El parador de Benavente, en Zamora
Turismo rural
La fortaleza medieval donde se unieron los reinos de Castilla y León ahora es este acogedor Parador
El castillo de la Mota de Benavente, antes de convertirse en Parador, fue el punto elegido para que Fernando III unificara las coronas de León y de Castilla o su padre, Alfonso IX, celebrara las Cortes de 1202. Historia al alcance de todos.
En el corazón de la provincia de Zamora, donde la meseta se abre en suaves ondulaciones, se alza el Parador de Benavente, un destino perfecto para una escapada de fin de semana que combina historia, tranquilidad y una vista panorámica privilegiada.
Éste no es un hotel cualquiera: está levantado sobre los restos de la antigua fortaleza de los Condes de Benavente, un enclave defensivo que durante siglos dominó los caminos del norte de Castilla. Este edificio histórico, que por aquel entonces aún era el castillo de la Mota de Benavente, fue el punto elegido por el rey Alfonso IX de León para celebrar las Cortes de 1202. Esta convocatoria tiene importancia porque interesaba especialmente a los ciudadanos, a los que afecta de una forma muy clara la acuñación de la moneda real. Alfonso IX renuncia a la devaluación de la moneda de los siguientes siete años, a cambio de un tributo anual.
Interior del actual Parador de Benavente
Además, el rey Alfonso IX de León fue el primero de toda Europa que convocó a los representantes de las ciudades a unas Cortes, junto a la Corona, la Iglesia y la nobleza. Nunca antes en ningún lugar el pueblo llano había tenido representación en uno de esos cónclaves en donde los poderes tradicionales, Corona, Iglesia y nobleza, trazaban las líneas a seguir en el reino.
Pero este castillo ha pasado, además, a la historia por acoger la firma, el 11 de diciembre de 1230, de la Concordia de Benavente o Tratado de las Tercerías por el que se unieron dinásticamente León y Castilla en la persona de Fernando III, hijo de Berenguela I, reina de Castilla, y de Alfonso IX, rey de León. Por este tratado, sus hermanas Dulce y Sancha renunciaban a sus posibles derechos al trono de León y, a cambio, a cada una de ellas se le asignó de por vida una docena de señoríos por los que percibían una renta anual. Pocos días después, Fernando fue coronado rey, uniendo así definitivamente los reinos de Castilla y León en la Corona de Castilla, aunque siguieron conservando Cortes, leyes e instituciones diferentes.
El edificio actual conserva uno de los elementos más emblemáticos de aquel castillo: la Torre del Caracol, una joya renacentista del siglo XVI que se ha convertido en símbolo de la ciudad. Su interior, con un magnífico artesonado mudéjar y una escalera helicoidal que parece suspendida en el aire, recuerda al viajero que este lugar fue, en otro tiempo, centro de poder y residencia señorial. Hoy, sin embargo, la torre es un espacio abierto a la contemplación, un mirador privilegiado desde el que se divisan los valles del Órbigo y el Esla.
La Torre de Caracol del Parador de Benavente
Y es que Benavente, enclavado entre Zamora y León, vigila desde las alturas los dos ríos, ha sido desde tiempos inmemoriales un punto estratégico, codiciado por multitud de pueblos. El Parador se integra con naturalidad en este entorno histórico. Sus estancias, amplias y luminosas, mantienen un equilibrio entre la sobriedad castellana y la comodidad contemporánea. La decoración, basada en maderas nobles, tapices y tonos cálidos, invita al descanso tras un día de paseo por la ciudad. Desde muchas habitaciones se puede disfrutar de una vista que resume la esencia de Benavente: tejados rojizos, torres medievales y un horizonte que se pierde en la llanura.
Vistas desde el Parador de Benavente
Una escapada de fin de semana aquí permite descubrir la ciudad sin prisas. A pocos pasos del Parador se encuentra la Plaza Mayor, animada y acogedora, y el Hospital de la Piedad, una joya del gótico tardío.
También merece una visita la iglesia de Santa María del Azogue, con su mezcla de románico y gótico, y el cercano Jardín de la Rosaleda, perfecto para un paseo al atardecer. Benavente es una ciudad amable, de escala humana, ideal para desconectar sin renunciar a la cultura y la gastronomía.
Porque si algo distingue al Parador es también su cocina. En su restaurante se rinde homenaje a los productos de la tierra: el lechazo asado, las alubias de Sanabria, los quesos zamoranos o la ternera de Aliste conviven con recetas tradicionales reinterpretadas con sutileza. Todo ello acompañado por vinos de Toro o de los Arribes, que completan una experiencia sensorial profundamente ligada al territorio.
Dormir sobre los restos de una fortaleza medieval, recorrer sus jardines, asomarse a la Torre del Caracol o contemplar el amanecer sobre la meseta convierte la escapada al Parador de Benavente en un paréntesis memorable. Un lugar donde la historia no es un decorado, sino una presencia viva que acompaña al viajero en cada rincón.