Un momento de la celebración de la Patum, esta semana
Cataluña
Aquelarre nacionalista en la Patum de Berga: una 'estelada' gigante y un retrato del Rey boca abajo
Fue el punto culminante de una fiesta popular que ha acabado politizada por el separatismo
Este jueves, en Berga, se vivió la primera Patum Completa. Una Patum reivindicativa desde diferentes puntos de vista. Primero porque se rindió homenaje a Josep Maria Isanta, un joven del municipio que fue asesinado hace 20 años durante estas fiestas. Pero también hubo reivindicación política, y mucha.
Arrancó con la interpretación de «Els Segadors». Mientras tanto, se desplegó, desde las escaleras de la Iglesia de Santa Eulàlia, una gran estelada en la que se podía leer: «República Catalana».
Y prácticamente al mismo tiempo, desde un balcón se dejó caer una lona con la figura del rey Felipe VI boca abajo, lo que provocó gritos de júbilo y a favor de la independencia. Y otra cuestión que han destacado muchos de los asistentes, es la presencia de esteladas, más numerosa que en ocasiones anteriores.
Orígenes
La Patum de Berga tiene sus raíces en la Edad Media, cuando la celebración del Corpus Christi se fusionó con el fervor popular y el simbolismo teatral. Declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO en 2005, esta fiesta nació como una procesión religiosa en el siglo XIV, destinada a exaltar la Eucaristía.
Documentos históricos sitúan los primeros vestigios de la Patum en 1454, cuando representaciones teatrales populares, conocidas como «entremeses», comenzaron a integrarse en las festividades religiosas.
Estas escenificaciones, cargadas de simbolismo, enfrentaban el bien y el mal (representados por ángeles, demonios y figuras mitológicas) y evolucionaron hasta dar forma a las comparsas actuales, como los Turcs i Cavallets, las Maces o los Plens, con su icónico fuego. La plaza de Sant Pere, corazón de Berga, se convirtió en el escenario donde la comunidad canalizaba su devoción y su identidad.
Con el paso de los siglos, la Patum incorporó elementos paganos y folclóricos, como los gigantes y los cabezudos, que enriquecieron su carácter único. Prohibida durante la dictadura franquista, la fiesta resurgió con fuerza, como un canto a la tradición y la resistencia cultural, se dice desde Berga. Pero también hay quien denuncia que una fiesta popular haya acabado politizada.