La portavoz nacional de Sanidad de Vox, María Elisa García Fuster, durante una intervención en el ParlamentVox

Entrevista

García Fuster (Vox): «Centralizar la sanidad eliminaría desigualdades y duplicidades»

María Elisa García Fuster es portavoz nacional de Sanidad de Vox, muy crítica con la «policía lingüística» en los hospitales catalanes

María Elisa García Fuster es diputada de Vox en el Parlament de Cataluña y desde junio de este año es portavoz nacional de Sanidad del partido. Nacida en Alicante, es médico especialista en anestesiología y reanimación. Ha formado parte del equipo de Trasplante Renal del Hospital Universitario de Bellvitge hasta su entrada en el Parlament.

Se define en sus redes sociales como «Española, esposa, madre y católica». Y, en la cámara catalana, se ha convertido en azote del Govern al denunciar los desmanes en la DGAIA o en los medios de comunicación públicos en Cataluña.

— Como portavoz nacional de Vox en materia de salud, ¿qué importancia tiene esta área para el partido, tanto a nivel nacional como en Cataluña?

— Vox es el único partido que realmente prioriza la sanidad. Otros partidos, como ocurre con la educación física o la cultura, dicen que es importante, pero solo actúan cuando hay crisis graves. Nombrarme portavoz nacional, uno de los 12 pilares estratégicos de Vox, demuestra una apuesta clara por mejorar el sistema sanitario, apoyar a los profesionales y garantizar una sanidad de calidad para todos los españoles. Como médica, asumir esta responsabilidad me llena de orgullo, aunque es un reto enorme. En Cataluña, donde la gestión sanitaria está en crisis, nuestro compromiso es aún más relevante.

— El Consejo Interterritorial de Salud ha rechazado ampliar plazas de enfermería, mientras que sí lo ha hecho para médicos. ¿Qué opinión le merece esta decisión?

— Nos ha dejado perplejos. No entendemos por qué se ha tomado esta decisión, ya que no se ha justificado públicamente. El Consejo General de Enfermería lleva tiempo alertando sobre una carencia crítica de unos 100.000 enfermeros en España. Esta situación se agrava por dos factores principales. Primero, el relevo generacional: muchos médicos y enfermeros están próximos a jubilarse, y no hay suficientes profesionales para reemplazarlos.

Segundo, la inmigración ilegal masiva y descontrolada está colapsando el sistema sanitario, saturando servicios y dificultando la atención adecuada. La falta de enfermeros no se resuelve, y la ampliación de plazas para médicos, aunque positiva, es insuficiente para cubrir estas necesidades estructurales.

En Cataluña, la escasez de médicos es un problema significativo, y por este motivo, el Govern ha relajado el requisito del catalán para médicos extranjeros. Y de esto los separatistas han hecho un caballo de batalla, se señala incluso a los profesionales que no lo hablan.

— Sin duda. Cataluña se ha convertido en una comunidad hostil para los profesionales sanitarios. A pesar de contar con algunos de los mejores hospitales de España, los mejores MIR no eligen Cataluña. Llevamos años viendo cómo los primeros números del MIR optan por otras comunidades. ¿La razón? La imposición del nivel C1 de catalán y la creación de una especie de «policía lingüística» en los hospitales, que vigila que los profesionales hablen catalán, incluso en la atención a pacientes. Esto es absurdo.

Nunca había habido problemas lingüísticos en la sanidad catalana. Como médico, si atiendo a un paciente, por ejemplo, una persona mayor de Lérida que solo habla catalán, me esfuerzo por comunicarme en catalán o, en mi caso, en valenciano, que es mi lengua materna. Pero forzar esta imposición crea tensiones innecesarias entre sanitarios y pacientes, y entre los propios sanitarios.

