta recorrer el sendero que conduce al convento y santuario de Nuestra Señora del Valle para comprobarlo. Allí, entre colores, refranes y mensajes de esperanza, permanece viva la memoria de una comunidad que decidió responder a la adversidad con imaginación, unión y una enorme dosis de optimismo.