Imagen general de las ruinas del Convento y Santuario de Nuestra Señora del Valle en San Román del Valle (Zamora)
El pueblo de 50 habitantes que guarda un tesoro en forma de templo del siglo XV aprobado por Benedicto XIII
Tras el abandono de los monjes franciscanos que vivían en él, muchas de sus piedras sirvieron para construir, por ejemplo, el Parador de Benavente
San Román del Valle, una pequeña localidad zamorana de apenas medio centenar de habitantes, custodia uno de esos tesoros silenciosos que sobreviven en la geografía rural de Castilla y León, las ruinas del antiguo Convento y Santuario de Nuestra Señora del Valle, un templo del siglo XV cuya fundación fue aprobada por el papa Benedicto XIII y que hoy lucha por recuperar la dignidad perdida tras décadas de abandono.
La historia del santuario se remonta a los primeros años del siglo XV, cuando los franciscanos recibieron autorización papal para levantar un convento destinado a la Tercera Orden de San Francisco. La parte más antigua del conjunto corresponde a la cabecera del templo, probablemente erigida a finales del siglo XIV, un núcleo gótico que aún resiste entre muros desgastados.
Durante el siglo XVIII, el convento vivió una etapa de esplendor arquitectónico, se añadió una nave de cinco tramos cubierta con bóveda de cañón y lunetos (hoy desaparecida) y se levantó la fachada principal, flanqueada por una esbelta torre coronada con chapitel, el elemento mejor conservado del conjunto. A su lado se abría la entrada al monasterio, que aún mantiene parte de su estructura original.
Ruinas del Convento y Santuario de Nuestra Señora del Valle (Zamora)
Considerado durante siglos como el principal templo espiritual del Valle de Santa María, el convento fue también panteón de los primeros condes de Benavente. Tres urnas funerarias del linaje Pimentel permanecieron en su interior hasta 1963, cuando fueron trasladadas al Museo de los Caminos de Astorga ante el riesgo de ruina.
El proceso de exclaustración marcó el inicio del declive. Sin monjes y sin mantenimiento, el edificio comenzó a desmoronarse. A principios de los años setenta se desmontó la armadura morisca del presbiterio, una pieza excepcional que terminó instalada en el Torreón del Caracol de Benavente como ornamento del nuevo Parador de Turismo.
La pérdida de elementos arquitectónicos fue constante: piedras reutilizadas en casas de la zona, galerías abiertas, bóvedas derrumbadas. En 2000, el deterioro era tan acusado que el santuario ingresó en la Lista Roja del Patrimonio, símbolo de una ruina que parecía irreversible.
Interior de las ruinas del Santuario de Nuestra Señora del Valle (Zamora)
Tras un expediente fallido en 1983, hubo que esperar hasta febrero de 2022 para que la Junta de Castilla y León declarara el conjunto Bien de Interés Cultural (BIC). La decisión llegó después de una intervención arqueológica en 2018 que permitió documentar restos del claustro, antiguas bodegas y dependencias conventuales.
Desde entonces, se han iniciado trabajos de consolidación de cimientos, rastreo de estructuras y estudios técnicos que abren una puerta a la esperanza. El presupuesto autonómico para cultura y patrimonio incluía partidas específicas para la restauración de monasterios y arquitectura histórica, lo que podría cubrir más del 80 % del coste de una futura rehabilitación integral del santuario.
Las ruinas del Convento y Santuario de Nuestra Señora del Valle por la noche
La población de la zona ayuda con su impulso a la recuperación de este santuario. De hecho, un colectivo local denominado Conventus ha impulsado mercadillos solidarios, actividades culturales y una recreación 3D del convento que permite imaginar cómo fue el conjunto antes de su deterioro. La comunidad ha recuperado incluso la romería de la Virgen del Valle, que vuelve a caminar hacia el santuario desde 2022.
En 2025, las ruinas se convirtieron en escenario del festival Dulces Ruinas, donde poesía y música resonaron entre los muros desgastados, demostrando que el patrimonio, incluso en ruinas, puede seguir siendo un espacio vivo.
Otra vista del interior de las ruinas del Santuario de Nuestra Señora del Valle
Hoy, el Santuario se alza junto a un arroyo, rodeado de un paisaje sereno que mezcla naturaleza y memoria. La torre del campanario, los cimientos de la iglesia y parte del claustro permanecen en pie, como testigos de un pasado que se niega a desaparecer.
San Román del Valle, con sus 50 habitantes, guarda un tesoro que aspira a renacer. Un templo nacido bajo la aprobación de Benedicto XIII, marcado por siglos de historia y ahora sostenido por la voluntad de quienes creen que el patrimonio rural también merece la pena.