Además, esta política expulsa talento. En 2024, el 56 % de los médicos colegiados en el Colegio Oficial de Médicos de Barcelona eran extracomunitarios, muchos de ellos con una formación que, en términos generales, no alcanza los estándares europeos. Mientras tanto, nuestros médicos y enfermeros mejor formados se marchan al extranjero en busca de mejores sueldos, condiciones laborales dignas y entornos sin imposiciones ideológicas o lingüísticas. Estamos importando profesionales con menor cualificación y exportando nuestro talento, lo que deteriora gravemente la calidad asistencial.

Las listas de espera son otro problema crítico en toda España, pero especialmente en Cataluña. ¿Qué medidas propone Vox para reducirlas?

— La situación en Cataluña es alarmante. Según los últimos datos, en 2024 las listas de espera quirúrgica alcanzaron los 145 días, y las consultas con especialistas, 110 días, muy por encima de la media española (126 y 105 días, respectivamente). Cerramos el año con casi 200.000 personas esperando una cirugía. Este verano, se cerrarán 1.200 camas por falta de personal y presupuesto, lo que agrava aún más el colapso.

La gestión de Olga Pané, la actual consejera de Salud, ha seguido las mismas políticas ineficaces de sus predecesores, sin abordar las causas estructurales. El problema radica en una combinación de mala gestión y factores externos. Por un lado, el colapso por la inmigración ilegal descontrolada, que satura los servicios sanitarios.

Por otro, está la falta de previsión y conocimiento del sistema catalán de salud. Por ejemplo, no se entiende por qué un paciente programado para quirófano a las 8:00 de la mañana entra a las 9:30, o por qué entre cirugías hay demoras de hora y media. Como médico, sé que estas ineficiencias son evitables, pero requieren una gestión que entienda el sistema desde dentro.

Para reducir las listas de espera, necesitamos más recursos humanos y materiales, pero también una reestructuración profunda. Esto incluye optimizar los quirófanos, mejorar la coordinación entre servicios y, sobre todo, invertir en profesionales. Además, la centralización de la sanidad a nivel nacional es esencial. Tener 17 sistemas sanitarios autonómicos genera desigualdades y duplicidades. Una tarjeta sanitaria única garantizaría el mismo acceso a servicios en toda España, y una compra centralizada de medicamentos, como el paracetamol, reduciría costes significativamente.

María Elisa García Fuster en una comparecenciaVox

Cataluña lidera en la práctica de abortos y eutanasia, lo que algunos llaman la «cultura de la muerte». ¿Cuál es su postura al respecto?

— Es una situación lamentable. Cataluña se enorgullece de encabezar las estadísticas de abortos, pero esto refleja un fracaso como sociedad. No se informa adecuadamente a las mujeres sobre las consecuencias físicas y psicológicas del aborto, como perforaciones uterinas, sepsis o problemas psicológicos de por vida, como ansiedad y depresión.

En los CAP de Barcelona, se han visto trípticos que presentan el aborto como una práctica sin riesgos, lo cual es falso. No hay acompañamiento para mujeres con embarazos no deseados, ni se les ofrecen alternativas. Es más fácil y barato promover el aborto que invertir en apoyo a la maternidad.

En cuanto a la eutanasia, las personas no quieren morir, quieren dejar de sufrir. El problema es la falta de inversión en cuidados paliativos y en ayudas a personas dependientes. La gente tiene miedo al dolor, pero con recursos adecuados, se puede mejorar su calidad de vida sin recurrir a la eutanasia.

Sin embargo, el Govern prefiere destinar millones a políticas ideológicas, como los 8,2 millones de euros para cooperación internacional en «empoderamiento» de mujeres en Marruecos, mientras aquí se abandonan a los enfermos dependientes y ancianos. Hay 12.000 personas esperando una plaza en residencias geriátricas y 9.500 fallecieron en 2024 esperando ayudas a la dependencia.

Sobre la Ley de la ELA, aprobada en 2024, ¿por qué no se está aplicando?

— Es indignante. Desde que la ley entró en vigor el 1 de noviembre de 2024, 300 personas con ELA han fallecido esperando ayudas. Mantener a un paciente con ELA en estado avanzado cuesta unos 120.000 euros al año, incluyendo respiradores, cuidados 24 horas y fisioterapia.

