El ciclista español Mikel Landa durante la decimoquinta etapa de la Vuelta ciclista a España disputada este domingo entre Infiesto y Cuitu Negru
Independentistas catalanes orquestan boicot a La Vuelta con banderas esteladas antes de la Diada
Organizaciones separatistas buscan recuperar protagonismo mediático tras el declive de sus movilizaciones masivas
Los grupos independentistas catalanes han encontrado en La Vuelta Ciclista a España una oportunidad dorada para ensayar estrategias de visibilización antes de su evento estrella del 11 de septiembre. Según información de VozPópuli, tanto la Asamblea Nacional Catalana (ANC) como la Candidatura de Unidad Popular (CUP) han coordinado iniciativas para aprovechar la cobertura mediática internacional de la competición ciclística.
La estrategia no surge de la casualidad. El movimiento secesionista atraviesa una crisis de convocatoria que contrasta paradójicamente con su influencia política actual. Mientras logran conquistas legislativas históricas como el cupo catalán o el traspaso de competencias migratorias, sus manifestaciones callejeras han perdido el vigor de antaño, congregando principalmente a militantes veteranos.
El fiasco del intento de boicot a la visita real en Montserrat ejemplifica esta realidad: apenas una docena de activistas respondieron a la convocatoria que pretendía impedir la presencia del monarca en el monasterio benedictino.
La ANC ha articulado su plan bajo la consigna de poblar de esteladas el recorrido ciclístico, focalizando sus esfuerzos en tres jornadas clave. Los organizadores dirigieron sus llamadas hacia las etapas del miércoles en Figueres, la del jueves entre Olot y Andorra, y la del viernes con salida desde el Principado hacia Huesca. «Como no desfallecemos, allí estaremos», declararon desde la organización independentista.
Por su parte, la CUP ha elaborado un discurso más estructurado, denunciando La Vuelta como herramienta de lo que califican como «españolización forzada» de los territorios catalanes. Desde la formación anticapitalista argumentan que la competición trasciende el ámbito deportivo para convertirse en un vehículo de «colonización cultural» impuesto durante décadas.
Los cupaires van más allá en su crítica, señalando que Madrid aprovecha la resonancia internacional del evento para exhibir España como «escaparate estatal» y reforzar «mecanismos centralizadores».
Esta edición presenta un elemento adicional de controversia para la CUP: la participación del equipo Israel-Premier Tech. La formación nacionalista considera inaceptable esta presencia, argumentando que facilita el «blanqueamiento de imagen» de un régimen señalado por organismos internacionales por violaciones sistemáticas de derechos humanos en el conflicto palestino.
La doble crítica —hacia España e Israel— ha llevado a la CUP a exigir que las instituciones catalanas se abstengan de participar en actos oficiales vinculados al torneo ciclístico. Simultáneamente, han movilizado a sus bases para protestar contra lo que denominan «complicidad española con Israel».
El precedente de marzo pasado durante la Vuelta a Cataluña ofrece pistas sobre las expectativas actuales. En aquella ocasión, la ANC logró parcialmente su objetivo de saturar de simbología independentista la competición regional. La victoria del británico Matthew Brennan quedó enmarcada visualmente por las banderas esteladas, algo que la organización celebró como «épico» en sus redes sociales.
La proximidad temporal con la Diada del 11 de septiembre convierte estas acciones en un termómetro crucial para medir la capacidad de movilización del independentismo. Los próximos días revelarán si el movimiento secesionista logra recuperar parte del protagonismo mediático perdido en los últimos años o si, por el contrario, confirma su declive organizativo en las calles catalanas.