09 de diciembre de 2022

Manifestación en favor del consitucionalismo en Cataluña celebrada en 2017

Manifestación en favor del consitucionalismo en Cataluña celebrada en 2017

Cataluña

Los catalanes constitucionalistas, triplemente abandonados

Si no se entiende que con el nacionalismo, o lo que es lo mismo, con los enemigos de la nación y del Estado de Derecho, no se puede negociar, difícilmente se logrará vencer al nacionalismo en las urnas

Es frecuente escuchar, en diversos medios de comunicación, a reputados analistas políticos divagar sobre por qué es tan difícil la movilización del voto no nacionalista en Cataluña. La respuesta puede ser relativamente sencilla: muchos electores no nacionalistas –fue el caso de 760.000 personas en las últimas elecciones autonómicas– no encuentran motivos para ir a votar y prefieren quedarse en casa. Esta falta de motivación para ir a votar se podría explicar en gran parte por la sensación de muchos electores de haber sido triplemente abandonados.
En primer lugar, abandonados por un Gobierno de la Generalitat que considera a los catalanes no nacionalistas como catalanes de segunda, bestias taradas o «fachas» sólo por pensar diferente, por atreverse a alzar la voz, o sencillamente por querer detener la decadencia económica, social, cultural y moral de Cataluña. Y me permito añadir la crisis moral porque algunos ya no saben distinguir el bien del mal y prefieren fotografiarse con Arnaldo Otegi, condenado por secuestro y enaltecimiento del terrorismo; o Carles Sastre, condenado por asesinato; y boicotear al Rey por el simple hecho de habernos recordado a miles de catalanes, con su discurso del 3 de octubre, que no estábamos solos.
En segundo lugar, abandonados por el Gobierno de la nación, que sistemáticamente prefiere pactar con los herederos de ETA, la extrema izquierda o el independentismo antes que con los catalanes que queremos seguir formando parte de España lealmente, reconociendo lo que nos une, que es mucho. En sus mesas de negociación, miles de catalanes no estamos representados, pues sólo se habla con la parte nacionalista. Es aquí cuando el socialismo, pudiendo ser parte de la solución, se convierte en parte del problema, legitimando a aquellos que quieren destruir la nación que presiden. Después de tantas infidelidades del PSC, es imposible creerse lo de «no volverá a pasar».
Y, en tercer lugar, abandonados en muchas ocasiones, demasiadas, por los partidos considerados constitucionalistas, más preocupados en llegar a la Moncloa que en tratar de gobernar los Ayuntamientos de Cataluña, o aspirar, de verdad, a ocupar el Palau de la Generalitat. Demasiados dirigentes políticos han abandonado voluntariamente Cataluña en cuanto han tenido la ocasión; y la sensación generalizada es que con el próximo ciclo electoral volverá a suceder. Sí, la palabra es abandonar, porque cuando se ganan unas elecciones el deber es quedarse y construir una alternativa a los gobiernos ininterrumpidamente nacionalistas que hemos tenido en Cataluña. Se ha abandonado en muchas ocasiones a ciudadanos valientes que dieron la cara, se llenaron de ilusión, creyeron y salieron a la calle masivamente el 8 de octubre.
Este triple abandono puede ser letal para el constitucionalismo, entendido como respeto al Estado de derecho, y defensa de la separación de poderes y la democracia representativa, especialmente en Cataluña, pero con un impacto de letalidad similar en el conjunto de la nación. Si no se entiende que con el nacionalismo, o lo que es lo mismo, con los enemigos de la nación y del Estado de Derecho, no se puede negociar, difícilmente se logrará vencer al nacionalismo en las urnas. Los catalanes que queremos vivir con naturalidad nuestra identidad catalana y española no nos merecemos ser el segundo plato de nadie, ni nos merecemos que nuestros derechos se intercambien para permanecer (o llegar) en la Moncloa.
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