El Govern ha retrasado y obstaculizado esta ley, priorizando partidas como la cooperación internacional o políticas lingüísticas. Hay dinero para financiar cátedras ideológicas o enchufes políticos, pero no para salvar vidas. Esto no es solo una cuestión de presupuesto, sino de voluntad política. Los socialistas y sus socios han abandonado a los más vulnerables.

¿Qué opina de la gestión de la Ministra de Sanidad?

— Su gestión es lamentable. A pesar de ser anestesióloga, ha demostrado un desconocimiento profundo del Sistema Nacional de Salud. Su Estatuto Marco ha unido a toda la profesión médica en su contra, algo inédito. Sus políticas, como la ley de dispensación de medicamentos o el precio de referencia, son un desastre.

Su única prioridad parece ser el aborto, amenazando con sanciones a comunidades que no lo promuevan activamente, ignorando la libertad de conciencia de los profesionales. El juramento hipocrático, que todos los médicos hacemos, prioriza preservar la vida, pero ella parece más una activista ideológica que una gestora sanitaria.

— ¿Qué propone Vox para mejorar el sistema sanitario?

— Abogamos por una centralización de la sanidad para eliminar desigualdades y duplicidades. Una tarjeta sanitaria única garantizaría el acceso equitativo a servicios en toda España. Por ejemplo, en Cataluña no se ofrece el fármaco Enhertu para el cáncer de mama metastásico, mientras que en Valencia sí, lo que obliga a pacientes a empadronarse allí o morir sin tratamiento.

Una compra centralizada de medicamentos reduciría costes, y una gestión nacional de recursos humanos permitiría cubrir necesidades específicas, como enviar médicos a zonas rurales con incentivos económicos. Además, hay que eliminar trabas ideológicas, como la imposición del catalán, que ahuyenta a profesionales.

En el Departamento de Salud de Cataluña hay 116 altos cargos con sueldos superiores a 90.000 euros al año, mientras se cierran camas y se niegan tratamientos como los 400 euros diarios para un fármaco para niños con enfermedades raras en el Hospital Sant Joan de Déu. Esto es un despilfarro intolerable.

La consejería de Salud ha anunciado un plan piloto para reestructurar la atención primaria. ¿Qué le parece?

— La atención primaria está en crisis porque está mal estructurada. Los profesionales, tanto médicos como enfermeros, están saturados, con una carga asistencial brutal de 3-4 minutos por paciente. El plan de centralizar especialidades como pediatría es un error. Los niños necesitan atención local, no un pediatra en un ambulatorio lejano.

Además, el sistema actual sobrecarga a los médicos con tareas burocráticas, como recetas o solicitudes de pruebas, porque se han reducido los administrativos en favor de la informatización. Esto es ridículo. Para que la atención primaria sea la columna vertebral del sistema, hay que reducir la carga asistencial, mejorar las ratios, formar más profesionales y dejar de ningunear a los médicos de familia.

Actualmente, las plazas de atención primaria quedan vacías en el MIR, y muchas se cubren con médicos extracomunitarios de menor formación. Esto deteriora la calidad asistencial, y los pacientes llegan a urgencias en peores condiciones porque no se les atiende adecuadamente en primaria.

No será porque en Cataluña pagamos pocos impuestos. Pero eso no luce

— Los catalanes pagamos los impuestos más altos de España, pero no recibimos servicios a cambio. Tenemos el mayor índice de pobreza infantil (33 %) y de exclusión social, según AROPE, listas de espera récord, 50.000 personas esperando vivienda social y 9.000 fallecidos en 2024 esperando ayudas a la dependencia.

La corrupción, como señaló un estudio de la Universidad de Gotemburgo en 2021, es endémica en Cataluña. Los socialistas y separatistas han expoliado nuestra sanidad, destinando recursos a políticas ideológicas mientras abandonan a los ciudadanos. Desde Vox, luchamos por una sanidad centralizada, eficiente y libre de imposiciones, que priorice a los pacientes y profesionales por encima de todo.