Manifestantes en Barcelona, este jueves, por la DiadaEuropa Press

La crónica de la Diada

Sánchez e Illa dan respiración asistida a un independentismo más dividido que nunca

Los separatistas lucieron fotos del Rey boca abajo y quemaron banderas de España ante el aplauso de los socios de Sánchez y el silencio del PSC

La Diada permitió constatar la realidad dual que vive España: el independentismo toca fondo, –según la Guardia Urbana, ha convocado en Barcelona a sólo 28.000 personas, menos de la mitad que el año pasado–, mientras atesora más poder que nunca y tiene las llaves del BOE gracias a Pedro Sánchez.

El independentismo, cada vez más dividido y sin capacidad de convocatoria, se mantiene en la UVI gracias a la respiración asistida que le da el PSOE de Sánchez y Salvador Illa, a cambio de que estos les sostengan en el poder en Madrid y en Barcelona.

El Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC), por casualidad, se convirtió en el mejor aliado del independentismo, al hacer pública en la vigilia de la Diada la sentencia que anula los artículos principales de la Ley que consensuaron ERC, Junts, los Comunes, el PSC y la CUP para sortear la aplicación del 25 % de español en las aulas.

La sentencia permitió a los independentistas, y al PSC, volver a hablar de jueces que hacen política, de represión y sobre todo permitió que los partidos independentistas, siempre a la greña, se unieran por un momento y convocaran una manifestación a las puertas del TSJC... a la que asistió la friolera de 300 personas.

La lluvia deslució algunos de los actos de la Diada, como la ofrenda floral por la mañanaANC / X

De nada sirve que el TSJC esté presidido por Mercedes Caso, de la progresista Jueces para la Democracia. El independentismo ha decidido que todos los jueces son fachas y el PSC lo avala, así que Illa no solo se sumó a las críticas a la sentencia, sino que las lideró anunciado que el gobierno regional iba a recurrir la misma.

Tomar consciencia

La Diada también ha servido para tomar consciencia de cuan irrelevante sería el independentismo en las calles catalanas si no fuera por caprichos de la aritmética parlamentaria y si los 14 escaños de ERC y Junts no fueran imprescindibles para Sánchez .

La ANC, que hace diez años fue capaz de movilizar a 1,5 millones de personas, en una cadena humana que cruzó Cataluña, hoy convocó tres manifestaciones: en Barcelona, Gerona y Tortosa.

En dos de las capitales catalanas, Lérida y Tarragona, ni se atrevieron por temor al desierto. Así, de paso, concentraban a su menguante público en solo tres puntos de la geografía catalana.

En la manifestación de Tortosa, a donde acudieron 1.000 personas, se quemaron fotos del Rey Felipe VI y banderas de España, mientras los socios de Sánchez asistían complacidos al espectáculo. En Barcelona la bandera se quemó entre aplausos en la cabecera de la manifestación.

Junto al TSCJ, el otro aliado del independentismo, para tapar sus carencias, fue el clima. El mal tiempo permitió a ERC desconvocar su acto político y sirvió de argumento para que la ultra izquierdista CUP justificara la baja afluencia a su tradicional manifestación de última hora de la tarde, que antaño acababa entre contenedores quemados y pedradas a la policía.

La baja afluencia a las convocatorias de la ANC no fue excusa para que todos los manifestantes no fueran bien recibidos. Aliança Catalana, el spin off de Junts, con dos diputados en el parlamento catalán pero con expectativas de multiplicar sus diputados en un futuro próximo, acudió primero a la siniestra marcha de antorchas del día 10 por la noche.

También generó un altercado con el equipo de periodistas de TV3, a los que acusa de silenciarles y criminalizarles, y luego se sumó a la manifestación de la ANC pero encapsulados entre policía para evitar un enfrentamiento con los militantes de la izquierda independentista. La imagen dio vigencia a la premoción de José María Aznar de que antes de dividiría Cataluña que se partiría España.

La líder de Aliança Catalana, Sílvia Orriols, en la manifestaciónEuropa Press

Mientras el independentismo daba su espectáculo divisivo y desértico, Illa se relamía. El presidente de la Generalitat ha actuado esta Diada como Marty McFly en Regreso al Futuro, volviendo al pujolismo de los años ’80 y ’90 del siglo pasado; es decir, a combinar un respeto a la institucionalidad en la superficie con nacionalismo en vena de fondo.

El presidente autonómico ha decidido desbordar a sus socios y ha lanzado una OPA a ERC y a Junts convirtiéndose en principal avalador de la amnistía, de la llamada «financiación singular», del monolingüismo y de la hacienda propia.

Illa sabe que sobrevivirá a Sánchez, políticamente hablando, y necesita el voto independentista para reforzar su escuálida mayoría parlamentaria. En ERC y en Junts aún no se han dado cuenta.