Ruinas en el pueblo abandonado de TalaixàWikimedia

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¿Buscas pueblos fantasma? 5 enclaves abandonados en la Cataluña profunda que vale la pena visitar

Un recorrido por núcleos despoblados que nos lleva por las cuatro provincias catalanas

Si hablamos de la Cataluña vaciada, podemos nombrar una serie de pueblos que, desde hace varias décadas, son como fantasmas perdidos en la inmensidad, con un encanto especial y que merecen ser recordados y no olvidados. Hoy hablaremos de cinco de ellos, cada uno con su particular historia y vivencias.

Selma (Tarragona)

Selma se encuentra en el municipio de El Pont d’Armentera, en la comarca del Alt Camp. El pueblo data del siglo XI. Su castillo formaba parte de la Marca hispánica. El pueblo fue abandonado en la década de 1930. Hay documentación del castillo desde el 1012. En aquella época era su propietario Hug I de Montagut o Cervelló.

Fue propiedad de esta familia hasta el siglo XIII. A partir de entonces adquirió parte de los dominios del castillo el monasterio de Santes Creus. En el siglo XVII dejó de ser propiedad de los Montagut/Cervelló para pasar a la familia Armengol. A mediados del siglo XIX el castillo ya estaba en ruinas.

Pinyeres (Tarragona)

Pinyeres es un pueblo que encontramos en la comarca de la Terra Alta. Esta en el término de Batea. Su declive empezó después de la guerra civil. El abandono definitivo tuvo lugar en el 1973. En un primer momento estuvo bajo la protección de la Orden del Temple, hasta el 1312.

El pueblo abandonado de Pinyeres, en Tarragona

Luego pasó a depender de la orden de San Juan del Hospital pasando, posteriormente, al convento de Caspe. Este se mantuvo hasta finales del siglo XVIII. En el pueblo se encuentra la iglesia de la Transfiguración.

Entró en decadencia durante las guerras carlistas. En 1841 pasó a depender de Batea, al dejar de ser municipalidad. A principios del siglo XX esta pedanía contaba con 900 habitantes. Muchos de ellos, después de 1939, se fueron a vivir a Batea, Maella, Fabara y Nonaspe.

Como curiosidad comentar que, una vez al año, los descendientes de los antiguos habitantes se reúnen para celebrar la festividad de la Transfiguración. Esta se celebra el 6 de agosto. También celebran la romería de la Mare de Déu de les Pinyeres, que se celebra el fin de semana posterior al Lunes de Pascua.

Conill (Barcelona)

Conill se encuentra en el municipio de Tárrega, en lo que se conoce como Plans de Sió, en La Segarra. Habitado desde la Edad Media, en el siglo XVIII se consolidó con la reconstrucción de sus cinco grandes casas principales. Quedó completamente deshabitado en la década de 1980.

Uno de los principales motivos para que fuera abandonado fue una tradición local: sólo el hijo mayor de cada familia podía heredar la casa y las propiedades, lo que impidió el crecimiento del pueblo y llevó a que los demás descendientes tuvieran que marcharse. En la actualidad sólo se conservan las ruinas de las cinco casas y la iglesia de la Mare de Déu del Roser, del siglo XVIII.

Vista de Conill, un pueblo abandonadoWikimedia

Las cinco casas se llaman Cal Pont, Cal Palou, Cal Frare, Cal Cinca, y Cal Vilafranca. Un acuerdo entre las cinco familias impidió que creciera el pueblo. Había una presa de aceite. Desde 1989 se ha intentado rehabilitar el pueblo, sin conseguirlo.

Solanell (Lérida)

Solanell se encuentra en el municipio de Montferrer i Castellbó, en el Alt Urgell. Se tiene constancia del pueblo desde el 839. En el siglo XIX tenía 180 habitantes. El pueblo fue abandonado en el 1973.

En el 2012 se puso en marcha el proyecto «Revivir Solanell», con el objeto de rehabilitarlo. La idea es del arquitecto Saül Garreta Puig, que compró dos tercios del pueblo. Se recuperó el suministro eléctrico y han ido a vivir varias familias. En su momento fue refugio para cátaros. Destaca la iglesia de Sant Julià y las ruinas de una capilla dedicada a Sant Domènec.

Talaixà (Gerona)

Por último, Talaixà está en el municipio de Montagut i Oix, en la Alta Garrotxa. Su acceso es complicado y solo se puede acceder a pie. Con el declive de la industria del carbón vegetal, quedó abandonado en el década de 1970.

Se observan unas pocas casas en ruinas y la ermita románica de Sant Martí de Talaixà, que es el principal punto de referencia del pueblo, después que fuera restaurada. También encontramos el refugio libre de Can Torner y su refugio anexo. El pueblo está datado en el 872. En 1918 llegó a tener 130 habitantes. Antes y después de la guerra civil era un enclave que favoreció el contrabando. La última casa habitada fue La Masò.